• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Publica tu artículo
  • Publicidad
  • Contacto
  • Aviso legal
  • Privacidad
  • Cookies

EcoInventos

Tu blog de gadgets ecológicos

Telegram EcoInventos
  • Lo + Visto
  • Renovables
  • Energía solar
  • Fotovoltaica
  • Autoconsumo
  • Arquitectura
BLUETTI

Recuperan una técnica ancestral de refrigeración para conservar cosechas usando un ventilador de solo 18 W

13 septiembre, 2026 Deja un comentario

5/5 - (4 votos)
¿Te interesa la sostenibilidad? Añade EcoInventos como fuente preferida para encontrar más fácilmente nuestros artículos en Google.
Añadir a Google

Boroud, un sistema para conservar alimentos que consume solo 18 W y mejora un 52% la eficiencia de refrigeración.

  • 🌬️ Ventilador de apenas 18 W.
  • 🧱 Arcilla, agua y evaporación como sistema de refrigeración.
  • 🥬 Tres zonas para conservar distintos cultivos.
  • ⚡ Sin compresor frigorífico.
  • 📉 Hasta un 52 % más de eficiencia de refrigeración, según las simulaciones.
  • 🌾 Pensado para pequeños agricultores.
  • 🇧🇪 Proyecto desarrollado en la Universidad de Amberes.
  • 🧪 Próximo paso: prototipo completo y pruebas reales.

¿Por qué importa?

Una cámara frigorífica convencional puede resultar demasiado cara, compleja o dependiente de la electricidad para una pequeña explotación agrícola. Boroud intenta cubrir el espacio que existe entre guardar la cosecha a temperatura ambiente y construir una instalación frigorífica convencional.

La propuesta resulta especialmente interesante porque recupera algo que ya funcionaba mucho antes de existir los compresores: utilizar la evaporación del agua para retirar calor. La diferencia está en cómo ese principio se combina ahora con materiales diseñados específicamente, simulación por ordenador y un pequeño ventilador de solo 18 W.

Una idea antigua llevada a una explotación agrícola actual

Boroud es el proyecto de Salma Abed Ali Abdel Jalil, estudiante de máster en Desarrollo de Producto de la Universidad de Amberes, en Bélgica. Su punto de partida tiene bastante de historia familiar.

Sus abuelos son agricultores procedentes de Mesopotamia, en el actual Irak. En regiones donde los cortes eléctricos han obligado durante años a buscar formas sencillas de conservar los alimentos, las técnicas tradicionales siguen teniendo mucho sentido.

De ahí surgió una pregunta: ¿cómo conseguían conservar alimentos las antiguas civilizaciones cuando no existía la refrigeración eléctrica?

La respuesta condujo a sistemas utilizados históricamente en Mesopotamia, Persia y Egipto y, especialmente, al principio del zeer, conocido también como refrigerador de vasijas de barro.

La física que hay detrás continúa siendo perfectamente válida.

Arcilla húmeda, aire y un ventilador diminuto

El sistema utiliza materiales naturales porosos alrededor de la cámara donde se almacenan los alimentos. Esos materiales contienen agua.

Cuando el agua llega a la superficie y se evapora, necesita energía para cambiar de estado. Parte de esa energía procede del calor presente en el aire y en el propio sistema. Ahí aparece el efecto refrigerante.

Boroud añade una pequeña ayuda eléctrica. Un ventilador de 18 W fuerza el movimiento del aire a través del material húmedo, favoreciendo la evaporación y haciendo que las condiciones interiores sean más estables.

Es una potencia muy reducida. Como referencia, 18 W están en el orden de consumo de una pequeña bombilla LED potente.

La propuesta, por tanto, no prescinde completamente de la electricidad. Utiliza una cantidad pequeña para potenciar un proceso que fundamentalmente depende de la evaporación natural del agua.

No todas las verduras quieren vivir en el mismo frigorífico

Aquí aparece probablemente la parte más interesante de Boroud.

