
El promedio de diámetro de los árboles se ha reducido, predominando pequeños arbolitos bajo una densa copa de arce.
- Menos especies, más homogeneidad
- Maples ganando terreno
- Pérdida de resiliencia ecológica
- Plagas y enfermedades aceleran el cambio
- Fuego ausente, bosques más sombríos
- Ciervos alterando regeneración
- Riesgo alto de colapso funcional
Un siglo de monitoreo revela un bosque en transformación
En el este de Estados Unidos, los bosques están perdiendo diversidad de especies arbóreas a un ritmo inquietante. Un ejemplo paradigmático es Trelease Woods, un pequeño pero valioso bosque de 9,7 hectáreas en Illinois, monitorizado desde 1922. Durante este siglo de seguimiento, la variedad de especies ha caído un 22 %, pasando de 23 a 20, mientras el arce de azúcar y el castaño de Indias de Ohio se adueñan de gran parte del espacio vital.
Este cambio no es aislado: forma parte de un patrón de homogeneización forestal documentado por la red global ForestGEO, que sigue a más de 7 millones de árboles en todo el mundo. Lo relevante es que en Trelease, la pérdida más marcada se da en los renuevos: los árboles jóvenes de menos de 12,7 cm de diámetro muestran la mayor caída de diversidad, lo que anticipa un futuro bosque menos resiliente ante plagas, tormentas o extremos climáticos.
Plagas y enfermedades: un golpe doble
La combinación de escarabajo barrenador esmeralda y grafiosis del olmo ha sido devastadora. El primero elimina más del 99 % de los fresnos sin tratamiento, y la segunda ha barrido gran parte de los olmos maduros. La pérdida simultánea de estas especies implica un vacío ecológico:
- Olmos: refugio para aves que anidan en cavidades.
- Fresnos: recicladores rápidos de nutrientes.
En Trelease, troncos caídos con galerías y orificios en forma de “D” son testimonio de esta presión biológica. El hueco dejado por estas especies es rápidamente ocupado por plántulas tolerantes a la sombra, en especial los arces, antes de que robles o nogales puedan competir.
El fuego que ya no llega
La supresión casi total de incendios en el siglo XX ha favorecido la mesoficación: un bosque más húmedo, más fresco y más favorable a especies como el arce. En Trelease, no se encuentran cicatrices recientes de fuego y el dosel se ha cerrado hasta oscurecer el sotobosque.
Los datos son claros: por cada roble joven hay casi diez arces en las clases más pequeñas. Sin intervenciones como quemas prescritas, el desequilibrio seguirá creciendo. Experiencias en otros bosques del medio oeste muestran que unas pocas quemas bien planificadas pueden devolver luz al suelo y favorecer a los robles… pero solo si aún queda suficiente regeneración latente.
Ciervos y presión sobre el sotobosque
El ciervo de cola blanca agrava la crisis. Su sobrepoblación —hasta 8 individuos por km² en Trelease— ejerce una selección forzada sobre el sotobosque: fresnos, tilos y almez son pasto preferente, mientras el asimina (pawpaw) se expande por su escaso atractivo para estos herbívoros.
Incluso los arces, a pesar de ser consumidos, se mantienen gracias a que suficientes plántulas escapan al ramoneo. Esto crea un mosaico pobre, dominado por pocas especies tolerantes, y reduce drásticamente el margen para la regeneración de robles.
Por qué importa la diversidad arbórea
Un bosque dominado por pocas especies es más vulnerable: si una nueva plaga afecta a la especie dominante —como podría ocurrir con el arce—, el riesgo de colapso funcional se dispara. Además, la homogeneización reduce la capacidad de almacenamiento de carbono, disminuye la variedad de hábitats para fauna y empobrece los ciclos de nutrientes.
En términos económicos, menos diversidad significa bosques menos productivos en servicios ecosistémicos. Las comunidades locales pierden amortiguadores naturales contra inundaciones, erosión y olas de calor, así como oportunidades para un manejo forestal sostenible.
Estrategias para recuperar la resiliencia
En Trelease y otros bosques similares, los investigadores recomiendan:
- Aclareo selectivo de arces para abrir claros.
- Quemas controladas para estimular especies adaptadas al fuego.
- Control poblacional de ciervos para liberar presión sobre el sotobosque.
- Plantación dirigida de especies nativas diversas en huecos del dosel.
Algunos proyectos piloto ya experimentan con protecciones físicas para plántulas de roble o tratamientos químicos para conservar genotipos de fresno hasta que el control biológico de la plaga sea viable.



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