
Ovejas bajo paneles solares: la agrivoltaica abre una nueva vía para mantener vivas las explotaciones agrícolas.
- 🐑 Casi 300 ovejas pastando entre paneles solares.
- ☀️ Electricidad y ganadería en la misma parcela.
- 🌱 Hierba controlada sin recurrir continuamente a maquinaria.
- 💰 Un nuevo ingreso para explotaciones ganaderas.
- 🌳 Suelo agrícola mantenido en producción.
- 🐝 Ovejas, cultivos y polinizadores como posibles compañeros de la fotovoltaica.
- 🇺🇸 Más de 600 proyectos agrivoltaicos documentados en Estados Unidos.
- ⚡ Más de 10 GW asociados a instalaciones de doble uso.
¿Por qué importa?
La expansión de la energía solar necesita espacio y buena parte de las mejores ubicaciones coincide con terrenos rurales. La agrivoltaica intenta evitar que producir electricidad implique necesariamente dejar de producir alimentos.
En el este de Estados Unidos ya se está ensayando una fórmula especialmente sencilla: instalar una planta fotovoltaica y dejar que las ovejas hagan buena parte del trabajo que antes realizaban desbrozadoras y tractores.
Para algunos ganaderos, ese servicio de mantenimiento se está convirtiendo además en una fuente de ingresos suficientemente estable como para transformar explotaciones que apenas resultaban viables.
De mecánico diésel a ganadero a tiempo completo gracias a cinco plantas solares
El caso de Cody Moore, en Tennessee, explica bastante bien por qué esta modalidad está creciendo.
Moore trabajaba como mecánico de maquinaria pesada y mantenía ganado como actividad secundaria. El acceso a suficiente tierra para vivir exclusivamente de la agricultura resultaba complicado.
La oportunidad apareció donde probablemente menos la esperaba: dentro de varias plantas fotovoltaicas.

Actualmente utiliza ovejas para mantener la vegetación en más de 160 hectáreas repartidas entre cinco instalaciones solares de Silicon Ranch. Su rebaño rondaba las 300 ovejas reproductoras cuando se documentó el proyecto y esperaba duplicarlo.
El modelo es bastante directo. Las ovejas comen la vegetación que crece alrededor y debajo de las estructuras solares. El propietario de la instalación obtiene un servicio de mantenimiento y el ganadero recibe una remuneración por prestarlo, además de conservar la actividad ganadera convencional.
El animal, en la práctica, hace de desbrozadora.
Y no necesita gasóleo.
Una combinación bastante más lógica de lo que parece
Las plantas fotovoltaicas necesitan controlar su vegetación. La hierba excesivamente alta puede dificultar el acceso, interferir con determinadas instalaciones y aumentar las necesidades de mantenimiento.
Una solución convencional consiste en segar periódicamente utilizando maquinaria.
El pastoreo solar cambia el planteamiento. La vegetación deja de considerarse únicamente algo que hay que eliminar y pasa a convertirse en alimento.

Las ovejas presentan además una ventaja importante frente al ganado vacuno: su menor tamaño permite introducirlas en muchas plantas fotovoltaicas existentes sin elevar considerablemente las estructuras.
Eso explica que se hayan convertido en uno de los animales más habituales dentro de los proyectos agrivoltaicos estadounidenses.
Las ovejas mantienen controlada la vegetación entre los módulos mientras continúan formando parte de una explotación ganadera. El mismo terreno presta así tres servicios: energía, alimento para el ganado y actividad agrícola.
Más de 10 GW que ya comparten terreno con alguna actividad agrícola
La agrivoltaica estadounidense ha dejado atrás la etapa de unas pocas instalaciones experimentales.
El programa InSPIRE, coordinado por el National Renewable Energy Laboratory (NREL), lleva años recopilando proyectos que combinan fotovoltaica con pastoreo, cultivos o hábitats para polinizadores.
En la actualización utilizada en 2025 por Appalachian Voices se contabilizaban alrededor de 600 instalaciones, más de 10,3 GW de potencia fotovoltaica y unas 26.000 hectáreas.