El problema de una cámara frigorífica convencional no es únicamente cuánto consume. Diferentes frutas y hortalizas necesitan condiciones distintas de temperatura y humedad.

Boroud aprovecha deliberadamente este problema.

Su estructura está dividida en tres módulos colocados verticalmente. Los dos inferiores reciben un enfriamiento evaporativo más directo, reduciendo la temperatura y manteniendo una humedad elevada.

El aire húmedo asciende y llega al módulo superior, donde se genera un ambiente más suave para productos que no necesitan el mismo grado de enfriamiento.

Así, una única torre puede proporcionar varios microclimas de conservación.

Para una pequeña explotación diversificada resulta bastante más lógico que intentar mantener toda la producción exactamente a la misma temperatura.

La impresión 3D también tiene un papel inesperado

El proyecto ha modernizado incluso la superficie de arcilla.

Durante el desarrollo se utilizó impresión 3D de arcilla para fabricar un panel con geometría sinusoidal y nervaduras. No responde únicamente a una cuestión estética.

La geometría aumenta la superficie disponible para la evaporación y modifica el flujo del aire, dos factores que pueden mejorar el intercambio térmico.

El diseño fue estudiado mediante simulaciones de dinámica de fluidos computacional (CFD) utilizando SolidWorks Flow y ANSYS Fluent, además de contar con aportaciones de especialistas en construcción y climatización.

Es un buen ejemplo de tecnología apropiada: un material tan antiguo como la arcilla combinado con herramientas digitales bastante sofisticadas.

El verdadero objetivo está después de la cosecha

Para un agricultor pequeño, perder una parte de las frutas u hortalizas durante los días posteriores a la recolección tiene consecuencias directas.

Obliga a vender deprisa, reduce el margen para esperar mejores precios y convierte en residuos productos en los que ya se han empleado suelo, fertilizantes, agua, combustible, trabajo y energía.

La Fundación para las Generaciones Futuras, que está apoyando el desarrollo de Boroud, sitúa precisamente las pérdidas poscosecha en el centro del problema. En Flandes cifra en aproximadamente 350.000 toneladas anuales los alimentos perdidos después de la cosecha.

Una refrigeración sencilla y barata cerca del lugar donde se produce el alimento puede tener, por tanto, un efecto que va bastante más allá del ahorro eléctrico.

Puede dar al productor algo muy valioso: tiempo.

Hay una limitación física importante: el clima

Boroud tiene una ventaja clara, pero también una restricción que conviene explicar.

La refrigeración evaporativa funciona mejor cuando el aire es seco.

Si el ambiente ya contiene mucha humedad, admite menos vapor de agua adicional y disminuye la capacidad de evaporación. Como consecuencia, también cae el potencial de enfriamiento.

Esto significa que el comportamiento que podría conseguir en una región interior cálida y seca no tiene por qué repetirse en una zona tropical extremadamente húmeda.

También existe otro recurso que no puede ignorarse: el agua.

Una cámara frigorífica convencional consume principalmente electricidad; un sistema evaporativo intercambia parte de esa demanda energética por consumo de agua. La cantidad necesaria y su comportamiento en diferentes climas serán, por tanto, datos importantes durante las futuras pruebas.

Y queda otra cuestión fundamental: la higiene. Un sistema destinado a almacenar alimentos en ambientes húmedos tendrá que demostrar que puede limpiarse fácilmente, controlar la humedad y evitar problemas microbiológicos durante un uso prolongado.

Del ordenador al campo

Boroud todavía no es un producto comercial.

La siguiente etapa consiste precisamente en construir un prototipo funcional a escala real. El proyecto ha recibido una ayuda del programa Prototyping the Future, de la Fundación para las Generaciones Futuras de Bélgica.

La intención es probarlo con agricultores belgas y proyectos de agricultura urbana para comprobar tres cuestiones básicas: cuánto enfría realmente, cuánta energía necesita y si resulta cómodo de utilizar en el trabajo diario.

