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Startup estadounidense activa el mayor láser de propiedad privada del mundo para avanzar hacia la energía de fusión

28 julio, 2026 Deja un comentario

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Xcimer enciende un láser de 38 metros y más de 1 kJ de energía para acelerar el desarrollo de reactores de fusión comercial.

  • ⚡ Mayor láser privado del mundo.
  • 🔬 Nueva apuesta por la fusión nuclear.
  • 🌞 Inspiración en el éxito del NIF.
  • 🚀 Compresión ultrarrápida del combustible.
  • 🏭 Objetivo: centrales eléctricas comerciales.
  • 🌍 Posible electricidad sin emisiones directas de CO₂.

El mayor láser privado del mundo ya está en marcha: el siguiente paso hacia una energía de fusión comercial

Un nuevo protagonista en la carrera por la fusión

La empresa estadounidense Xcimer Energy ha puesto en funcionamiento Phoenix, un sistema que, según la compañía, es el mayor láser de propiedad privada del mundo. No se trata de un récord meramente tecnológico. El encendido de este equipo representa un paso importante dentro de una de las carreras científicas más ambiciosas del siglo XXI: conseguir que la energía de fusión deje de ser un experimento de laboratorio y pueda convertirse en una fuente de electricidad estable, limpia y económicamente viable.

Durante décadas, la fusión ha sido considerada el «Santo Grial» de la energía. La razón es sencilla: reproduce el mismo proceso que alimenta al Sol, uniendo núcleos atómicos ligeros para liberar enormes cantidades de energía sin generar emisiones directas de dióxido de carbono durante la producción eléctrica.

Aunque todavía quedan importantes retos técnicos y económicos, el creciente interés de empresas privadas demuestra que el sector ya no depende únicamente de grandes laboratorios financiados por los gobiernos.

Cómo funciona esta tecnología basada en láseres

El enfoque de Xcimer se inspira directamente en el trabajo realizado por la National Ignition Facility (NIF), el laboratorio estadounidense que en 2022 consiguió un hito histórico al demostrar la ignición por fusión, es decir, obtener más energía procedente de la reacción de fusión que la absorbida por el propio combustible durante el proceso de ignición.

El sistema parte de un principio relativamente sencillo de explicar, aunque extraordinariamente complejo de ejecutar.

Un conjunto de láseres dirige una enorme cantidad de energía hacia una diminuta cápsula de combustible, de apenas unos milímetros de diámetro. Esa energía no impacta directamente sobre el combustible, ya que primero golpea un pequeño recipiente metálico que transforma la luz láser en rayos X. Estos rayos comprimen la cápsula desde todas las direcciones casi al mismo tiempo.

La presión y la temperatura alcanzadas son tan extremas que los átomos del combustible llegan a fusionarse, liberando una enorme cantidad de energía.

Todo este proceso ocurre en apenas unos nanosegundos.

Phoenix busca simplificar una tecnología extremadamente compleja

El gran desafío de la fusión mediante láser nunca ha sido únicamente provocar una reacción.

El verdadero reto consiste en repetir ese proceso miles de veces al día con suficiente eficiencia como para producir electricidad de forma continua y rentable.

Aquí es donde Phoenix pretende marcar diferencias.

La compañía utiliza un sistema basado en láseres de excímero de fluoruro de criptón, una tecnología conocida desde hace años en la fabricación de semiconductores, aunque adaptada a niveles de potencia muy superiores. El nuevo sistema alcanza más de 1 kilojulio por pulso y posee una estructura central de aproximadamente 38 metros de longitud.

Según Xcimer, esta arquitectura permitiría desarrollar láseres más potentes y menos complejos, reduciendo parte de los enormes costes asociados a las instalaciones actuales de investigación.

Del laboratorio a una central eléctrica

Phoenix no está diseñado para producir electricidad.

Su función consiste en validar tecnologías que permitan construir una futura central de fusión.

El diseño conceptual de Xcimer contempla dos grandes láseres capaces de emitir pulsos de apenas unos microsegundos, cuya energía sería comprimida posteriormente hasta concentrarse en unos pocos nanosegundos antes de alcanzar el combustible.

