
Investigadores combinan datos de flotadores y barcos para demostrar que el calor oceánico profundo invade la plataforma antártica.
- 🔴 Calor profundo avanzando hacia la Antártida.
- 🌊 Agua cálida bajo el hielo → deshielo desde abajo.
- 🧊 Plataformas de hielo debilitadas.
- 📈 Riesgo real de subida del nivel del mar.
- 🌍 Océano Austral → clave en clima global.
- ⚠️ Cambio ya observable, no solo predicción.
Una investigación de varias décadas ha confirmado algo que hasta ahora solo se intuía en modelos climáticos: el calor acumulado en las profundidades del océano está avanzando hacia la Antártida. Y no es un matiz técnico, es un cambio estructural en el sistema climático.
El estudio, liderado por la Universidad de Cambridge, ha logrado reconstruir cómo una masa de agua relativamente cálida —la conocida agua profunda circumpolar— se ha expandido y desplazado hacia la plataforma continental antártica en los últimos 20 años. Ese movimiento cambia las reglas del juego.
Las plataformas de hielo que rodean el continente funcionan como un auténtico dique natural. Su estabilidad es lo que frena el avance del hielo continental hacia el océano. Si ese sistema falla, la respuesta no es lenta. Es abrupta.
Un enemigo invisible bajo el hielo
El problema no está en la superficie. Está debajo. El calor no derrite el hielo desde arriba, lo hace desde abajo, donde es más difícil de detectar y más complicado de frenar.
Durante décadas, el océano profundo actuaba como un entorno relativamente estable, con una capa de agua fría que protegía las bases de las plataformas de hielo. Esa “barrera térmica” se está debilitando. Y en su lugar aparece agua más cálida que penetra por debajo del hielo.
Es un cambio silencioso. Pero muy potente.
El propio equipo investigador lo describe con una imagen sencilla: como si alguien hubiera abierto un grifo de agua caliente bajo el hielo. Poco a poco, sin ruido… pero constante.

Por qué este cambio es especialmente preocupante
El sistema antártico no es un bloque uniforme. Es un conjunto delicado de equilibrios entre hielo, océano y atmósfera. Cuando uno de esos elementos cambia, arrastra al resto.
Las plataformas de hielo no elevan directamente el nivel del mar al derretirse, pero sí cumplen una función clave: actúan como freno de los glaciares interiores. Sin ellas, el hielo continental puede deslizarse más rápido hacia el océano.
Ahí está el riesgo real. La Antártida contiene suficiente hielo como para elevar el nivel del mar en torno a 58 metros si se derritiera completamente. No ocurrirá de golpe, claro. Pero pequeños cambios en estabilidad pueden traducirse en aumentos significativos en pocas décadas.
Y eso ya se empieza a ver en zonas como el mar de Amundsen, donde algunos glaciares muestran retrocesos acelerados.

Cómo se ha podido detectar este fenómeno
Hasta hace poco, el océano Austral era una de las regiones peor monitorizadas del planeta. Las mediciones dependían de campañas oceanográficas puntuales, realizadas cada varios años. Fotografías aisladas, sin continuidad.
El avance ha sido posible gracias a la combinación de dos fuentes:
Por un lado, datos históricos recogidos por barcos durante décadas. Por otro, información más reciente procedente de boyas autónomas del programa Argo, que registran temperatura, salinidad y otros parámetros de forma continua.
Lo interesante es el uso de aprendizaje automático para integrar ambos conjuntos de datos. Esa combinación ha permitido reconstruir una especie de “película” del océano durante los últimos 40 años, con resolución mensual. Y ahí aparece el patrón.
No es una anomalía puntual. Es una tendencia.
El papel del océano en el cambio climático
Más del 90 % del exceso de calor generado por el calentamiento global no se queda en la atmósfera. Se almacena en el océano. Y el océano Austral actúa como uno de los principales sumideros.
Esto tiene una doble cara.
Por un lado, amortigua el calentamiento atmosférico. Por otro, acumula energía que puede redistribuirse en momentos clave, como está ocurriendo ahora.
Además, este océano desempeña un papel central en la circulación oceánica global, ese sistema de corrientes que transporta calor, carbono y nutrientes por todo el planeta. Alterar su equilibrio implica cambios que van mucho más allá de la Antártida.
Se habla mucho del debilitamiento de la circulación meridional del Atlántico (AMOC). Lo que ocurre en el sur está conectado con ese sistema. No son procesos aislados.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
El desplazamiento del calor hacia la Antártida no es solo un problema de hielo. Es un fenómeno con efectos en cascada.
Primero, acelera la pérdida de masa de hielo al actuar directamente sobre su base. Esto contribuye a la subida del nivel del mar, con impactos claros en zonas costeras, deltas y ciudades vulnerables.
Segundo, modifica los ecosistemas marinos polares. Cambios en temperatura y circulación afectan al fitoplancton, base de la cadena alimentaria. Y eso repercute en especies como krill, peces, aves y mamíferos marinos.
Tercero, altera el ciclo del carbono. Si cambia la forma en que el océano absorbe y almacena CO₂, se reduce su capacidad de actuar como sumidero climático.
Y cuarto, introduce incertidumbre en los modelos climáticos. Lo que antes se proyectaba para finales de siglo empieza a observarse ahora. Eso obliga a replantear escenarios.
Más información: Poleward migration of warm Circumpolar Deep Water towards Antarctica | Communications Earth & Environment



Barbara Badillo de Jesús dice
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