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Nuevo estudio de 520 años con anillos de pino descubre que la inestabilidad climática en el Mediterráneo es la más alta desde el siglo XVI

28 enero, 2026 2 comentarios

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Imagen: panama7 – Depositphotos.

Anillos de pinos en España revelan un aumento sin precedentes en extremos de lluvia y sequía desde 1975.

  • Anillos de pino como archivo climático.
  • Lluvias extremas más frecuentes en el Mediterráneo.
  • Sequías profundas y episodios de inundación más cercanos en el tiempo.
  • Bosques de montaña como sensores naturales.
  • Riesgos reales para agua, agricultura y ciudades.

Los pinos registran un aumento de los extremos climáticos en el Mediterráneo

Los bosques de pino del este de España guardan un registro silencioso del clima que se remonta siglos atrás. Mucho antes de los pluviómetros automáticos y los satélites meteorológicos, estos árboles ya anotaban los años húmedos y los años secos en la madera de sus troncos, capa a capa, anillo a anillo.

Hoy, la ciencia aprende a leer ese lenguaje vegetal. Y lo que aparece no es un mensaje tranquilizador.

Un estudio reciente muestra que los extremos de precipitación en el Mediterráneo occidental se han vuelto más intensos y más frecuentes en las últimas décadas que en casi cualquier otro momento desde principios del siglo XVI. No se trata solo de que llueva menos o más, sino de que los cambios entre ambos estados se han vuelto bruscos, casi imprevisibles.

El trabajo se apoya en el análisis de 520 años de registros naturales de lluvia, extraídos de los anillos de crecimiento del pino silvestre (Pinus sylvestris) y del pino laricio (Pinus nigra). Ambos son árboles longevos, bien adaptados a los climas de montaña, pero también muy sensibles a la disponibilidad de agua en el suelo.

El autor principal del estudio, Marcos Marín-Martín, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, y su equipo tomaron muestras en zonas de alta montaña del este peninsular, donde el crecimiento del bosque depende casi por completo de la lluvia y la nieve acumulada entre otoño y primavera.

Los resultados dibujan un patrón claro: mayor inestabilidad en los regímenes de precipitación durante el calentamiento moderno, con picos de lluvias intensas y periodos de sequía más profundos que en siglos anteriores.

Registros naturales de lluvia

Cada año, un pino añade un nuevo anillo de crecimiento. Cuando hay agua suficiente, el árbol puede expandir sus tejidos con facilidad y el anillo resulta ancho. En años secos, el crecimiento se frena y el anillo se estrecha.

Esta relación entre madera y clima es la base de la dendroclimatología, una disciplina que conecta la biología de los árboles con la historia atmosférica. En el caso del Mediterráneo español, no solo importa la lluvia del verano. Las precipitaciones del otoño, la nieve del invierno y las lluvias de primavera determinan cuánta humedad queda almacenada en el suelo cuando arranca la fase de crecimiento.

Ese “colchón hídrico” permite que el pino se active en los primeros meses cálidos. Si el invierno ha sido seco, el árbol lo nota, aunque en primavera caigan algunas lluvias. La señal queda grabada en la madera.

Gracias a esa sensibilidad, los investigadores pudieron reconstruir una serie continua de precipitaciones desde el año 1505, combinando muestras actuales con colecciones históricas de campañas científicas anteriores. La validación cruzada entre árboles y zonas confirmó que no se trataba de casos aislados, sino de una señal climática regional compartida.

Anillos de los árboles a lo largo de los siglos

El valor de este tipo de registros es su continuidad. Mientras que las estaciones meteorológicas apenas cubren un siglo en muchos puntos de la Península, los anillos de los pinos ofrecen una película completa de medio milenio.

Las pruebas estadísticas mostraron una alta coherencia entre distintos bosques de montaña, lo que refuerza la fiabilidad de la reconstrucción. En otras palabras, los árboles de diferentes valles y cordilleras estaban “contando la misma historia” sobre la lluvia.

Este tipo de datos se vuelve especialmente relevante en regiones como el Mediterráneo, donde el agua marca el pulso de la agricultura, los ecosistemas y la vida urbana. Un pequeño cambio en la distribución de las precipitaciones puede traducirse en embalses bajo mínimos o en avenidas súbitas que saturan ríos y barrancos.

Por qué es importante centrarse en la lluvia

Durante años, muchos estudios climáticos se centraron en índices de sequía que mezclan temperatura y lluvia en una sola cifra. Son útiles para tener una visión general, sí, pero a veces difuminan lo esencial: cuándo y cómo cae el agua.

La reconstrucción directa de la precipitación permite analizar con más detalle los riesgos de inundación, la recarga de acuíferos y la humedad real del suelo. En el este de España, los datos muestran que el periodo clave para el crecimiento del pino va desde finales del verano de un año hasta comienzos del verano siguiente.

Las lluvias otoñales y las nevadas invernales recargan el suelo. La humedad primaveral impulsa la formación del tejido nuevo dentro del tronco. Luego llega el verano, y si las temperaturas son muy altas, incluso una lluvia moderada puede evaporarse antes de que el árbol la aproveche.

