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Nuevo estudio internacional vincula las diferencias en la protección de la fauna entre América Latina y Norteamérica con la colonización europea

17 mayo, 2026 1 comentario

4.2/5 - (11 votos)
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Nuevo estudio en Nature Sustainability muestra que los valores sobre la vida silvestre en América tienen raíces en la colonización británica e ibérica.

  • 🔎 Colonización europea y raíces culturales.
  • 🌎 Latinoamérica más cercana a la fauna silvestre.
  • 🦌 Norteamérica y visión utilitaria de la naturaleza.
  • 🧠 Valores culturales heredados durante siglos.
  • ⚖️ Conflictos actuales en políticas de conservación.
  • 🐺 Debate sobre control letal de animales.
  • 🌿 Influencia indígena todavía presente.
  • 📊 Estudio internacional con 18.477 participantes.

La colonización europea todavía influye en cómo América trata a los animales salvajes

La forma en la que una sociedad percibe a los animales salvajes no surge de la nada. Tampoco cambia de un año para otro. Detrás de las leyes ambientales, de la caza, de la protección de especies o incluso de la tolerancia hacia depredadores como lobos o jaguares, hay siglos de historia acumulada.

Un nuevo estudio internacional liderado por investigadores de la Colorado State University concluye que las diferencias actuales entre América Latina y Norteamérica en relación con la fauna silvestre podrían tener un origen mucho más profundo de lo que parecía: la colonización europea.

Los investigadores analizaron cómo perciben los animales salvajes miles de personas de Europa y América, encontrando un patrón muy claro. Mientras gran parte de América Latina considera a los animales como parte de una comunidad compartida con derechos y valor propio, Estados Unidos y Canadá mantienen una visión más orientada al uso humano de la naturaleza.

No es una diferencia menor. Esa visión termina afectando decisiones reales: desde la gestión de especies protegidas hasta el control de animales considerados peligrosos o conflictivos.

Dos formas muy distintas de entender la naturaleza

El estudio utiliza dos conceptos clave para explicar estas diferencias culturales.

Por un lado aparece el “mutualismo”, una visión que entiende que las personas y los animales forman parte de una misma comunidad moral y ecológica. Bajo esta idea, la fauna tiene un valor intrínseco, más allá de su utilidad económica o productiva.

Por otro lado está la visión de “dominación”, basada en la idea de que la naturaleza existe principalmente para servir a las necesidades humanas. En este enfoque, la gestión de animales suele justificarse desde la producción agrícola, la seguridad o el aprovechamiento de recursos.

América Latina mostró niveles especialmente altos de mutualismo, incluso superiores a los observados en España y Portugal, países que colonizaron buena parte del continente.

Eso llamó mucho la atención de los investigadores. Había algo más detrás de esa evolución cultural.

La huella indígena sigue presente

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es la importancia que todavía conservan las culturas indígenas en la relación con la fauna silvestre.

Según el estudio, los pueblos indígenas de América muestran valores fuertemente mutualistas hacia los animales. Y en América Latina, durante la colonización, existían poblaciones indígenas enormes y sociedades complejas ya establecidas.

Ese encuentro entre las tradiciones ibéricas y las cosmovisiones indígenas habría generado una forma distinta de entender la naturaleza. Más relacional. Más integrada. Menos basada en la explotación pura.

Todavía hoy eso puede observarse en muchos territorios latinoamericanos donde los animales forman parte de símbolos culturales, creencias espirituales o prácticas tradicionales de convivencia con el entorno.

En zonas amazónicas, por ejemplo, numerosas comunidades continúan gestionando los recursos naturales bajo modelos colectivos donde la conservación y el uso sostenible van de la mano. No siempre es perfecto, claro. Hay tensiones, deforestación y conflictos enormes. Pero la base cultural existe.

Imagen: GUDKOVANDREY – Depositphotos.

Religión, expansión colonial y control del entorno

El trabajo también conecta estas diferencias con las transformaciones religiosas y sociales que ocurrieron en Europa entre los siglos XVI y XVII.