Esta compresión ultrarrápida resulta fundamental. Cuanto más rápidamente se concentre la energía sobre la cápsula, mayores serán las probabilidades de iniciar una reacción de fusión eficiente.

La diferencia de escala sigue siendo enorme. Mientras Phoenix supera el 1 kilojulio, una planta comercial necesitaría superar aproximadamente los 12 megajulios, es decir, multiplicar la energía disponible varios miles de veces respecto al sistema actual.

La inversión privada acelera el desarrollo de la fusión

Hasta hace pocos años, la investigación en fusión estaba dominada casi exclusivamente por grandes programas públicos.

Ese panorama está cambiando rápidamente.

Empresas como Xcimer, Commonwealth Fusion Systems, Helion Energy, TAE Technologies o First Light Fusion están atrayendo miles de millones de euros en inversión privada para explorar caminos tecnológicos muy distintos entre sí. Algunas recurren al confinamiento magnético mediante tokamaks, otras utilizan proyectiles hiperveloces y varias, como Xcimer, apuestan por el confinamiento inercial mediante láseres.

Esta diversidad resulta especialmente positiva. Todavía no existe una única tecnología ganadora y desarrollar varias aproximaciones aumenta las posibilidades de encontrar soluciones viables.

Además, la competencia entre empresas suele acelerar la innovación y reducir costes con el paso del tiempo.

Un camino todavía lleno de desafíos

El entusiasmo que despierta la fusión debe ir acompañado de cierta prudencia.

Obtener una reacción puntual de fusión constituye un logro extraordinario, aunque transformar ese éxito en una central eléctrica comercial plantea desafíos completamente diferentes.

Será necesario desarrollar materiales capaces de soportar millones de ciclos de funcionamiento, fabricar cápsulas de combustible a gran velocidad y bajo coste, mejorar la eficiencia de los propios láseres y diseñar sistemas capaces de convertir el calor generado en electricidad de forma continua.

También habrá que demostrar que todo el proceso puede competir económicamente con tecnologías renovables ya consolidadas, como la energía solar fotovoltaica, la eólica o el almacenamiento mediante baterías.

Precisamente por eso, numerosos expertos consideran que la fusión no sustituirá a las energías renovables. Más bien podría convertirse en un complemento dentro de un sistema energético altamente descarbonizado.

Europa también acelera la carrera

La investigación en fusión vive un momento especialmente activo a escala internacional.

En Europa continúa avanzando el proyecto ITER, en el sur de Francia, el mayor experimento mundial de fusión por confinamiento magnético, impulsado por una colaboración internacional formada por más de treinta países. Paralelamente, el programa europeo desarrolla el futuro reactor DEMO, concebido para demostrar la producción continuada de electricidad mediante fusión.

En Estados Unidos, el Departamento de Energía mantiene una estrategia para acelerar el desarrollo de centrales de fusión comerciales mediante la colaboración con empresas privadas. El creciente apoyo institucional y financiero refleja un cambio de enfoque: la fusión ya no se contempla únicamente como investigación básica, también como una posible pieza del futuro sistema energético.

Potencial

Si consigue superar los obstáculos tecnológicos actuales, la energía de fusión podría convertirse en una herramienta muy valiosa para avanzar hacia un sistema energético con bajas emisiones de carbono.

Su capacidad para generar electricidad de forma continua permitiría complementar la producción variable de la energía solar y eólica, reduciendo la necesidad de recurrir a centrales alimentadas con combustibles fósiles cuando no hay sol o viento.

También podría suministrar calor industrial de alta temperatura, una demanda difícil de cubrir con otras tecnologías limpias, facilitar la producción de hidrógeno de bajas emisiones mediante electrólisis y reforzar la seguridad energética de muchos países al disminuir la dependencia de combustibles importados.

A corto plazo, avances como Phoenix no transformarán el sistema eléctrico. Sin embargo, cada nuevo desarrollo permite validar componentes, mejorar la eficiencia de los equipos y acercar una tecnología que, durante décadas, parecía inalcanzable. La fusión todavía necesita tiempo, inversión y mucha ingeniería. Pero el hecho de que empresas privadas ya construyan infraestructuras de esta escala indica que la carrera ha entrado en una fase muy distinta a la de hace apenas unos años.

Vía Xcimer

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Publicado en: Energías Renovables

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