Los investigadores compararon sus resultados con bases de datos meteorológicas locales de alta resolución y comprobaron que estas captaban mejor los patrones regionales que los grandes modelos globales. Esa precisión fue clave para reforzar la confianza en la serie histórica.

Cambios en los patrones de precipitación

El clima mediterráneo siempre ha sido variable. En los siglos pasados hubo décadas secas y periodos especialmente húmedos. Las comunidades rurales aprendieron a convivir con esos vaivenes mediante sistemas de almacenamiento, cultivos adaptados y redes de intercambio.

Lo que cambia ahora es la velocidad del péndulo.

Desde finales del siglo XX, los años extremadamente secos y los extremadamente lluviosos aparecen cada vez más cerca unos de otros. La transición ya no es gradual. Es abrupta. Un otoño puede traer lluvias torrenciales y, al siguiente, apenas dejar rastro en los suelos.

Los anillos de los pinos reflejan ese comportamiento con claridad. Donde antes había fases relativamente estables, ahora hay picos y valles pronunciados en el crecimiento anual.

El pino revela la volatilidad de las lluvias

El análisis estadístico identifica un periodo relativamente calmado a mediados del siglo XIX, con baja variabilidad en las lluvias. A partir de principios del siglo XX, esa estabilidad empieza a romperse.

Después de aproximadamente 1975, la volatilidad alcanza niveles que no aparecen en los cinco siglos anteriores. Los eventos raros, tanto de sequía como de precipitaciones extremas, se repiten con una frecuencia muy por encima de la media histórica.

En los primeros años del siglo XXI, varios episodios excepcionalmente secos y otros inusualmente húmedos se concentran en un espacio de tiempo muy corto. No es una tendencia lineal hacia un clima más seco o más lluvioso. Es una transición hacia un clima más errático.

Tormentas, sequías y calor

En el Mediterráneo, las lluvias intensas suelen llegar asociadas a tormentas lentas que se alimentan del calor acumulado en el mar. Cuando estas masas de aire húmedo se quedan “atascadas” sobre tierra, el agua cae durante horas en la misma zona.

El resultado son crecidas rápidas, suelos saturados y, en áreas urbanas, sistemas de drenaje desbordados. Los pinos muestran en sus anillos picos de crecimiento vinculados a esos episodios de lluvia intensa en décadas recientes.

Al mismo tiempo, las sequías se agravan por el aumento de la temperatura del aire. El calor acelera la evaporación del agua del suelo y la transpiración de las plantas. Incluso cuando llueve, parte de esa humedad se pierde antes de que los ecosistemas puedan aprovecharla.

Este doble efecto —más calor y lluvias más irregulares— somete a los bosques, los ríos y los embalses a una presión constante. Es un estrés distinto al que moldeó estos paisajes durante siglos.

Respaldo de los registros históricos

Los datos naturales no están solos. Los archivos históricos españoles recogen, desde hace generaciones, referencias a procesiones y rituales comunitarios para pedir lluvia en tiempos de sequía o para agradecer el fin de periodos de inundación.

Cuando los investigadores compararon esos relatos con los anillos de los pinos, encontraron coincidencias notables. En especial durante finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, una etapa conocida por su inestabilidad climática en Europa.

Árboles y documentos humanos, dos fuentes muy distintas, señalando las mismas fases de tensión ambiental.

Prepararse para los extremos

Las implicaciones son directas. Muchas infraestructuras hídricas, sistemas agrícolas y planes urbanos se diseñaron pensando en promedios climáticos relativamente estables.

Un escenario de extremos frecuentes y cercanos en el tiempo cambia las reglas del juego. Un embalse puede llenarse en pocos días y vaciarse en pocos meses. Un cultivo puede pasar del exceso de agua a la falta total en una sola temporada.

Los pinos no predicen el futuro, claro. Pero su memoria de cinco siglos actúa como una advertencia. El clima actual se está moviendo fuera de los márgenes que dieron forma a las sociedades mediterráneas tradicionales.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El aumento de la volatilidad en las lluvias tiene efectos en cascada. Los suelos sometidos a sequías prolongadas pierden estructura y, cuando llega una lluvia intensa, son más vulnerables a la erosión. Esto arrastra sedimentos a ríos y embalses, reduciendo su capacidad de almacenamiento.

Los bosques estresados por la falta de agua se vuelven más susceptibles a plagas e incendios forestales, que a su vez liberan grandes cantidades de carbono a la atmósfera. En zonas urbanas, las lluvias torrenciales aumentan la contaminación difusa al arrastrar residuos y metales pesados hacia cursos de agua.

La biodiversidad también sufre. Especies adaptadas a ciclos estacionales regulares encuentran cada vez más difícil sincronizar su reproducción, su alimentación o sus migraciones con un entorno que cambia de ritmo.

Más información: CP – A five-century tree-ring record from Spain reveals recent intensification of western Mediterranean precipitation extremes

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Publicado en: Cambio Climático

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Comentarios

  1. Ea dice

    28 enero, 2026 a las 15:27

    ¿De verdad estamos preparados para un clima que pasa de inundaciones a sequías en cuestión de meses?

    Responder
  2. María dice

    28 enero, 2026 a las 17:45

    ¿Cómo los pinos saben como llovía hace más de 500 años?

    Responder

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