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Nuevo estudio descubre que el asfalto libera partículas ultrafinas y compuestos tóxicos que aumentan con el calor, pueden ser un riesgo para la salud

23 abril, 2026 Deja un comentario

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Imagen: bogdan.hoda – Depositphotos.

Científicos de ASU desarrollan asfalto con algas que reduce hasta 100 veces la toxicidad de sus emisiones contaminantes.

  • 🌡️ Asfalto urbano masivo · hasta 40% de superficie en ciudades.
  • 🌫️ Emisión continua de compuestos tóxicos · especialmente con calor.
  • 🧬 Riesgos respiratorios y neurológicos · exposición prolongada.
  • 🏙️ Isla de calor urbana · más consumo energético.
  • 🧪 Nuevos asfaltos con algas · menor toxicidad (hasta 100 veces menos).
  • 🔁 Economía circular · uso de aguas residuales y restos forestales.
  • 🚧 Infraestructura clave · impacto real en salud pública.
  • 🌍 Oportunidad de rediseño urbano · materiales más seguros.

El asfalto está en todas partes; pero ¿es perjudicial para nuestra salud?

El asfalto forma parte del paisaje cotidiano hasta el punto de volverse invisible. Calles, aparcamientos, carreteras… superficies duras que sostienen la movilidad moderna. En ciudades como Phoenix, llega a cubrir cerca del 40% del suelo urbano, una cifra que da vértigo si se piensa en términos de exposición diaria.

Pero aquí empieza el giro interesante. Durante años, el debate se ha centrado en su impacto climático: calor, consumo energético, emisiones indirectas. Sin embargo, cada vez gana más peso una idea incómoda: el asfalto también interactúa con el cuerpo humano, y no siempre de forma inocua.

El fenómeno de la isla de calor urbana ya es bien conocido. El pavimento absorbe radiación solar durante el día y la libera lentamente por la noche, elevando la temperatura ambiente. Esto implica más uso de aire acondicionado, más demanda eléctrica… y un círculo que se retroalimenta. Pero hay algo más sutil ocurriendo, algo que no se ve.

Los vapores del asfalto pueden ser perjudiciales para la salud

El olor característico del asfalto recién colocado no es solo una molestia pasajera. Proviene de los compuestos orgánicos volátiles (COV) que se liberan desde el betún, ese residuo pesado del petróleo que actúa como pegamento.

Estos compuestos no desaparecen tras la instalación. Siguen liberándose, día tras día. En jornadas calurosas, su presencia se intensifica. El aire parece más denso. Más pesado.

Lo preocupante es que estos vapores pueden transformarse al caer la noche, generando partículas ultrafinas que penetran profundamente en el sistema respiratorio. No se quedan en la superficie. Van más allá.

A corto plazo, pueden provocar mareos, irritación o dificultad para respirar. A largo plazo, el escenario se complica: mayor riesgo de enfermedades pulmonares e incluso ciertos tipos de cáncer, especialmente en trabajadores expuestos de forma continua.

No es un problema marginal. En Europa, sectores como la construcción y el mantenimiento viario emplean a cientos de miles de personas. Y muchas veces, sin una protección adecuada frente a estas emisiones.

El pavimento envejecido emite vapores tóxicos

El tiempo no mejora las cosas. De hecho, las empeora.

A medida que el asfalto envejece, la radiación solar y el calor degradan su estructura química. Este proceso libera nuevas variantes de COV, más pequeñas, más reactivas… y más peligrosas.

Algunas de estas sustancias son prácticamente inodoras. No alertan. Pero pueden atravesar tejidos, entrar en el torrente sanguíneo y alcanzar órganos vitales. Estudios recientes apuntan a posibles efectos neurológicos, especialmente en poblaciones vulnerables como personas mayores o mujeres.

Y aquí entra en juego el cambio climático. Más olas de calor. Más días extremos. Más emisiones.

En ciudades densas y dependientes del coche, el problema se amplifica. No solo por la cantidad de asfalto, también por la falta de alternativas verdes que amortigüen sus efectos.

Objetivo: asfalto más seguro, trabajadores más saludables

Ante este escenario, la investigación empieza a moverse en una dirección interesante: hacer el asfalto menos tóxico sin renunciar a su funcionalidad.

Uno de los enfoques más prometedores es el uso de biomateriales como sustitutos parciales del betún tradicional. En concreto, el uso de algas cultivadas con aguas residuales abre una vía doblemente interesante: tratamiento de residuos y mejora del material.

Estas algas, sometidas a procesos térmicos controlados, se convierten en un tipo de biocarbón que puede integrarse en la mezcla asfáltica. El resultado no elimina completamente las emisiones, pero sí actúa como filtro interno.

Y no es menor: algunos ensayos han mostrado una reducción de la toxicidad de hasta 100 veces en los compuestos emitidos.

Además, este tipo de soluciones encaja con estrategias de economía circular que ya se están impulsando en Europa. Reutilizar residuos, reducir dependencia del petróleo, alargar la vida útil de los materiales.

Otro enfoque paralelo explora el uso de residuos forestales procedentes de tareas de limpieza de montes. Material que antes se quemaba o desechaba, ahora podría convertirse en parte de la solución.

Las algas pueden capturar los COV más peligrosos

Aunque el asfalto con algas no reduce drásticamente la cantidad total de emisiones, sí cambia su composición. Y eso marca la diferencia.

Los compuestos más tóxicos quedan atrapados o transformados, reduciendo su impacto sobre la salud. Es un enfoque más quirúrgico. No se trata de eliminar todo, sino de neutralizar lo más dañino.

Además, este tipo de mezcla parece mejorar la durabilidad del pavimento. Menos degradación. Menos mantenimiento. Menos obras.

Ciudades como Phoenix ya están probando estos materiales en tramos reales de carretera. Y no es casualidad. Son entornos donde el calor extremo acelera todos estos procesos.

En paralelo, organismos públicos empiezan a revisar cómo se mide la calidad del aire. Tradicionalmente, las emisiones del asfalto han quedado fuera de muchos modelos. Eso está cambiando poco a poco.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El impacto ambiental del asfalto va más allá del CO₂ asociado a su producción.

Por un lado, contribuye al aumento de temperaturas urbanas, afectando a ecosistemas locales, consumo energético y bienestar humano. Por otro, actúa como una fuente difusa de contaminación atmosférica que no siempre se contabiliza.

La liberación de COV y partículas ultrafinas afecta tanto a la calidad del aire como a la salud de la biodiversidad urbana. Plantas, insectos, aves… todos interactúan con ese entorno alterado.

Además, la degradación del asfalto puede generar microfragmentos que acaban en suelos y sistemas de drenaje, contribuyendo a la contaminación por partículas.

La incorporación de materiales alternativos, como algas o residuos forestales, reduce la presión sobre recursos fósiles y abre la puerta a infraestructuras más integradas con los ciclos naturales.

Vía ASU News

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Publicado en: Contaminación

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