
Una investigación financiada por la EPA busca dar una segunda vida a esta biomasa costera y, de paso, capturar nitrógeno y fósforo de las aguas de escorrentía antes de que alcancen ríos y océanos.
- 🌊 Sargazo retirado de las costas de Texas como materia prima.
- 🧱 Filtros porosos fabricados mediante impresión 3D.
- 💧 Captura de fósforo, nitrógeno y sedimentos de la escorrentía.
- ♻️ Estructura recuperable, reutilizable y diseñada para volver a recubrirse.
- 🌱 Posible recuperación futura de nutrientes para agricultura.
- 🔬 Tecnología todavía en desarrollo y pendiente de validación en campo.
¿Por qué importa?
La propuesta intenta cerrar dos problemas ambientales que normalmente se gestionan por separado. Por un lado, grandes acumulaciones de sargazo terminan descomponiéndose en las costas. Por otro, la escorrentía urbana y agrícola transporta nutrientes hacia ríos y zonas costeras, donde el exceso de nitrógeno y fósforo puede favorecer proliferaciones de algas y pérdida de oxígeno.
Investigadores de UT San Antonio, en Estados Unidos, están utilizando precisamente ese sargazo como materia prima para fabricar filtros capaces de interceptar parte de esos contaminantes antes de que alcancen el mar. La idea tiene una lógica circular bastante potente: un residuo costero convertido en herramienta para combatir una de las causas que deterioran los ecosistemas acuáticos.
De alga acumulada en la playa a material para depurar agua
El sargazo cumple una función ecológica importante mientras permanece flotando en mar abierto. Sus masas sirven de refugio, zona de alimentación y hábitat para numerosos organismos. El problema aparece cuando enormes cantidades llegan a la costa y comienzan a degradarse.
Ahí cambia por completo el escenario.
Las acumulaciones pueden afectar a playas y ecosistemas costeros y, durante la descomposición, liberar sulfuro de hidrógeno, un gas asociado al característico olor de estas arribazones.
El equipo dirigido por Shalinee Kavadiya, profesora del Departamento de Ingeniería Biomédica y Química de UT San Antonio, plantea aprovechar una parte del material retirado de la costa en lugar de tratarlo únicamente como un residuo que hay que transportar y eliminar.
El proceso comienza con la recogida, secado y molienda del sargazo. A partir de esa biomasa se preparan materiales orgánicos, inorgánicos y compuestos que pueden incorporarse a estructuras porosas destinadas al tratamiento del agua.
No es simplemente meter algas secas dentro de un filtro. Hay bastante más detrás.

Un filtro impreso en 3D con diferentes tamaños de poro
Una de las piezas interesantes del proyecto está en su arquitectura.
Los investigadores utilizan impresión 3D para fabricar una estructura reticular sobre la que se incorpora un material funcional derivado del sargazo. Esa superficie está diseñada para interaccionar con nutrientes presentes en el agua, principalmente fósforo y nitrógeno.
Los módulos pueden combinarse con diferentes tamaños de poro.
Las primeras capas retienen partículas y sedimentos transportados por el agua. Más adelante aparecen zonas destinadas a capturar contaminantes disueltos.
Ese diseño modular permitiría ajustar el filtro según el lugar donde vaya a instalarse y las características del agua que tenga que tratar.
El residuo que se intenta retirar de las playas pasa a convertirse en parte del material utilizado para impedir que más nutrientes contaminantes alcancen las aguas costeras.
La reutilización puede ser tan importante como el propio material
Muchos sistemas de filtración de aguas pluviales dependen de materiales minerales que, una vez saturados, deben sustituirse y finalmente gestionarse como residuo.
El planteamiento de UT San Antonio intenta reducir esa dependencia.
Cuando el recubrimiento encargado de capturar nutrientes pierde capacidad, la estructura interna del filtro podría recuperarse y volver a recubrirse. En principio, eso permitiría prolongar su vida útil y reducir la cantidad de material que termina desechándose.
Aquí aparece una diferencia importante entre fabricar un material biodegradable y diseñar un producto realmente circular. En este caso se busca conservar la estructura durante varios ciclos de utilización, repararla o reacondicionarla y reemplazar únicamente aquello que haya perdido funcionalidad.
