
Un estudio revela cómo Helene disparó la deposición de partículas plásticas transportadas por la atmósfera hasta zonas montañosas alejadas de la costa.
- 🌪️ Huracán Helene como transportador de microplásticos.
- 🔬 Entre 3 y 22 veces más deposición durante la tormenta.
- 🏔️ Partículas detectadas en zonas montañosas del interior.
- 🌧️ Hasta 10.243 microplásticos por m² durante el episodio en uno de los puntos.
- 📈 Hasta el 18,8 % de la deposición anual concentrada en apenas dos días.
- 🧵 Fibras, forma predominante entre las partículas encontradas.
- 🌍 Un nuevo vínculo entre fenómenos meteorológicos extremos y contaminación plástica.
¿Por qué importa?
Los microplásticos no permanecen necesariamente cerca del lugar donde se generan. Pueden incorporarse a la atmósfera, viajar cientos o incluso miles de kilómetros y regresar al suelo con la lluvia o por deposición seca.
El huracán Helene ha permitido observar este proceso en condiciones extremas. Un estudio realizado en las montañas del oeste de Carolina del Norte registró un fuerte aumento de partículas plásticas mientras atravesaba la región. El resultado añade una pieza poco estudiada al problema: los grandes temporales pueden redistribuir contaminación plástica entre ecosistemas muy alejados entre sí.
El huracán dejó algo más que lluvia en las montañas
Cuando el huracán Helene alcanzó el sureste de Estados Unidos en septiembre de 2024, la atención se concentró, con razón, en sus efectos más visibles. Lluvias torrenciales, inundaciones, carreteras destruidas, deslizamientos y comunidades aisladas.
En las montañas del oeste de Carolina del Norte llegaron a registrarse precipitaciones cercanas a 782 mm.
Pero mientras caía aquella enorme cantidad de agua estaba ocurriendo algo mucho menos evidente.
Investigadores de Virginia Tech, Western Carolina University y otras instituciones llevaban meses recogiendo la deposición atmosférica de microplásticos en tres emplazamientos de la región. Esa circunstancia poco habitual permitió comparar lo que ocurría antes, durante y después del huracán.
Los resultados fueron bastante claros.
Durante Helene, la deposición de microplásticos aumentó entre 3 y 22 veces respecto a los niveles anteriores al huracán.
En Iron Duff se contabilizaron 1.280 partículas por m² asociadas al episodio. En el Coweeta Hydrologic Laboratory fueron 2.179 partículas por m² y en Highlands Biological Station la cifra alcanzó 10.243 partículas por m².
No se trató, por tanto, de una pequeña oscilación dentro de la variabilidad habitual.
En Highlands Biological Station, el paso de Helene depositó el equivalente al 18,8 % de todos los microplásticos que normalmente llegan allí durante un año. En Iron Duff representaron el 4,2 % y en Coweeta el 4,6 %.
Dos días capaces de alterar el balance de todo un año
Ese 18,8 % acumulado durante un episodio de apenas dos días probablemente sea uno de los datos más llamativos del trabajo.
Hasta ahora, la contaminación por microplásticos se ha estudiado muchas veces como un flujo relativamente continuo: partículas procedentes del tráfico, textiles, residuos degradados, actividades industriales o plásticos presentes en ciudades, suelos y océanos que terminan incorporándose lentamente al medio.
Los fenómenos extremos introducen otra dinámica.
En lugar de un goteo constante, pueden producirse pulsos de contaminación muy intensos y de corta duración.
Algo parecido se ha observado en los ríos durante grandes inundaciones, cuando el aumento repentino del caudal moviliza residuos acumulados durante meses. Helene muestra que la atmósfera también puede participar en esos grandes episodios de redistribución.
Esto complica bastante la vigilancia ambiental. Un programa de muestreo que analice únicamente condiciones normales puede subestimar una parte relevante del transporte anual de contaminantes.

De dónde llegaron los microplásticos
Aquí conviene introducir una precaución.
El estudio no permite conocer el origen exacto de cada partícula.
Los investigadores utilizaron un modelo de retrotrayectorias atmosféricas para reconstruir por dónde habían circulado las masas de aire que alcanzaron las estaciones de muestreo.
Antes y después del huracán, buena parte del aire que llegaba a las montañas procedía del noreste y había circulado sobre el Atlántico.
Durante Helene la situación cambió.
Las masas de aire estaban conectadas con el golfo de México y el mar Caribe, siguiendo la propia dinámica del huracán.

Eso demuestra que la tormenta abrió una ruta atmosférica diferente hacia Carolina del Norte, pero no significa que todos los plásticos procedieran directamente del océano.
Durante su recorrido, un huracán interactúa con superficies marinas y terrestres y atraviesa ciudades, carreteras, instalaciones industriales, campos agrícolas y zonas inundadas. Vientos violentos y lluvias pueden levantar, transportar y volver a depositar partículas existentes en muchos de esos entornos.
