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Nuevo estudio descubre que los microbios de la corteza forestal absorben metano, hidrógeno y monóxido de carbono, potenciando el papel climático de los bosques

19 febrero, 2026 1 comentario

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Imagen: cs.zlo.bk.ru – Depositphotos.

Nuevo estudio descubre que los microbios en la corteza de los árboles consumen hasta 50 millones de toneladas de metano al año.

  • Microbios ocultos en la corteza.
  • Consumo de metano, hidrógeno y monóxido de carbono.
  • Hasta 50 millones de toneladas de metano al año.
  • 41 millones de km² de corteza en el planeta.
  • Reforestación con criterio microbiológico.
  • Nuevo servicio ecosistémico invisible.

Durante décadas se ha repetido que los árboles capturan dióxido de carbono (CO₂) y poco más. Pero la realidad es más compleja —y más interesante—. Investigaciones recientes publicadas en Science muestran que la corteza de los árboles alberga comunidades microbianas capaces de consumir gases clave en el calentamiento global, entre ellos metano (CH₄), hidrógeno (H₂) y monóxido de carbono (CO).

El metano no es un actor secundario: en un horizonte de 100 años, tiene un poder de calentamiento unas 28 veces superior al del CO₂. Además, tanto el hidrógeno como el monóxido de carbono influyen indirectamente en el clima al prolongar la vida atmosférica del metano. Reducirlos no es un detalle técnico. Es cortar combustible al fuego.

La dimensión del fenómeno impresiona. Se estima que existen alrededor de 41 millones de kilómetros cuadrados de corteza arbórea en el mundo, una superficie similar a la suma de América del Norte y del Sur. En cada metro cuadrado viven aproximadamente 6 billones de microorganismos. No es un dato anecdótico; es una infraestructura biológica global que hasta ahora pasaba desapercibida.

Este microbioma “escondido a plena vista” ha cambiado la forma de entender el papel climático de los bosques.

El metano, los árboles y una sorpresa amazónica

El punto de partida fue un misterio. Las mediciones satelitales del metano emitido en zonas inundadas de la Amazonia no cuadraban con lo que se detectaba a ras de suelo. Faltaba aproximadamente la mitad del gas.

En 2017 se descubrió que parte del metano no salía directamente del suelo, sino a través de los troncos de los árboles. Durante un tiempo se pensó que estos actuaban como simples conductos, como chimeneas pasivas. Sin embargo, en 2021 un equipo que trabajaba con Melaleuca quinquenervia en Australia observó algo inesperado: la cantidad de metano que salía por la corteza era aproximadamente un 35 % menor que la que entraba desde el subsuelo.

La explicación fue elegante y biológica: microbios que oxidaban el metano para obtener energía antes de que escapara a la atmósfera. Es decir, lo estaban “comiendo”.

En estudios posteriores, el análisis genómico de miles de especies microbianas presentes en ocho tipos de árboles mostró algo aún más relevante: los microbios que consumen hidrógeno eran incluso más abundantes que los consumidores de metano. También eran frecuentes los que oxidan monóxido de carbono.

Y no se limitan a lo que asciende por el tronco. Experimentos con árboles vivos demostraron que estos microorganismos también captan gases directamente del aire, pese a que se encuentran en concentraciones mínimas —entre 2 partes por millón y 40 partes por mil millones—.

Cuando se extrapolan estos datos a escala planetaria, la magnitud cambia de escala: se estima que los microbios de la corteza podrían estar eliminando entre 25 y 50 millones de toneladas de metano al año. No resuelve la crisis climática. Pero tampoco es marginal.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

Este hallazgo amplía el concepto de servicios ecosistémicos. No solo se trata de fijación de carbono o regulación hídrica. También existe una regulación biogeoquímica atmosférica microbiana, mucho menos visible pero potencialmente decisiva.

Reducir metano tiene efectos casi inmediatos en la temperatura global, ya que es un gas de vida corta comparado con el CO₂. Cualquier proceso natural que disminuya su concentración puede contribuir a frenar el ritmo del calentamiento en las próximas décadas.

Además, la interacción entre árboles y microorganismos sugiere que los bosques no son simples sumideros pasivos, sino sistemas dinámicos donde plantas y microbios cooperan. En un contexto de aumento de emisiones agrícolas —especialmente por ganadería y arrozales—, comprender estos mecanismos podría ayudar a equilibrar territorios donde el metano es especialmente abundante.

También abre preguntas sobre la resiliencia forestal. ¿Cambiará la composición microbiana con el aumento de temperatura o la sequía? ¿Perderán eficacia estos “filtros biológicos” si los bosques se degradan? La conservación deja de ser solo una cuestión de árboles visibles; también lo es de comunidades invisibles.

Reforestación con mirada microscópica

Uno de los aspectos más prometedores es la aplicación práctica. Las ocho especies estudiadas mostraron diferencias en la composición microbiana de su corteza y en su capacidad para consumir gases.

Esto significa que la selección de especies en programas de restauración forestal podría incorporar criterios microbiológicos. No se trataría únicamente de plantar árboles que crezcan rápido o que capturen mucho CO₂, sino de considerar qué microbiomas albergan y qué gases son capaces de mitigar con mayor eficacia.

En Europa, donde la Estrategia Forestal de la Unión Europea impulsa la restauración de ecosistemas degradados, este conocimiento podría integrarse en planes de gestión adaptativa. En regiones tropicales, donde el metano asociado a humedales es significativo, la elección de determinadas especies podría marcar una diferencia medible.

No es ciencia ficción. Es ajustar decisiones de plantación con datos biológicos más finos.

Más información: Microbios de corteza de árboles para la gestión climática | Ciencia

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Publicado en: Cambio Climático

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Comentarios

  1. Silvestre Deras dice

    19 febrero, 2026 a las 15:43

    es urgente modificar profundamente la gestión en los ejidos para que se apliquen proyectos con esta visión planteada en el artículo.

    Responder

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