Conviene interpretar esas cifras correctamente. No significan que toda esa superficie produzca alimentos con la misma intensidad que una explotación agrícola convencional. Bajo el paraguas agrivoltaico aparecen configuraciones muy diferentes, desde auténticos sistemas ganaderos hasta hábitats para polinizadores y campos experimentales con cultivos.
Ahí aparece una cuestión fundamental: poner unas ovejas junto a unas placas no convierte automáticamente un parque solar en una explotación agrivoltaica bien diseñada.
Virginia empieza incluso a definir por ley qué puede llamarse agrivoltaica
El debate ha avanzado tanto que Virginia incorporó en 2026 una definición legal bastante exigente.
La normativa considera agrivoltaica la convivencia intencionada de producción agrícola y generación solar cuando el proyecto está diseñado para mantener la productividad agrícola, permite producir y vender productos durante la vida de la instalación fotovoltaica y forma parte de una actividad agrícola comercial real.
También exige contemplar el desmantelamiento de la planta de forma que se protejan los recursos agrícolas del terreno.
La distinción tiene importancia.
Un campo fotovoltaico cubierto de césped no debería recibir automáticamente la etiqueta de agrivoltaico. Tampoco bastaría con introducir animales ocasionalmente para mejorar la imagen ambiental del proyecto.
La agricultura tiene que seguir siendo agricultura.
Un proyecto de doble uso bien planteado mantiene una actividad agrícola real durante la vida de la planta solar. La energía comparte el terreno; no debería convertir la agricultura en un elemento decorativo.
La economía puede ser incluso más importante que las placas
La parte más interesante del modelo estadounidense quizá no esté en la tecnología.
Está en las cuentas del agricultor.
El acceso a tierra es uno de los principales obstáculos para jóvenes ganaderos. Comprar decenas o cientos de hectáreas requiere un capital considerable y arrendarlas tampoco garantiza estabilidad.
Una instalación solar crea una situación poco habitual: el propietario necesita que alguien gestione la vegetación de una superficie extensa durante años.
El ganadero aporta exactamente ese servicio.
En lugar de pagar exclusivamente a una empresa para segar, algunos operadores contratan explotaciones ganaderas. El agricultor obtiene acceso a pastos y una remuneración por el mantenimiento, mientras conserva los ingresos derivados de sus animales.
Johnny Rogers comprobó ese cambio casi por accidente en Carolina del Norte. Cuando parte de los terrenos que utilizaba se transformaron en una instalación fotovoltaica pensó inicialmente que perdería superficie agrícola.
Terminó criando ovejas dentro de ella.
El pago recibido por el mantenimiento de la vegetación pasó a formar parte relevante de los ingresos de su explotación y ayudó a compensar uno de sus principales costes: la alimentación animal.
Aquí aparece una ventaja difícil de conseguir con muchas otras tecnologías rurales: una fuente de ingresos menos ligada al precio anual de los productos agrícolas.
Plantas solares de cientos de hectáreas convertidas en pastos
El modelo ya funciona a una escala considerable.
Eric Bronson, propietario de James River Grazing Company, utiliza ovejas en una planta fotovoltaica de aproximadamente 175 MW situada en Charles City, Virginia.
Gray’s LAMBscaping ha llevado el concepto todavía más lejos. La empresa familiar de Jess y Marcus Gray se especializó directamente en el mantenimiento ganadero de instalaciones fotovoltaicas y llegó a gestionar miles de hectáreas.
Silicon Ranch, por su parte, aplicaba prácticas agrivoltaicas en 2024 sobre aproximadamente 5.260 hectáreas, trabajando con siete socios en 25 instalaciones repartidas entre cinco estados.
No se trata, por tanto, de colocar una docena de animales debajo de unos módulos para hacer una fotografía bonita. En determinados proyectos empieza a aparecer una nueva actividad profesional asociada a la energía solar: gestionar grandes rebaños dentro de plantas fotovoltaicas.