El estudio demuestra un aumento extraordinario de la deposición durante Helene y un cambio en las trayectorias de las masas de aire. No permite asignar cada microplástico a una playa, ciudad, carretera o masa de agua concreta.
El plástico también forma parte del ciclo atmosférico
La imagen tradicional de la contaminación plástica está muy asociada a bolsas flotando en el mar, botellas abandonadas o residuos acumulados en playas.
La realidad resulta bastante más compleja.
Cuando esos materiales se degradan aparecen fragmentos y fibras diminutas. Parte permanece en suelos y sedimentos. Otra alcanza ríos y océanos. Y una fracción puede incorporarse al aire y comenzar otro viaje.
El viento puede levantar partículas depositadas en superficies secas. El tráfico libera materiales procedentes del desgaste. Los textiles desprenden fibras. El oleaje y las gotas que rompen en la superficie marina también pueden contribuir al intercambio de partículas entre océano y atmósfera.
Una vez suspendidas, algunas partículas recorren grandes distancias.
De ahí que se hayan encontrado microplásticos incluso en lugares remotos donde prácticamente no existen fuentes locales importantes.
Las montañas tampoco están aisladas de esta contaminación. En determinadas condiciones pueden convertirse precisamente en lugares de deposición cuando las masas de aire ascienden, se enfrían y descargan humedad.
Nylon, PET, polipropileno y otros plásticos cotidianos
Los investigadores analizaron mediante espectroscopia Raman 258 partículas sospechosas de ser microplásticos y consiguieron identificar más de 30 tipos de polímeros a lo largo del periodo estudiado.
Entre los materiales frecuentes aparecieron poliamidas como el nylon, poliestireno, PET, polipropileno y polietileno.
Nada especialmente exótico.
Son precisamente algunos de los materiales presentes en ropa sintética, envases, embalajes, objetos domésticos y multitud de productos de consumo.
Las fibras fueron además la morfología dominante en las muestras atmosféricas.
Las fibras dominaron las muestras. Su geometría facilita comportamientos atmosféricos diferentes a los de fragmentos más compactos y ayuda a explicar por qué determinados microplásticos pueden recorrer grandes distancias antes de depositarse.
Una estimación enorme que debe interpretarse con cuidado
El equipo fue un paso más allá y utilizó los datos meteorológicos junto con modelos estadísticos para estimar la deposición anómala asociada al huracán sobre el territorio estadounidense afectado.
El cálculo resultante fue de aproximadamente 3,85 × 10¹⁵ partículas, es decir, unos 3.850 billones de microplásticos utilizando la escala numérica habitual en español.
La cifra impresiona. Pero necesita contexto.
No significa que los científicos recogieran y contaran físicamente esa cantidad de partículas. La estimación procede de extrapolar las relaciones observadas en tres estaciones de muestreo mediante datos meteorológicos regionales.
Los propios investigadores señalan esta extrapolación como una limitación.
Por eso resulta más sólido quedarse con el hallazgo directamente observado: los tres emplazamientos registraron incrementos muy importantes durante el huracán.
Los 3.850 billones de partículas constituyen una estimación regional obtenida mediante modelización. Las mediciones directas proceden únicamente de tres puntos de Carolina del Norte. Presentar ambas cifras como equivalentes exageraría el alcance real del experimento.
Los eventos extremos pueden convertirse en grandes redistribuidores de contaminación
Aquí aparece la implicación más interesante del estudio.
Los huracanes no crean necesariamente esos microplásticos. Redistribuyen contaminación que ya existe.
Y un planeta con enormes cantidades de plástico disperso proporciona cada vez más material susceptible de fragmentarse y entrar en los ciclos naturales.
Cuando llega un episodio meteorológico extremo, ese inventario acumulado puede ponerse nuevamente en movimiento.
El fenómeno tampoco debería limitarse conceptualmente a los huracanes. Grandes inundaciones, tormentas intensas y otros episodios capaces de movilizar agua, sedimentos y masas de aire pueden actuar como mecanismos de redistribución.
De hecho, estudios realizados en sistemas fluviales ya muestran que una parte desproporcionadamente elevada del transporte anual de plástico puede concentrarse durante episodios de crecida.
La contaminación deja así de comportarse como una corriente constante. Funciona a golpes.
Reducir el plástico que llega al medio ambiente tiene un efecto que va más allá de mantener limpios ríos y océanos. También disminuye el material disponible para que futuras tormentas lo fragmenten, levanten y redistribuyan hacia ecosistemas alejados.
Un problema difícil de vigilar precisamente cuando más importa
Estudiar un huracán mientras está ocurriendo no resulta sencillo.
Las tormentas cambian de trayectoria, los equipos pueden quedar destruidos y acceder a determinadas zonas puede resultar peligroso o directamente imposible.
