
Científicos advierten que la rápida pérdida de oxígeno en los ecosistemas acuáticos podría empujar a la Tierra hacia una zona insegura.
🔹 Menos oxígeno disuelto en aguas.
🌍 Nuevo riesgo para la estabilidad de la Tierra.
🐟 Impacto sobre peces, ecosistemas y biodiversidad.
🌡️ Calentamiento global y contaminación, principales causas.
🌊 Océanos, ríos y lagos bajo presión creciente.
📉 Procesos naturales alterados a escala global.
🧪 Propuesta para ampliar los límites planetarios.
🌱 Más razones para proteger los ecosistemas acuáticos.
La pérdida de oxígeno en océanos y ríos ya amenaza la estabilidad del planeta, según un nuevo estudio científico
Los océanos, ríos, lagos y humedales están perdiendo oxígeno a un ritmo que empieza a preocupar seriamente a la comunidad científica. Un nuevo trabajo liderado por investigadores de la Scripps Institution of Oceanography, perteneciente a la Universidad de California en San Diego, plantea que esta desoxigenación acuática ya no debería considerarse un problema aislado de los ecosistemas marinos, porque afecta directamente al funcionamiento del planeta en su conjunto.
El estudio sostiene que la reducción del oxígeno disuelto está interactuando con prácticamente todos los grandes procesos que mantienen estable el sistema terrestre. De hecho, sus autores proponen que esta variable pase a formar parte del marco de los Límites Planetarios, utilizado desde hace años para evaluar hasta qué punto la actividad humana está alterando el equilibrio natural de la Tierra.
Un proceso silencioso que cambia el funcionamiento de los ecosistemas
Cuando se habla del cambio climático suele pensarse en el aumento de temperaturas o en el deshielo de los polos. Sin embargo, existe otro fenómeno mucho menos visible: el agua contiene cada vez menos oxígeno disponible para la vida.
Ese oxígeno resulta imprescindible para miles de especies, desde diminutos microorganismos hasta grandes peces y tiburones. También sostiene innumerables procesos químicos y biológicos que regulan el almacenamiento de carbono, el reciclaje de nutrientes o la productividad marina.
La pérdida progresiva de oxígeno modifica estas funciones naturales. Algunas especies migran hacia otras zonas buscando mejores condiciones, otras reducen su capacidad de reproducción y muchas simplemente desaparecen de determinadas regiones. El resultado es una transformación profunda de las cadenas alimentarias y de la biodiversidad.
Los mamíferos marinos, aunque respiren aire, tampoco escapan a este problema. La alteración de las poblaciones de peces y otros organismos modifica la disponibilidad de alimento y cambia por completo los hábitats donde viven.
Por qué el agua pierde oxígeno
Los investigadores identifican tres grandes causas, todas relacionadas con la actividad humana.
La primera es el calentamiento global. Cuanto mayor es la temperatura del agua, menor es su capacidad para retener oxígeno. Es un principio físico sencillo, aunque con enormes consecuencias ecológicas.
La segunda es la llegada excesiva de nutrientes procedentes de fertilizantes, aguas residuales y escorrentías agrícolas. El exceso de nitrógeno y fósforo favorece grandes proliferaciones de algas. Cuando estas mueren y se descomponen, consumen enormes cantidades de oxígeno, creando las conocidas zonas muertas, donde apenas puede sobrevivir la fauna acuática.
El tercer factor tiene que ver con los cambios en la circulación del agua. Tanto en océanos como en lagos profundos, el calentamiento dificulta la mezcla entre capas superficiales y profundas, reduciendo el aporte natural de oxígeno a las zonas interiores.
No actúan por separado. Se retroalimentan, lo que hace que el problema avance con mayor rapidez.

Más allá de los océanos: un problema global
Aunque la mayor parte de la atención suele centrarse en el medio marino, la investigación recuerda que la desoxigenación también afecta a ríos, lagos, embalses y humedales, ecosistemas esenciales para el suministro de agua dulce, la agricultura y la conservación de la biodiversidad.
Muchos lagos europeos y norteamericanos muestran desde hace años una reducción sostenida del oxígeno en sus capas profundas. Al mismo tiempo, numerosas desembocaduras de grandes ríos registran episodios recurrentes de hipoxia durante los meses más cálidos.
Esto tiene consecuencias directas sobre la pesca, la calidad del agua y los servicios ecosistémicos de los que dependen millones de personas.
La propuesta: ampliar el marco de los Límites Planetarios
El concepto de Límites Planetarios, desarrollado en 2009 por un grupo internacional de científicos, identifica los procesos que permiten mantener unas condiciones relativamente estables para la vida humana.
Actualmente incluye aspectos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la acidificación del océano, los cambios en el uso del suelo, la alteración del ciclo del nitrógeno y del fósforo o la contaminación química.
Los autores consideran que el oxígeno disuelto en los ecosistemas acuáticos merece una atención similar porque conecta con prácticamente todos esos procesos.
No se trata únicamente de conservar especies marinas. La disponibilidad de oxígeno condiciona la capacidad de los ecosistemas para almacenar carbono, reciclar nutrientes, regular el clima y mantener el equilibrio biológico del planeta.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La reducción del oxígeno disponible puede desencadenar una cascada de efectos ambientales difíciles de revertir.
La desaparición de especies sensibles deja espacio a organismos más resistentes, modificando la composición de los ecosistemas y reduciendo su diversidad. Al mismo tiempo, disminuye la capacidad natural de mares y humedales para capturar carbono y procesar nutrientes.
También aumenta el riesgo de episodios de mortandad masiva de peces, especialmente durante olas de calor o periodos de elevada contaminación, con importantes repercusiones económicas para la pesca y la acuicultura.
Otro aspecto menos conocido afecta a los gases de efecto invernadero. En ambientes pobres en oxígeno pueden incrementarse procesos biológicos que liberan metano y óxido nitroso, dos gases con un elevado potencial de calentamiento global. Esto crea un círculo de retroalimentación que intensifica aún más el cambio climático.
La ciencia empieza a mirar el problema de forma conjunta
La idea de este trabajo nació tras la celebración de la COP25 celebrada en Madrid en 2019. Sus autores observaron que muchos problemas ambientales seguían estudiándose de manera independiente, cuando en realidad forman parte de un mismo sistema altamente conectado.
Por ello defienden que la desoxigenación acuática debe analizarse junto con el calentamiento global, la contaminación por nutrientes, la pérdida de biodiversidad y el resto de presiones ambientales.
Esta visión integrada podría ayudar a diseñar políticas más eficaces, donde la restauración de humedales, la mejora del tratamiento de aguas residuales, una agricultura con menor uso de fertilizantes y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero actúen de forma coordinada.
Vía UC San Diego



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