También está prevista una exposición pública del proyecto en diciembre de 2026, mientras se estudia el apoyo de una incubadora para continuar su desarrollo.

Ahí llegará la prueba decisiva.

Porque pasar de una simulación CFD y pequeños prototipos a un equipo situado durante semanas en una explotación agrícola implica enfrentarse a polvo, variaciones de temperatura, agua de distinta calidad, suciedad, mantenimiento y usuarios que necesitan una máquina sencilla. Todo eso cuenta.

Vía www.jamesdysonaward.org

Canal de WhatsApp de EcoInventos

Publicado en: Gadgets Ecológicos, Eficiencia energética

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Barra lateral principal

Una empresa francesa convierte cartón reciclado en moldes gigantes con impresión 3D: lo que antes tardaba cinco semanas ahora se fabrica en diez días

La tecnología ya se ha probado en un proyecto de construcción en Francia y promete reducir el consumo de materiales, las emisiones de CO₂ y los residuos industriales.

Analizan 465 ciudades con satélites y descubren que algunas zonas de Ciudad de México se hunden hasta 21,7 centímetros al año

El suelo se mueve sin que sus habitantes lo perciban. Una investigación global revela qué ciudades están en riesgo y cómo puede afectar a edificios, carreteras e infraestructuras.

Cuatro estudiantes cubren un glaciar suizo con lana de oveja y descubren que protege el hielo casi tanto como las mantas de plástico

El experimento realizado durante el verano en los Alpes abre una nueva posibilidad para aprovechar un residuo ganadero y reducir la contaminación por microplásticos en las montañas.

Un supermercado alemán instala una granja de 2.760 m² en su tejado y cultiva las lechugas que vende unos metros más abajo

Las plantas crecen en solo 23 días gracias a un sistema hidropónico automatizado que aprovecha el agua de lluvia. El proyecto podría evitar hasta 500.000 kilómetros de transporte al año.

Una granja totalmente automatizada en Noruega cultiva lechugas que duran hasta 12 semanas para reducir el desperdicio alimentario

Desde la semilla hasta el envasado, un robot puede ahora cultivar alimentos durante todo el año.

El coche más ecológico suele ser el que ya tienes: alargar su vida útil es economía circular

Cuando se habla de movilidad sostenible, la conversación tiende a centrarse en qué coche comprar. Rara vez se plantea la pregunta previa: ¿hace falta comprar uno?

Científicos españoles desarrollan un tratamiento con aceites esenciales y arcilla que reduce un 76 % una enfermedad de los manzanos, casi tanto como un antibiótico

Un tratamiento natural protegido con arcilla permanece nueve días sobre las flores y consigue frenar una grave enfermedad de los frutales.

Una empresa francesa convierte los escombros de edificios demolidos en arena para nuevas construcciones: sus plantas pueden recuperar 100 toneladas por hora

Una tecnología de lavado y clasificación permite aprovechar residuos de demolición que antes acababan en vertederos, reduciendo la extracción de áridos naturales y favoreciendo la economía circular en la construcción.

Un agricultor australiano consigue reducir un 97,5 % el uso de herbicidas gracias a un sistema que detecta las malas hierbas desde el aire

Drones, inteligencia artificial y tractores conectados permiten fumigar únicamente donde hace falta. El resultado: miles de dólares de ahorro y menos productos químicos en el campo.

Desarrollan un tratamiento que duplica el peso de los racimos de uva utilizando nanopartículas biodegradables

Una nueva técnica protege las hormonas vegetales y las libera gradualmente, consiguiendo uvas más grandes y racimos que resisten mejor la manipulación.

Puede revisar y cambiar sus preferencias de cookies con respecto a este sitio web en este enlace.

Copyright EcoInventos © 2026 - Aviso legal - Política de privacidad RGPD - Cookies