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Nuevo estudio descubre que plantar árboles sin planificación puede empeorar el calor urbano en ciudades secas

15 enero, 2026 1 comentario

4.2/5 - (13 votos)
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Importancia de los árboles en las ciudades. Imagen: Leonardo da Shutterstock

Investigación en India muestra que los bosques urbanos enfrían las ciudades solo si se integran con ecología y necesidades sociales.

  • Calor extremo urbano.
  • Árboles no siempre solución.
  • Sombra, agua, biodiversidad.
  • Planificación con criterio.
  • Ciudades habitables, no decorativas.

Durante años, la ciudad india de Chennai ha convivido con veranos que superan con facilidad los 44 °C. Calor denso, húmedo, persistente. Con 4.500.000 habitantes, esta metrópoli costera resume muchos_attach de los dilemas urbanos del sur global: crecimiento acelerado, presión inmobiliaria y una naturaleza cada vez más fragmentada.

Chennai no es una ciudad sin verde. Alberga más de 600 templos hindúes, avenidas arboladas dispersas y una reserva natural singular, el parque nacional de Guindy, incrustado en pleno tejido urbano. Pero los parques accesibles son escasos, la sombra es irregular y el contacto cotidiano con la naturaleza sigue siendo limitado para gran parte de la población.

A medida que la urbanización se acelera en India y en otros países en desarrollo, los bosques urbanos aparecen como una herramienta clave. No solo por su capacidad de moderar temperaturas, sino por su papel como refugio de biodiversidad, reguladores del agua y espacios sociales. El problema es que, en demasiados casos, se plantean como un gesto rápido, casi cosmético, sin entender cómo funciona realmente un ecosistema urbano.

Los datos son claros. En Chennai existen unos 67 km² de cobertura vegetal, concentrados sobre todo en espacios formales como Guindy. En la periferia, hay al menos 23 km² de suelo sin uso con potencial para nuevos bosques urbanos. Situaciones similares se repiten en ciudades como Coimbatore o Tiruchirapalli, donde el crecimiento urbano ha ido por delante de la planificación ecológica.

Las recomendaciones internacionales no son especialmente exigentes: 30 % de cobertura arbórea urbana y unos 9 m² de superficie verde por habitante, según la Organización Mundial de la Salud. La mayoría de las ciudades indias no alcanzan ni de lejos esos valores. Y no solo por falta de espacio, sino por precios del suelo elevados, débil gobernanza urbana y una participación ciudadana limitada en los procesos de reverdecimiento.

Durante años, muchas políticas públicas han simplificado el mensaje: plantar árboles equivale a enfriar ciudades y ganar resiliencia climática. La realidad es más incómoda. En ciudades calurosas y secas, con escasez de agua, ciertos árboles pueden retrasar la disipación del calor nocturno. La evapotranspiración no siempre compensa la acumulación térmica de edificios y suelos sellados, especialmente en urbes intermedias de 1 a 5 millones de habitantes, donde el efecto isla de calor urbano se intensifica rápido.

La biodiversidad también entra en juego. No todas las especies se benefician de más árboles. Investigaciones realizadas en Bengaluru muestran que los árboles no nativos aportan poco a la riqueza de aves. En cambio, pastizales urbanos, humedales y marismas, a menudo etiquetados como “terrenos baldíos”, cumplen funciones clave: albergan fauna, absorben agua en episodios de lluvia intensa y reducen inundaciones.

Existe además una dimensión social incómoda. En India, muchas ciudades y pueblos cuentan con tierras comunales donde se pasta el ganado o se recolecta leña. Proyectos de forestación mal diseñados pueden desplazar a comunidades vulnerables, privándolas de recursos básicos. Verde sí, pero no a costa de quienes menos tienen.

Imagen: Eugene Ga – Depositphotos.

Diseñar con la naturaleza

En los años sesenta, el urbanista escocés Ian McHarg propuso una idea sencilla y revolucionaria: diseñar con la naturaleza, no contra ella. Analizar ríos, suelos, pendientes y drenajes antes de construir. Preservar lo que ya funciona. Esa lógica sigue siendo sorprendentemente actual.

Hoy, herramientas como los sistemas de información geográfica y la teledetección por satélite permiten planificar con un nivel de detalle impensable hace décadas. No se trata de llenar cada solar vacío de árboles, sino de conectar espacios verdes, crear corredores ecológicos a lo largo de carreteras, canales o antiguas infraestructuras, y reducir la fragmentación del hábitat.

La ecología del paisaje aporta otra capa de inteligencia: pequeños bosques bien conectados pueden ser más eficaces que grandes masas aisladas. Y la selección de especies importa. Árboles nativos, adaptados a sequías y altas temperaturas, con frutos útiles para la fauna y, en algunos casos, para las comunidades locales. Función antes que apariencia.

Hacer crecer los bosques urbanos

Para 2030, se espera que un tercio de la demanda eléctrica de India esté ligada a la refrigeración, principalmente aire acondicionado. Aquí, los bosques urbanos bien diseñados pueden marcar una diferencia real, reduciendo la temperatura ambiente y, con ella, el consumo energético.

El país no parte de cero. En 2014 se publicaron directrices nacionales de reverdecimiento urbano y programas como la Smart Cities Mission intentaron aumentar la cobertura vegetal. En 2020, el plan Nagar Van Yojana destinó unos 94 millones de dólares a crear bosques urbanos con participación ciudadana y colaboración público-privada. Sobre el papel, prometedor. En la práctica, los resultados aún son modestos y desiguales.

El problema no es solo cuánto se planta, sino cómo y dónde. Medir éxito contando árboles es fácil. Diseñar paisajes que integren clima, biodiversidad y justicia social es bastante más complejo. Pero también más eficaz.

Un enfoque bien planteado de bosques urbanos puede reducir la isla de calor, mejorar la calidad del aire, amortiguar inundaciones y ofrecer hábitats funcionales para especies locales. También puede disminuir la dependencia energética de la refrigeración artificial y aliviar la presión sobre redes eléctricas cada vez más tensionadas.

Mal ejecutado, en cambio, puede aumentar el estrés hídrico, favorecer especies invasoras y generar conflictos sociales. El impacto ambiental no depende del número de árboles, sino de la inteligencia ecológica detrás de cada decisión.

Vía India shows how urban forests can help cool cities – as long as planners understand what nature and people need

Más información: Redeveloping Open and Urban Green Spaces for Climate Resilience; A Case Study of Chennai | springerprofessional.de

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Publicado en: Medio Ambiente

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Comentarios

  1. Luis Carlos Villa Torres dice

    18 enero, 2026 a las 18:34

    Sería interesante conocer un método para plantar árboles en zonas semi desérticas que faciliten el almacenamiento y conservación de aguas lluvia en pequeños embalses

    Responder

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