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Nuevo estudio europeo descubre que los incendios forestales ascienden 72 metros por década en las montañas por el aumento del calor

11 mayo, 2026 Deja un comentario

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Imagen: Alexpunker – Depositphotos.

Un estudio de 25 años descubre que los incendios forestales ya alcanzan bosques de alta montaña antes considerados seguros en Europa.

  • 🌡️ Incendios en cotas altas.
  • 🌲 Bosques alpinos más secos.
  • 🛰️ Satélites confirmando cambios rápidos.
  • 🔥 Veranos extremos desde 2015.
  • 💧 Menos humedad en aire y suelos.
  • 🏔️ Alpes y Pirineos, nuevas zonas de riesgo.
  • ⚠️ Pérdida de protección natural frente a avalanchas y erosión.
  • 🌍 Señal clara del calentamiento climático en Europa.

Los incendios forestales están escalando las montañas de Europa a medida que el calor seca los bosques

Durante décadas, gran parte de la estrategia europea de prevención de incendios partía de una idea bastante simple: el peligro serio estaba abajo, en zonas mediterráneas secas, con matorral inflamable y olas de calor recurrentes.

Países como España, Portugal o Grecia concentraban casi toda la atención. Las grandes cordilleras europeas quedaban fuera del radar de riesgo. Alpes, Pirineos o Cárpatos eran considerados espacios demasiado húmedos y fríos para sostener incendios forestales de gran intensidad.

Ahora esa percepción empieza a desmoronarse.

Un nuevo análisis basado en 25 años de imágenes satelitales muestra que los incendios no solo son más frecuentes, también están avanzando montaña arriba a una velocidad preocupante. Y lo hacen justo en ecosistemas que históricamente apenas habían convivido con el fuego.

Los incendios están subiendo de altitud

El trabajo, liderado por la ecóloga Mirela Beloiu desde la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH Zurich), analizó incendios en ocho grandes sistemas montañosos europeos entre los años 2000 y 2025.

Los datos reflejan una tendencia muy clara: el fuego asciende unos 72 metros por década de media. Puede parecer poco a primera vista, pero en términos ecológicos supone una transformación enorme. Significa que zonas forestales consideradas “refugios climáticos” empiezan a perder esa estabilidad.

Desde 2015 el fenómeno se aceleró notablemente. Más incendios, más grandes y alcanzando cotas donde antes prácticamente no existían.

En los Pirineos, por ejemplo, ya se han observado temporadas recientes con incendios de comportamiento extremo incluso en áreas subalpinas. Algo parecido ocurre en regiones alpinas del norte de Italia o en zonas elevadas de Grecia, donde el calor veraniego dura más semanas y las noches ya no refrescan igual.

Y eso cambia todo.

Un análisis a escala continental

El equipo científico combinó mapas satelitales de incendios con registros climáticos, humedad del suelo, cobertura forestal y presencia humana, incluyendo carreteras y asentamientos.

Solo se analizaron incendios de más de 30 hectáreas y situados por encima de los 800 metros de altitud, suficientemente grandes como para dejar una huella visible desde el espacio.

Los resultados encajan además con tendencias ya detectadas en Estados Unidos. En las Montañas Rocosas y Sierra Nevada, los incendios de alta montaña también llevan años aumentando debido al calentamiento global y a la reducción de nieve persistente.

Europa está entrando en una dinámica parecida, aunque con un problema añadido: muchos de sus bosques de montaña son más fragmentados y están más cerca de núcleos habitados e infraestructuras críticas.

El punto de inflexión de 2015

Los investigadores detectaron que 2015 marca un antes y un después.

Hasta entonces, la actividad de incendios en montaña aumentaba lentamente. Después, el crecimiento se disparó.

Por debajo de los 1.400 metros, los incendios crecieron cerca de un 30% anual. En zonas aún más altas, donde históricamente el fuego era raro, el incremento alcanzó aproximadamente un 12% cada año.

No se trata solo de temperaturas más altas. Hay una combinación compleja de factores: sequías prolongadas, menos nieve acumulada, primaveras adelantadas y veranos mucho más largos.

En muchas zonas europeas la temporada de incendios ya empieza antes de junio y se extiende hasta otoño. Hace apenas veinte años eso era bastante excepcional en alta montaña.

Bosques de montaña en un clima cambiante

Los bosques alpinos y subalpinos evolucionaron durante siglos bajo condiciones muy distintas a las actuales.

Sus árboles están adaptados a nevadas intensas, desprendimientos, viento o hielo. No a incendios de gran severidad.

Eso explica por qué muchas especies de alta montaña tienen menos capacidad de recuperación tras el paso del fuego. Algunas coníferas europeas necesitan décadas para regenerarse y dependen de condiciones de humedad relativamente estables. Si los veranos posteriores al incendio continúan siendo extremadamente cálidos y secos, la recuperación se vuelve mucho más lenta. O directamente falla.

