
Investigadores de Harvard confirman que los embalses han alterado la forma en que gira la Tierra y afectan el nivel del mar.
- Agua desplazada, masa redistribuida.
- Polos geográficos movidos ~1,13 m.
- Embalses: impacto físico, energético y climático.
- Señal humana detectable en la rotación terrestre.
- Consecuencias en niveles del mar y modelos climáticos.
Las actividades humanas han modificado la forma en que gira la Tierra
La mayoría de las personas piensa en las presas como infraestructuras útiles: permiten almacenar agua, producir electricidad o regular caudales. Y sí, hacen todo eso. Pero cuando se observa el planeta como un sistema físico plenamente conectado, la imagen cambia. De manera silenciosa, la humanidad ha movido tanta agua de un sitio a otro que ha dejado una huella medible en la rotación de la Tierra.
Durante los dos últimos siglos, el avance de la ingeniería hidráulica ha creado más de 7.000 grandes presas y millones de pequeños embalses. Cada uno de ellos retiene agua que, antes, formaba parte de la delgada lámina oceánica que cubre el planeta. No parece gran cosa; sin embargo, ese desplazamiento acumulado importa. Mucho.
Cómo las presas alteran la rotación terrestre
La rotación de un planeta depende de cómo se distribuye su masa. La comparación es familiar: cuando una persona gira sobre sí misma y abre los brazos, la velocidad baja; si los recoge, acelera. La Tierra responde con la misma lógica. Al acumular cantidades enormes de agua en zonas continentales —Europa, Norteamérica, Asia— se redistribuye parte de la masa global.

Un estudio reciente de la Universidad de Harvard demuestra que esta reorganización ha desplazado los polos geográficos alrededor de 1,13 metros desde 1835. Es poco para la vida diaria, pero es un registro físico claro de que las infraestructuras humanas ya actúan a escalas planetarias. La corteza terrestre, ligeramente elástica, responde; los océanos también se recolocan buscando un nuevo equilibrio gravitatorio.
El fenómeno se conoce como deriva polar verdadera: la corteza y el manto superior se reorientan milímetro a milímetro sobre el eje de giro, que permanece fijo en el espacio. Nada que ver con la deriva de los polos magnéticos o el movimiento de las placas tectónicas. Es otra historia; más sutil, más reciente y totalmente vinculada a la intervención humana.
Una Tierra que se comporta como un cuerpo elástico
Para entender bien el efecto, los científicos han modelizado la Tierra como un sistema elástico: capas internas con densidades variables, aguas oceánicas que se ajustan al nuevo campo gravitatorio y una corteza que cede un poco bajo el peso extra.
Cuando el agua se acumula en un embalse, el nivel del mar baja unas décimas de milímetro; después, el océano “se reorganiza”. No es un descenso uniforme: aparecen patrones regionales, pequeñas señales que ayudan a interpretar mejor los datos de satélites y mareógrafos. La investigación separa el efecto directo del peso del agua en tierra del reajuste marino, y ambos cuentan. Ambos suman.
Un movimiento que coincide con el auge de las grandes presas
La mayor parte del desplazamiento polar se dio durante el siglo XX, coincidiendo con el boom mundial de presas destinados a energía hidroeléctrica, regadío y control de inundaciones. En un primer momento, las obras en Norteamérica y Europa empujaron la deriva hacia longitudes cercanas a Asia y Rusia. Más tarde, el crecimiento acelerado de embalses en China, India y África cambió otra vez la dirección.
No es que la Tierra “se tambalee”, pero sí revela algo importante: la actividad humana llega donde antes solo llegaban glaciares, montañas y procesos geológicos de miles de años.
Consecuencias sobre el nivel del mar
El estudio también señala una implicación poco comentada: los embalses enmascararon parte del aumento real del nivel del mar durante el siglo XX. Al capturar enormes volúmenes de agua dulce, la subida global fue ligeramente menor de lo que habría sido con un océano sin interrupciones.
Pero el problema no es solo cuánto sube el mar, sino dónde lo hace. La redistribución de masa genera patrones regionales: algunas zonas se elevan más rápido, otras menos, e incluso existen regiones donde el nivel desciende por cambios gravitatorios locales. La construcción de presas entra en esa ecuación, y su efecto se superpone a los de los hielos que se derriten y a la expansión térmica del océano.
Más información: True Polar Wander Driven by Artificial Water Impoundment: 1835–2011



Javier dice
por eso europa debe construir represas urgentemente, para tener energía barata y ser independiente de china y rusia… pero la izquierda ambientalista y progre a contaminado tanto que es muy tarde.
Fer dice
Menudos listillos… Y LAS LLUVIAS Y LAS TORMENTAS QUE CAEN, O MEJOR DICHO HAN CAIDO EN ESTE SIGLO Y MEDIO NO CUENTAN??? HA LLOVIDO Y SE HA MOVIDO MAS AGUA POR LAS TORMENTAS Y LA EVAPORACIÓN QUE POR LAS INFRAESTUCTURAS HUMANAS!!! OS CREEIS QUE SOMOS TONTOS O QUE?????