El objetivo no consiste únicamente en fabricar un filtro con sargazo. La estructura se diseña para poder recuperarse, reutilizarse y recibir un nuevo recubrimiento cuando el material activo se degrade.
El verdadero problema está kilómetros antes de la playa
La contaminación por nutrientes tiene un origen bastante menos visible que una montaña de algas acumulada en la arena.
Fertilizantes agrícolas, aguas residuales y escorrentía urbana pueden transportar nitrógeno y fósforo hacia cursos de agua y zonas costeras. En determinadas condiciones, esa entrada excesiva de nutrientes favorece un crecimiento muy intenso de algas y microorganismos.

Cuando esa biomasa muere y se descompone, consume oxígeno. El resultado puede ser la aparición de zonas con concentraciones de oxígeno demasiado bajas para sostener adecuadamente la vida acuática.
Por eso el punto de instalación del filtro resulta relevante. La estrategia busca interceptar contaminantes durante su recorrido, antes de que terminen dispersándose en ecosistemas donde retirarlos resulta mucho más complicado.
El proyecto combina gestión de biomasa costera y control de contaminación por nutrientes. Esa conexión es precisamente una de sus características más interesantes.
Del sargazo también pueden salir materiales de mayor valor
El filtro no aparece de la nada. El grupo de Kavadiya lleva tiempo estudiando cómo transformar el sargazo en materiales sólidos ricos en carbono.
Su investigación ha analizado rutas capaces de obtener hidrochar, biochar, carbón activado y otros materiales carbonosos. Dependiendo del tratamiento, estos productos pueden tener aplicaciones potenciales en depuración de agua, mejora de suelos, almacenamiento de energía o catálisis.
La biomasa marina presenta, además, una composición química compleja. Esa misma complejidad que dificulta su gestión como residuo puede resultar útil cuando se transforma de manera controlada.
Aquí hay una idea que merece atención: las arribazones podrían dejar de verse exclusivamente como toneladas de materia que hay que retirar y empezar a considerarse una corriente de biomasa susceptible de valorización.
Eso no convierte automáticamente cada montaña de sargazo en una materia prima rentable. La recogida, el lavado, el secado, el transporte y el tratamiento consumen recursos y dinero. La viabilidad dependerá mucho de dónde aparezca el alga, en qué cantidad y qué producto pueda obtenerse finalmente.
El equipo quiere investigar si el nitrógeno y el fósforo retenidos pueden recuperarse y aprovecharse posteriormente en agricultura. Esa parte todavía no está demostrada como aplicación operativa.
La prueba decisiva llegará fuera del laboratorio
Aquí conviene contener el entusiasmo.
Todavía no se han publicado resultados de las futuras pruebas de campo que permitan saber cuánto nitrógeno o fósforo elimina el sistema en condiciones reales, cuánto tiempo conserva su rendimiento o cuántas veces puede reacondicionarse.
Es precisamente lo que pretende estudiar la siguiente fase.
El proyecto deberá determinar qué dimensiones necesita cada filtro, cómo afecta el caudal del agua, cuándo debe sustituirse o regenerarse el material y cómo evoluciona su capacidad de captura con el uso.
También está prevista una evaluación económica frente a las tecnologías existentes.
Esa comparación será fundamental. Una solución ambiental puede funcionar perfectamente en laboratorio y resultar demasiado cara, difícil de mantener o poco resistente cuando se instala en un sistema real de drenaje.
No hay todavía datos publicados de rendimiento en campo, vida útil, coste por volumen de agua tratado o número de ciclos de reutilización. Esas variables forman parte de la investigación que comienza ahora.
Un proyecto de tres años respaldado por la EPA
El proyecto está dirigido por Shalinee Kavadiya, junto con Vikram Kapoor, investigador especializado en ingeniería ambiental y tratamiento de aguas.
Desde septiembre de 2026 cuenta con una subvención de 735.532 dólares de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) para desarrollar el trabajo durante tres años.