En ciertas áreas quemadas del sur de Europa ya se está observando algo inquietante: bosques que no vuelven a crecer como antes y son sustituidos por matorral más resistente al calor. Es un cambio ecológico profundo. Y bastante difícil de revertir.

Cuando el aire se vuelve más “sediento”

Uno de los factores más importantes identificados en el estudio es el llamado déficit de presión de vapor. Dicho de forma sencilla: la diferencia entre la humedad que el aire podría contener y la que realmente tiene.

Cuanto más cálido y seco está el aire, más humedad extrae de la vegetación.

Ese “aire sediento” seca hojas, ramas y suelo forestal a una velocidad mucho mayor. Incluso aunque haya habido lluvias semanas antes.

Europa lleva años registrando episodios extremos relacionados con este fenómeno. La Agencia Europea de Medio Ambiente ya advirtió recientemente de que el continente se está calentando más rápido que la media global, especialmente en la cuenca mediterránea.

En España, 2022 y 2023 dejaron algunos de los veranos más duros jamás registrados en términos de estrés hídrico y superficie quemada. Y ojo, porque las zonas de montaña dejaron de actuar como refugio climático durante muchos episodios de calor extremo.

El papel clave de los bosques de montaña

Estos ecosistemas hacen mucho más de lo que parece.

Los bosques de montaña estabilizan laderas, frenan desprendimientos y reducen el riesgo de aludes. También regulan el deshielo y ayudan a mantener el caudal de ríos que abastecen ciudades, agricultura y centrales hidroeléctricas.

Además, almacenan enormes cantidades de carbono en troncos y suelos fríos. Cuando arden, parte de ese carbono vuelve rápidamente a la atmósfera.

Y recuperarlo no es rápido precisamente. En algunos bosques alpinos europeos la regeneración completa puede requerir más de un siglo.

La pérdida de cobertura forestal en altura también afecta a la disponibilidad de agua. Menos árboles significa menor retención hídrica y más erosión. En cuencas mediterráneas ya sometidas a sequías frecuentes, eso puede amplificar problemas de abastecimiento y degradación del suelo.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El ascenso de los incendios hacia cotas altas puede desencadenar efectos en cadena bastante serios.

Por un lado, aumenta la emisión de CO₂ almacenado durante décadas o siglos en bosques y suelos fríos. Por otro, acelera la pérdida de biodiversidad en ecosistemas especialmente sensibles y lentos de recuperar.

Muchas especies de montaña tienen rangos climáticos muy estrechos. Si el calor sube y el fuego invade sus hábitats, apenas les queda margen para desplazarse más arriba.

También existe un riesgo creciente de erosión severa. Tras incendios intensos, las lluvias torrenciales arrastran suelo fértil, sedimentos y cenizas hacia ríos y embalses. Eso afecta tanto a la calidad del agua como a infraestructuras hidroeléctricas y agrícolas.

En algunas regiones de Europa central ya se están replanteando planes forestales completos para introducir especies más resistentes a la sequía y crear paisajes menos vulnerables al fuego extremo.

No es una solución mágica. Pero sí una adaptación necesaria.

Limitaciones del estudio

El trabajo se centra en incendios grandes y visibles por satélite, por lo que los fuegos pequeños de alta montaña quedaron fuera del análisis.

Además, aunque la relación entre clima y fuego aparece muy clara en los datos, siempre existen otros factores difíciles de medir con precisión: cambios en la gestión forestal, abandono rural, expansión de infraestructuras o acumulación de combustible vegetal tras décadas de supresión de incendios.

Cada cordillera europea tiene dinámicas propias. No arde igual un bosque pirenaico húmedo que una ladera seca en Grecia o los Alpes italianos.

Aun así, la tendencia general resulta difícil de ignorar.

Los incendios ya no se quedan abajo

Hasta hace muy poco, gran parte de Europa seguía considerando las montañas como barreras naturales frente al fuego.

Hoy esa idea empieza a quedarse obsoleta.

Los incendios ascienden, los veranos extremos duran más y la humedad desaparece antes de lo habitual. Lo que antes era excepcional empieza a repetirse con demasiada frecuencia.

Eso obliga a replantear estrategias enteras de prevención y respuesta. Más vigilancia en altura, gestión forestal adaptativa, recuperación de mosaicos agrícolas tradicionales y sistemas de detección temprana en zonas remotas. Todo suma.

Porque cuando arde un bosque de montaña, las consecuencias no se quedan en la montaña.

Más información: Climate-driven upward spread of forest fires in European mountain regions | Nature Communications

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Publicado en: Medio Ambiente

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