
Un nuevo estudio revela una disminución significativa del verdor oceánico entre 2001 y 2023, especialmente en zonas de latitudes bajas y medias. Este verdor está asociado a la clorofila producida por el fitoplancton, organismos clave para la vida marina y la regulación climática.
- Océanos menos verdes, menos vida.
- Fitoplancton en retroceso global.
- Disminuye capacidad del mar para absorber CO₂.
- Estratificación térmica bloquea nutrientes.
- Riesgo para pesca, biodiversidad y clima.
- Tecnología satelital y IA revelan la tendencia.
Los océanos de la Tierra pierden parte de su brillo
Las imágenes de la Tierra desde el espacio solían mostrar océanos vibrantes, llenos de vida microscópica que daba color al planeta. Pero ese verde oceánico, reflejo de la actividad del fitoplancton, está perdiendo intensidad. Y eso no es solo un detalle estético: es una señal de alerta.
Según una investigación reciente que analizó más de 20 años de datos satelitales, la concentración de clorofila —el pigmento que indica la presencia de fitoplancton— ha disminuido en amplias zonas de los océanos tropicales y subtropicales. No se trata de una fluctuación puntual. Es un cambio sostenido y preocupante.

El fitoplancton no es visible a simple vista, pero es uno de los pilares de la vida en la Tierra. Produce más del 50 % del oxígeno que respiramos y captura enormes cantidades de dióxido de carbono, ayudando a regular el clima global. Además, sustenta la base de las cadenas tróficas marinas, de las cuales dependen millones de especies, incluida la humana.
Un sistema vital que se debilita
Los científicos ya sospechaban que el calentamiento global estaba alterando la dinámica oceánica. Ahora lo confirman con datos sólidos: la estratificación térmica, que se intensifica a medida que aumentan las temperaturas superficiales, impide que las aguas frías y ricas en nutrientes asciendan desde las profundidades. Y sin esos nutrientes, el fitoplancton se debilita.
El océano está absorbiendo aproximadamente el 93 % del exceso de calor generado por los gases de efecto invernadero desde la era industrial. Ese calor no solo calienta el agua: modifica su estructura. Las capas cálidas y menos densas flotan sobre las más frías, creando una barrera física que frena el intercambio vertical de nutrientes. Este fenómeno está afectando especialmente a las zonas de baja latitud, donde la productividad del fitoplancton depende en gran medida de ese aporte profundo.
Más allá del fitoplancton: impactos en cadena
Lo alarmante no es solo la pérdida del fitoplancton en sí, sino las consecuencias en cascada. Menos fitoplancton significa menos alimento para zooplancton, peces pequeños, aves marinas y mamíferos marinos. Las pesquerías artesanales y costeras, que sostienen la seguridad alimentaria de unas 3.000 millones de personas, se ven directamente amenazadas.
Además, si la bomba biológica de carbono se debilita —es decir, si el océano captura menos CO₂ y lo transfiere a las profundidades— la atmósfera retiene más gases de efecto invernadero, acelerando el cambio climático. Es un bucle que se retroalimenta.
Tecnología para ver lo invisible
A diferencia del derretimiento de glaciares o las olas de calor, la pérdida de productividad oceánica no es fácil de observar a simple vista. Por eso este nuevo estudio es tan importante: combinó observaciones satelitales con sensores autónomos a distintas profundidades y aplicó técnicas de aprendizaje automático para llenar vacíos de información, especialmente en zonas costeras o con cobertura nubosa persistente.
Este enfoque permitió detectar con precisión la disminución sostenida de la «verdosidad» del océano, un indicador clave de su salud biológica. Y contradice estudios anteriores que, al usar fuentes limitadas, habían sugerido un aumento en la producción de fitoplancton. La nueva evidencia es más robusta y matizada: donde ha aumentado, lo ha hecho poco; donde ha disminuido, lo ha hecho con fuerza.
El mito de las floraciones nocivas
Otra sorpresa: la frecuencia de floraciones de algas también está disminuyendo, en contra de lo que se creía. Aunque el calentamiento favorece ciertas floraciones nocivas en lugares puntuales, a nivel global el panorama es más complejo. El estudio advierte que todavía faltan datos para clasificar estas floraciones por especie —algunas son tóxicas—, pero sugiere que el verdadero problema puede ser la pérdida de floraciones beneficiosas que antes alimentaban vastas zonas oceánicas.
Fitoplancton al límite
Según la investigadora Malin Ödalen, del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, el fitoplancton vive muy cerca de su umbral térmico. Cualquier incremento en la temperatura de la superficie del mar puede empujarlo fuera de su zona de tolerancia, reduciendo su tasa de reproducción y su eficiencia fotosintética. Es un recordatorio brutal de lo vulnerable que es este sistema.
Incluso si hoy dejáramos de emitir carbono, el calentamiento subsuperficial del océano seguiría avanzando durante décadas debido a la inercia térmica del planeta. Por eso, la protección de estos organismos requiere no solo frenar las emisiones, sino también adaptar nuestras políticas oceánicas a un nuevo contexto ecológico.
Más información: Declining ocean greenness and phytoplankton blooms in low to mid-latitudes under a warming climate | Science Advances



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