El apoyo permitirá avanzar desde el desarrollo de materiales hacia las pruebas de campo, estudiar la durabilidad del sistema y analizar su viabilidad económica.
Ese calendario también sitúa correctamente la tecnología: no se trata todavía de un producto comercial preparado para instalarse masivamente.

Potencial
La mayor aportación del proyecto podría estar en demostrar que dos corrientes problemáticas pueden conectarse dentro de una misma estrategia de economía circular.
Las ciudades costeras gastan recursos retirando biomasa de las playas mientras, al mismo tiempo, necesitan controlar la contaminación que llega a ríos y costas a través de la escorrentía. Transformar una parte de esa biomasa en materiales para tratamiento de agua podría reducir residuos y crear una materia prima local.
Si las pruebas confirman un buen rendimiento, el enfoque tendría especial sentido en regiones donde coincidan arribazones frecuentes de sargazo y problemas de contaminación por nutrientes.
La posibilidad de recuperar posteriormente fósforo y nitrógeno añadiría otra pieza al sistema. Ya no se trataría únicamente de limpiar agua. Se estaría intentando mantener materiales y nutrientes circulando durante más tiempo dentro de la economía.
Queda bastante por demostrar. Costes, durabilidad, consumo energético del procesamiento, contaminantes presentes en la biomasa y comportamiento del filtro durante meses de funcionamiento real marcarán la diferencia entre una buena investigación y una tecnología capaz de abandonar el laboratorio.
Ficha rápida
Cómo funciona
El sargazo recogido en la costa se seca y pulveriza. La biomasa se transforma después en materiales que forman parte de módulos de filtración porosos fabricados mediante impresión 3D. Los módulos combinan diferentes tamaños de poro: las primeras zonas retienen sedimentos y otras superficies funcionalizadas capturan nutrientes disueltos como nitrógeno y fósforo.
Cuando el recubrimiento pierde rendimiento, la estructura reticular está diseñada para recuperarse y recibir un nuevo recubrimiento.
En cifras
- 735.532 dólares de financiación de la EPA.
- 3 años de financiación del proyecto desde septiembre de 2026.
- 2 nutrientes prioritarios: nitrógeno y fósforo.
- 1 estructura reutilizable con recubrimiento reemplazable o renovable.
- Pruebas de campo pendientes para determinar rendimiento, durabilidad y frecuencia de sustitución.
Qué tiene de diferente
Combina valorización de sargazo, fabricación mediante impresión 3D, tratamiento de escorrentía y recuperación potencial de nutrientes dentro del mismo planteamiento.
La materia prima procede de biomasa costera problemática y el sistema se diseña pensando desde el principio en la recuperación y reutilización de su estructura.
Comparación directa con la tecnología convencional
Los sistemas comerciales de filtración de aguas pluviales pueden utilizar medios minerales que necesitan sustituirse cuando se saturan. La propuesta de UT San Antonio busca utilizar materiales derivados de biomasa y conservar la estructura principal del filtro durante sucesivos ciclos de utilización.
Todavía no existe una comparación económica definitiva. El propio proyecto contempla realizarla.
Limitaciones
La tecnología todavía necesita validación en condiciones reales.
No se han publicado cifras definitivas sobre porcentaje de eliminación de nitrógeno y fósforo, capacidad máxima de adsorción del filtro, vida útil, número de reutilizaciones, coste por unidad de agua tratada o rendimiento después de varios ciclos.
La composición del sargazo tampoco es uniforme. Su procedencia, salinidad, estado de degradación y posibles contaminantes pueden obligar a incorporar etapas de pretratamiento.
Además, convertir biomasa húmeda en materiales funcionales requiere recogida, transporte, secado y procesamiento. Para conocer el beneficio ambiental neto habrá que considerar energía, materiales auxiliares, emisiones y costes de todo el ciclo de vida, no únicamente el origen renovable de la materia prima.
En qué fase se encuentra
Prototipo / desarrollo prepiloto con pruebas de campo previstas.
El concepto y los materiales se están desarrollando en la universidad y el nuevo proyecto financiado pretende evaluar rendimiento, durabilidad y viabilidad en condiciones reales. No es actualmente una tecnología comercial.

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