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Primicia mundial: primer puente de hormigón carbono neutro del mundo, un puente peatonal de 7 metros que almacena 66 kg de CO2

22 enero, 2026 Deja un comentario

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Heijmans y Paebbl construyen el primer puente del mundo con hormigón estructural neutro en carbono y 75% de materiales circulares.

  • Puente peatonal de 7 metros, estructura real, no prototipo.
  • Hormigón neutro en CO₂, sin arena ni grava primaria.
  • 75 % de materiales circulares, reciclados y bio-basados.
  • 30 % de cemento sustituido por material capturador de carbono.
  • 66 kg de CO₂ secuestrado dentro del propio tablero.
  • Infraestructura que deja de emitir y empieza a almacenar carbono.

El primer puente de hormigón neutro en carbono del mundo

Un pequeño puente peatonal en los Países Bajos acaba de hacer algo que, hasta hace poco, sonaba más a eslogan que a realidad técnica: demostrar que el hormigón estructural puede ser climáticamente neutro sin renunciar a resistencia, durabilidad ni seguridad. Detrás del proyecto está Heijmans, una de las grandes constructoras neerlandesas, junto con la empresa de tecnología climática Paebbl y una red de socios especializados en materiales circulares.

La estructura, de 7 metros de longitud, no es un objeto de laboratorio ni una pasarela decorativa. Es una pieza funcional de infraestructura urbana. Lo relevante no es solo que soporte cargas y uso real, sino que lo haga con una mezcla de hormigón que elimina por completo el uso de arena y grava primaria y que integra materiales reciclados, biochar y compuestos capaces de almacenar CO₂ en forma mineral estable.

El resultado es un hormigón con 75 % de materias primas circulares y una huella climática que ya no se limita a “emitir menos”, sino que empieza a capturar carbono dentro de la propia estructura.

En este proyecto, el 30 % del cemento tradicional fue sustituido por materiales de Paebbl, el porcentaje más alto alcanzado hasta ahora en hormigón estructural. Solo el tablero del puente retiene de forma permanente unos 66 kilogramos de CO₂, integrados en su matriz mineral. No es una cifra que vaya a salvar el planeta por sí sola, pero sí una señal clara de hacia dónde puede evolucionar uno de los sectores más emisores del mundo.

La obra es el resultado de un consorcio poco habitual en la construcción convencional. Heijmans lideró la ejecución y la ingeniería. HCM Cement ajustó la formulación del cemento para hacerlo compatible con los nuevos aditivos. Van der Kamp B.V. se encargó de la producción del hormigón. CarStorCon® aportó la integración del biochar, un carbón vegetal que ya se está utilizando en Europa como sumidero de carbono en suelos y materiales de construcción. Urban Mine suministró los áridos reciclados. Y Paebbl puso sobre la mesa su tecnología de mineralización acelerada de CO₂.

Desde dentro del proyecto, Ana Luisa Vaz, vicepresidenta de producto en Paebbl, lo resume con una idea sencilla pero potente: este tipo de materiales ya no son solo para fachadas, mobiliario urbano o aplicaciones “verdes” de escaparate. Están entrando en el terreno de la infraestructura real, la que soporta personas, tráfico y uso diario.

Para Heijmans, el mensaje va en la misma línea. La innovación, dicen, no puede limitarse a optimizar procesos o reducir costes energéticos. Tiene que responder directamente a la crisis climática. Y este puente demuestra que el hormigón con balance neutro en CO₂ no es una promesa a diez años vista, sino una tecnología que ya se puede ver, tocar y cruzar caminando.

La producción de cemento representa aproximadamente el 8 % de las emisiones globales de carbono

El cemento sigue siendo uno de los grandes elefantes en la habitación del debate climático. Su producción genera alrededor del 8 % de las emisiones globales de CO₂, una cifra comparable a la de países enteros. Durante décadas, la estrategia dominante ha sido mejorar la eficiencia de los hornos, cambiar combustibles fósiles por residuos o biomasa, e instalar sistemas de captura de carbono en las plantas.

Todo eso suma. Pero no cambia la lógica de fondo: el material sigue naciendo como un emisor.

La propuesta de Paebbl apunta a otra dirección. En lugar de limitarse a “no emitir tanto”, acelera procesos naturales de mineralización, transformando el CO₂ en un componente sólido y estable que queda integrado en el propio material de construcción. Cada tonelada de su compuesto puede almacenar unos 220 kilogramos de CO₂ mientras sustituye hasta un 30 % del cemento en la mezcla.

Eso convierte al hormigón en algo más que un soporte estructural. Lo acerca, poco a poco, a la idea de sumidero urbano de carbono. Edificios, puentes y pavimentos que no solo consumen recursos, sino que ayudan a retirar CO₂ de la atmósfera y a inmovilizarlo durante décadas.

Este enfoque encaja con una tendencia más amplia en Europa. Países como los Países Bajos, Francia o Alemania ya están incorporando criterios de carbono incorporado en sus normativas de obra pública. No solo importa cuánta energía consume un edificio en uso, sino cuánta contaminación se genera al fabricar cada metro cúbico de material.

Proyectos piloto como este puente funcionan, en la práctica, como bancos de pruebas para futuras licitaciones. Si el rendimiento estructural y los costes se mantienen dentro de márgenes razonables, este tipo de hormigón puede empezar a aparecer en pasarelas urbanas, carriles bici, mobiliario público o incluso edificios residenciales de baja altura.

Más información: paebbl.com/projects/rosmalen

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Publicado en: Arquitectura sostenible

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