
Científicos de la UNAM afirman que México se está calentando más rápido que el promedio global. Mientras el mundo experimenta un incremento de aproximadamente 2°C por siglo, en México es de 3.2°C.
- México se calienta a ritmo más rápido: 3,2 °C por siglo.
- Desde 2023: temperatura global >1,5 °C.
- Producción de café en Veracruz cayó casi 50 %.
- Necesaria una estrategia climática con respaldo político.
- 35,3 millones de viviendas con carencias graves.
- Riesgo social ligado a la desigualdad estructural.
- Requiere ciudadanía ambiental informada.
MÉXICO SE CALIENTA MÁS QUE EL PROMEDIO DEL PLANETA
El calentamiento global se acelera y México lo sufre con mayor intensidad. Según Francisco Estrada Porrúa, coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, la temperatura en México ha aumentado 1,8 °C desde la era preindustrial, mientras que el planeta registra un promedio de 1,2 °C. Esta diferencia implica una tasa de incremento del orden de 3,2 °C por siglo, frente a los 2 °C globales. Es un escenario alarmante.
Desde 2023, el planeta ha superado consistentemente los 1,5 °C estipulados en los Acuerdos de París como límite crítico. Lo más preocupante es que los modelos climáticos predecían un enfriamiento después de fenómenos como El Niño, pero no ha ocurrido. Esto plantea dudas sobre si estamos subestimando la capacidad de autorregulación del planeta o si ya estamos en una nueva fase del cambio climático.
IMPACTOS ECONÓMICOS Y AMBIENTALES YA VISIBLES
El impacto es tangible. La producción de café en Veracruz se ha desplomado. Estudios anteriores del propio Estrada proyectaban una pérdida del 24 % para 2020; sin embargo, la realidad en 2024 muestra un descenso del 48 %, reflejo del cambio climático más agresivo de lo previsto.
Este patrón no es exclusivo del café. La agricultura, la seguridad hídrica y la biodiversidad nacional ya están siendo afectadas, con consecuencias económicas directas para comunidades rurales y urbanas.
NECESIDAD DE UNA NUEVA VISIÓN CLIMÁTICA
Enrique Provencio Durazo, del Programa Universitario de Estudios del Desarrollo, subrayó que la acción climática debe integrarse como eje del desarrollo nacional, no como una política secundaria. Destacó la importancia de alinear las estrategias públicas con los compromisos internacionales y dotarlas de presupuesto y respaldo político real.
También llamó a integrar el cambio climático como parte de una visión de progreso, utilizando instrumentos económicos para promover inversiones verdes, mitigación, deforestación cero y proyectos energéticos sostenibles.
CIUDADANÍA AMBIENTAL Y EQUIDAD SOCIAL
Eduardo Vega López recalcó que la Cumbre de Rectoras y Rectores 2025 busca crear una ciudadanía ambiental comprometida, donde las personas no solo estén informadas, sino que actúen de forma consciente y sostenible.
Por su parte, Naxhelli Ruiz Rivera señaló que el cambio climático no impacta a todos por igual. Hay estructuras de desigualdad que intensifican sus efectos. En México, 35,3 millones de viviendas presentan deficiencias graves. Muchas tienen más de 30 años, problemas de humedad, filtraciones o construcciones con materiales obsoletos como el amianto, que agravan los riesgos en caso de fenómenos extremos.
Tras el huracán Otis, 296 mil menores fueron afectados, mostrando la dimensión social del desastre climático: deserción escolar, enfermedades, explotación. La vulnerabilidad se multiplica en ausencia de políticas que atiendan el tejido social y urbano.
El panorama es preocupante, pero también abre la puerta a soluciones tecnológicas y estructurales que pueden revertir o mitigar estos efectos:
- Energías renovables: México tiene un potencial solar y eólico enorme. Impulsar estos sectores puede reducir drásticamente emisiones, descentralizar la generación energética y crear empleos verdes. Eficiencia energética en viviendas: Rehabilitar viviendas con materiales sostenibles, libres de amianto, eficientes térmicamente y resistentes al clima extremo puede reducir tanto emisiones como vulnerabilidad social.
- Infraestructura verde urbana: Espacios naturales, techos verdes y corredores ecológicos en ciudades ayudan a reducir el calor, absorber CO₂ y mejorar la calidad de vida.
- Educación ambiental: La formación de una ciudadanía ambiental no es un lujo, es condición básica para una transformación estructural.
- Políticas fiscales ecológicas: Reformas que graven emisiones contaminantes y redirijan subsidios hacia tecnologías limpias pueden acelerar el cambio sin comprometer la competitividad económica.
El cambio climático es una amenaza existencial, pero también una oportunidad única para reconstruir nuestras ciudades, economías y relaciones con el medio ambiente desde una base sostenible y justa.



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