Helene ofreció una oportunidad científica poco habitual porque los colectores ya estaban instalados antes de que llegara el huracán. Los investigadores disponían así de una referencia previa con la que comparar.
Ese detalle metodológico es importante.
Sin datos anteriores al evento habría resultado mucho más difícil distinguir entre la contaminación habitual de la región y el incremento asociado a la tormenta.
El trabajo plantea por ello una necesidad bastante práctica: desarrollar redes permanentes de vigilancia de microplásticos capaces de seguir funcionando antes, durante y después de fenómenos meteorológicos extremos.
No habría que improvisar la medición cuando el huracán ya está encima.

Cómo funciona
El estudio utilizó colectores de deposición atmosférica húmeda y seca instalados en tres emplazamientos del oeste de Carolina del Norte. Los equipos recogieron partículas antes, durante y después del huracán.
Posteriormente, las muestras fueron examinadas mediante microscopía y una selección de partículas se caracterizó mediante espectroscopia Raman, una técnica que permite identificar el polímero a partir de su firma molecular.
Los investigadores combinaron esas observaciones con modelos meteorológicos de retrotrayectoria para reconstruir el recorrido de las masas de aire y con modelos estadísticos para estudiar la relación entre precipitación, viento y deposición de microplásticos.
En cifras
- 3 emplazamientos de seguimiento en Carolina del Norte.
- 3-22 veces más deposición durante Helene respecto a los niveles previos.
- 10.243 partículas/m² durante el episodio en Highlands Biological Station.
- 18,8 % de la deposición anual concentrada durante el huracán en ese mismo emplazamiento.
- 258 partículas analizadas mediante espectroscopia Raman.
- Más de 30 polímeros diferentes identificados durante el conjunto del estudio.
Qué tiene de diferente
La principal diferencia respecto a buena parte de la investigación anterior está en disponer de datos del mismo territorio antes, durante y después de un huracán.
Eso permite observar el cambio provocado por el episodio meteorológico sobre una referencia previa real.
Además, el estudio se realizó en tres emplazamientos montañosos del interior, no únicamente en zonas costeras, lo que ayuda a demostrar que el transporte asociado a estas tormentas puede extender la contaminación hacia ecosistemas alejados del litoral.
Comparación directa con la situación convencional
- Condiciones atmosféricas habituales: deposición relativamente gradual, determinada por fuentes locales y transporte atmosférico regional o de larga distancia.
- Durante Helene: fuerte incremento temporal de la deposición, cambio de las masas de aire que alcanzaban las montañas y mayor influencia de lluvia y viento sobre el transporte y caída de partículas.
- Diferencia observada: hasta 22 veces más deposición que antes del huracán en los emplazamientos estudiados.
No se trata de una nueva tecnología frente a una tecnología convencional. La comparación relevante es entre el comportamiento ambiental normal de los microplásticos y su comportamiento durante un fenómeno meteorológico extremo.
Limitaciones
El estudio presenta varias limitaciones que conviene mantener visibles.
La investigación se basa en tres puntos de muestreo de una misma región. No puede asumirse que todos los huracanes produzcan aumentos equivalentes ni que otras regiones respondan igual.
La cifra regional de aproximadamente 3.850 billones de partículas es una estimación modelizada, no un recuento directo.
Las retrotrayectorias permiten reconstruir el recorrido de las masas de aire, pero no identifican el origen concreto de cada partícula.
Tampoco se determina cuánto tiempo permanecerán esos microplásticos en los ecosistemas receptores ni cuál será su impacto ecológico a largo plazo.
Y queda otra cuestión importante: disponer de más microplásticos depositados no equivale automáticamente a demostrar un determinado daño sobre la salud humana o los ecosistemas. Esa relación requiere estudios toxicológicos y ecológicos específicos.
En qué fase se encuentra
Investigación científica publicada.
No existe una fase de laboratorio, prototipo o comercialización porque el trabajo no desarrolla un producto. Se trata de monitorización ambiental en condiciones reales combinada con análisis de laboratorio y modelización atmosférica.
El siguiente paso será ampliar las redes de muestreo y comprobar si el patrón se repite durante otros huracanes y fenómenos meteorológicos extremos.
Quién está detrás
El trabajo está liderado por Austin Gray, de Virginia Tech, junto con investigadores de Western Carolina University, Highlands Biological Station, University of North Carolina at Chapel Hill y Virginia Tech, en Estados Unidos.
La investigación recibió financiación de North Carolina Sea Grant & Water Resources Research Institute, North Carolina Water Resources Research Institute, Highlands Biological Foundation, Whitmire Endowment de Western Carolina University, Tennessee Valley Authority y Virginia Tech College of Science-Seale Coastal Zone Observatory.
Más información: Influence of Hurricane Helene on microplastic deposition in the mountainous southeastern United States

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