Más de 10,3 GW de instalaciones de doble uso documentadas en EE. UU. · alrededor de 600 proyectos · Silicon Ranch gestionaba unas 5.260 hectáreas mediante prácticas agrivoltaicas en 2024.
Qué ocurre con el suelo cuando desaparecen las segadoras
El beneficio potencial tampoco termina en las cuentas de explotación.
El pastoreo devuelve materia orgánica y nutrientes al suelo mediante las deyecciones de los animales. Si además se maneja adecuadamente la carga ganadera, puede mantenerse una cubierta vegetal permanente alrededor de los módulos.
Eso ayuda a reducir zonas desnudas susceptibles de erosión y mantiene raíces activas en el terreno.
Hay, además, una diferencia energética pequeña pero relevante: un animal no necesita combustible para cortar la hierba.
Se reducen determinados desplazamientos de maquinaria, el consumo asociado a la siega y parte de las operaciones mecánicas de mantenimiento.
Pero conviene no idealizarlo. Una carga excesiva de animales puede degradar la vegetación, compactar zonas concretas o perjudicar el suelo. Los rebaños necesitan agua, vallado, vigilancia, manejo sanitario y protección frente a depredadores.
El pastoreo regenerativo depende del manejo. No ocurre simplemente por colocar animales en una parcela.
Las placas también pueden convertirse en refugio frente al calor
La interacción entre animales y paneles tiene otra dimensión especialmente interesante ante un clima más cálido.
Las estructuras proporcionan zonas de sombra distribuidas por el terreno.
Para las ovejas supone disponer de refugio durante las horas de mayor radiación. Para determinados cultivos, la sombra parcial puede reducir las temperaturas extremas y la pérdida de agua por evapotranspiración.
Investigaciones agrivoltaicas recientes están intentando medir precisamente estas relaciones: temperatura del suelo, disponibilidad de forraje, humedad, comportamiento animal, producción agrícola y rendimiento fotovoltaico.
En 2025, una revisión científica elaborada por investigadores vinculados al USDA, la Universidad de Wyoming, Ohio State University, Oregon State University y otras organizaciones llegó a una conclusión prudente: el pastoreo ovino dentro de plantas solares resulta prometedor, pero todavía faltan datos de largo plazo.
No todos los climas, pastos, razas o configuraciones fotovoltaicas responderán igual.
Del pastoreo a cultivos, viñedos y colmenas
Las ovejas son probablemente la combinación más fácil porque pueden aprovechar instalaciones relativamente convencionales.
Los cultivos obligan a hilar más fino.
Los módulos pueden elevarse varios metros para permitir el paso de maquinaria, separarse más entre filas o utilizar sistemas móviles capaces de modificar su posición dependiendo de las necesidades del cultivo.
El Departamento de Energía estadounidense está financiando precisamente proyectos para averiguar dónde se encuentra ese equilibrio.
Ohio State University estudia producción de forraje y ganado dentro de una planta solar operativa de 180 MW. Rutgers analiza 11 cultivos diferentes, además de pastoreo y aceptación social. La Universidad de Arizona investiga cultivos y consumo de agua dentro de una instalación fotovoltaica de 121 MW.
Iowa State University trabaja con una planta experimental de 1,35 MW donde compara distintas alturas y configuraciones de módulos junto con horticultura y apicultura.
Ya no se busca demostrar simplemente que agricultura y placas pueden coexistir. La pregunta ahora es bastante más complicada: qué diseño produce la mejor combinación de alimentos, electricidad, agua, biodiversidad y rentabilidad.
Paneles elevados, seguidores solares, estructuras verticales y módulos semitransparentes permiten repartir mejor la radiación. El objetivo deja de ser maximizar únicamente los kWh y pasa a optimizar conjuntamente energía y agricultura.
Las abejas encuentran otro hueco entre los módulos
La apicultura constituye una variante diferente.