En el norte europeo, especialmente en territorios protestantes, comenzó a extenderse una visión del ser humano como dominador del entorno natural. La idea de controlar la tierra, aumentar la producción y transformar el paisaje encajaba bien con los procesos de industrialización y expansión económica que llegarían después.

En el sur de Europa, históricamente más católico, la relación simbólica con la naturaleza evolucionó de forma algo distinta. No necesariamente más ecológica —eso sería simplificar demasiado—, aunque sí menos orientada al dominio absoluto del medio natural.

Ese contraste terminó viajando al continente americano junto con las instituciones coloniales.

Y todavía deja rastro. Muchísimo.

Conservación ambiental: cuando las culturas chocan

Uno de los puntos más relevantes del estudio es su aplicación práctica en la conservación moderna.

Muchas políticas ambientales internacionales fracasan porque intentan aplicarse igual en lugares con valores culturales completamente distintos. Lo que funciona en Canadá puede generar rechazo social en Perú. Lo aceptable en Estados Unidos quizá resulte impensable en Costa Rica.

La investigación señala que los países con valores más orientados a la dominación tienden a aceptar con mayor facilidad el control letal de fauna, especialmente cuando existen conflictos con agricultura, ganado o seguridad humana.

En cambio, las sociedades más mutualistas suelen aceptar esas medidas únicamente en situaciones extremas.

Esto tiene implicaciones enormes en la gestión de grandes carnívoros, especies invasoras o animales urbanos. Basta observar las discusiones actuales sobre lobos en Europa, osos en Norteamérica o jaguares en América Latina. La ciencia importa, sí. Pero los valores culturales también pesan. Y mucho.

Una transformación lenta, pero visible

Los investigadores recuerdan que estos valores cambian despacio. Muy despacio.

Aun así, en países como Estados Unidos ya se observan movimientos hacia posiciones más mutualistas, impulsados por factores como la urbanización, el aumento del nivel educativo o una mayor sensibilidad hacia el bienestar animal.

El auge de movimientos animalistas, la expansión de dietas basadas en vegetales y el creciente interés por la biodiversidad urbana son señales de ese cambio cultural.

También influye una cuestión generacional. Las nuevas generaciones han crecido viendo documentales, crisis climáticas y desaparición de especies casi en tiempo real. La relación emocional con la fauna ya no es la misma que hace cincuenta años.

Y ahí aparece otro elemento clave: la crisis ambiental está obligando a replantear la manera en que las sociedades se relacionan con los ecosistemas.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

Comprender cómo las culturas perciben la fauna puede mejorar enormemente las estrategias de conservación.

Cuando las políticas ambientales ignoran las raíces culturales de una población, suelen aparecer conflictos sociales, rechazo institucional o incumplimientos. Eso termina debilitando la protección de especies y ecosistemas enteros.

En cambio, integrar valores culturales locales puede facilitar medidas más eficaces y duraderas.

Por ejemplo, proyectos de conservación comunitaria en países latinoamericanos han demostrado que involucrar a poblaciones indígenas y rurales mejora la protección de bosques, corredores biológicos y especies amenazadas. En muchos casos, esas comunidades poseen conocimientos ecológicos acumulados durante siglos.

Además, una visión más mutualista hacia la fauna puede favorecer políticas menos agresivas y más preventivas: restauración de hábitats, corredores ecológicos, sistemas de alerta temprana o modelos agrícolas compatibles con biodiversidad.

Todo eso reduce la presión sobre los ecosistemas y ayuda a mantener funciones ecológicas esenciales como la polinización, el control natural de plagas o la regeneración forestal.

Más información: Enduring cultural legacies affect Euro-American wildlife values, Nature Sustainability (2026). DOI: 10.1038/s41893-026-01825-8

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Publicado en: Medio Ambiente

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Comentarios

  1. juan dice

    18 mayo, 2026 a las 03:29

    por expérience ya sabemos que el problema son los indoeuropeos agravado por los calvinista y en general por los protestantes.

    Responder

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