En estos proyectos se plantan especies florales autóctonas alrededor y debajo de los paneles para proporcionar alimento y refugio a insectos polinizadores. Las colmenas pueden añadirse después como actividad productiva.
En Virginia, Siller Pollinator Company obtiene una parte importante de su actividad trabajando precisamente con instalaciones solares.
La idea ha continuado extendiéndose. Richmond, por ejemplo, prepara sobre un antiguo vertedero clausurado una instalación de 5 MW acompañada de unas 6 hectáreas de hábitat para polinizadores, con entrada en funcionamiento prevista para finales de 2027.
También aquí existe riesgo de caer en el maquillaje verde. Dos colmenas colocadas junto a miles de paneles no constituyen por sí mismas un proyecto agrícola significativo. La calidad y extensión del hábitat, su gestión y la continuidad de la actividad importan bastante más.
Y ahora llegan las vacas
El siguiente reto es bastante mayor. Literalmente.
Las estructuras fotovoltaicas convencionales suelen estar demasiado bajas para introducir ganado vacuno con seguridad. Una vaca puede golpear componentes, rascarse contra las estructuras o alcanzar cableado situado a alturas que no representan un problema para una oveja.
Elevar módulos significa utilizar más acero y modificar la ingeniería de la planta.
Silicon Ranch comenzó a investigar este problema mediante CattleTracker, un proyecto orientado a desarrollar configuraciones capaces de compatibilizar grandes instalaciones fotovoltaicas con ganado vacuno.
Si esos sistemas terminan resultando competitivos, la superficie agrícola compatible con la fotovoltaica podría ampliarse considerablemente.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
El principal beneficio ambiental es bastante evidente: obtener dos producciones diferentes de una misma superficie.
Una parcela puede generar electricidad renovable mientras continúa manteniendo actividad agrícola. Eso no elimina los conflictos territoriales asociados a las grandes plantas solares, pero puede reducirlos.
También puede mantenerse una cubierta vegetal durante décadas, introducir especies autóctonas, crear hábitats para polinizadores y reducir determinadas labores mecanizadas.
En regiones cálidas y secas aparece otro factor: la sombra parcial puede disminuir la exposición del suelo y de algunos cultivos a temperaturas extremas. Estudios recientes han encontrado reducciones relevantes de evapotranspiración en determinadas configuraciones agrivoltaicas, aunque esos resultados no pueden trasladarse automáticamente a cualquier cultivo o clima.
Hay impactos negativos que tampoco deberían esconderse.
Construir una planta fotovoltaica requiere acero, aluminio, vidrio, hormigón, cableado y movimientos de maquinaria. Durante las obras puede producirse compactación del terreno. Una mala implantación puede modificar drenajes, dificultar el movimiento de fauna o reducir considerablemente la productividad agrícola.
Y existe una cuestión de fondo: no todos los terrenos agrícolas deberían albergar plantas solares simplemente porque puedan incorporar ovejas posteriormente.
La ubicación sigue importando.
No toda explotación necesita convertirse en una central solar
La agrivoltaica funciona mejor entendida como una herramienta, no como una solución universal.
Una parcela con cultivos altamente mecanizados puede requerir separaciones entre estructuras que hagan poco competitivo el proyecto eléctrico. Un terreno ganadero puede adaptarse mucho mejor. Un cultivo sensible al exceso de radiación podría beneficiarse de la sombra; otro podría perder rendimiento.
También existe un conflicto económico.
Si los ingresos energéticos son muy superiores a los agrícolas, aparece el riesgo de que con el tiempo la agricultura termine subordinada a la producción eléctrica.
Precisamente por eso las nuevas definiciones regulatorias resultan interesantes. Exigir producción agrícola comercial durante la vida útil del proyecto dificulta que cualquier planta solar instalada sobre suelo rural pueda presentarse como agrivoltaica.
El doble uso funciona cuando la actividad agrícola sigue siendo productiva y económicamente real. Si los animales o cultivos aparecen únicamente para justificar la ocupación del terreno, el concepto pierde buena parte de su sentido.
Vía appvoices.org

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