
FlexBase desarrolla en Suiza una batería redox de 2,1 GWh para almacenar energía renovable y evitar apagones.
- 🔋 2,1 GWh de almacenamiento masivo.
- ⚡ Estabilización de red eléctrica europea.
- 🌬️ Excedentes eólicos aprovechados.
- 🏭 Infraestructura híbrida: batería + cent.ro tecnológico.
- 🔥 Tecnología no inflamable y reciclable.
- ⏳ Almacenamiento energético de larga duración.
Un enorme foso en Suiza albergará la batería redox más potente del mundo
En el norte de Suiza, una excavación que a simple vista parece una obra más acabará convirtiéndose en algo bastante poco habitual: el corazón de una de las mayores infraestructuras de almacenamiento energético de Europa. Un foso de unos 27 metros de profundidad y con dimensiones comparables a dos campos de fútbol albergará una batería de flujo redox de escala sin precedentes.
El proyecto, impulsado por la empresa suiza FlexBase, no es precisamente pequeño. Se habla de una inversión superior a los 1.000 millones de dólares, con un objetivo claro: aportar estabilidad a una red eléctrica cada vez más dependiente de fuentes renovables variables.
Y aquí está el punto clave. No se trata solo de almacenar energía. Se trata de equilibrar un sistema energético que ya no es predecible.
Una tecnología con más de un siglo que vuelve a cobrar sentido
Aunque pueda parecer una innovación reciente, la base de esta tecnología se remonta a finales del siglo XIX. Fue posteriormente perfeccionada en el siglo XX, en parte gracias a investigaciones impulsadas por la NASA. Pero no ha sido hasta ahora, con la presión por descarbonizar la economía, cuando ha encontrado su momento.
Las baterías de flujo redox funcionan de forma distinta a las de litio. En lugar de almacenar energía en electrodos sólidos, lo hacen en electrolitos líquidos que se almacenan en grandes depósitos. Estos líquidos se bombean a través de una celda electroquímica donde se produce el intercambio de iones.
Lo interesante es que la energía no está limitada por el tamaño de la celda, sino por el volumen de los tanques. Es decir, más tanque, más capacidad. Simple, pero potente.
Además, los ciclos de carga y descarga son extremadamente estables. No hay degradación significativa como ocurre en otras tecnologías. Eso se traduce en una vida útil muy larga, casi indefinida en términos operativos.

2,1 GWh: una cifra que cambia las reglas del juego
La instalación suiza tendrá una capacidad de 2,1 GWh, suficiente para abastecer aproximadamente a 210.000 hogares durante un día completo. No es solo un número llamativo, es una escala que empieza a competir con infraestructuras energéticas tradicionales.
De hecho, la capacidad de inyección o absorción de energía será comparable a la de una central nuclear cercana, como la de Leibstadt. Pero con una diferencia importante: aquí no se genera energía, se gestiona.
En un contexto donde la producción renovable —especialmente eólica— puede variar en cuestión de minutos, disponer de sistemas capaces de responder en milisegundos marca la diferencia. Evitar apagones, sí. Pero también optimizar el uso de la energía disponible.
Más allá del almacenamiento: integración con la economía digital
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es su integración en un complejo tecnológico que incluirá centros de datos, laboratorios y oficinas. Esto no es casual.
Los centros de datos, especialmente los asociados a inteligencia artificial, están disparando su consumo energético. Y lo hacen de forma continua, con picos difíciles de gestionar. Aquí es donde esta batería puede jugar un papel estratégico: actuar como colchón energético para absorber picos de demanda sin tensionar la red.
En otras palabras, no solo se trata de renovables. También de cómo alimentar una economía digital cada vez más intensiva en energía sin aumentar las emisiones.
Una tendencia que gana fuerza en Europa y Asia
Suiza no está sola en esta apuesta. Países como Alemania y Japón llevan años explorando el potencial de esta tecnología. En China, ya existe una instalación de unos 700 MWh, considerada actualmente una de las mayores operativas.
Lo que está ocurriendo es interesante: mientras las baterías de litio dominan el almacenamiento a corto plazo (vehículos eléctricos, autoconsumo doméstico), las de flujo redox empiezan a posicionarse como solución para el almacenamiento de larga duración y a gran escala.
No compiten directamente. Se complementan.
Potencial
El desarrollo de este tipo de infraestructuras abre varias puertas. Algunas bastante evidentes, otras no tanto.
Por ejemplo, permite integrar una mayor proporción de energías renovables intermitentes sin comprometer la estabilidad del sistema. También facilita reducir la dependencia de centrales de respaldo basadas en gas, que siguen siendo habituales en Europa.
A nivel práctico, podría impulsar modelos de consumo más flexibles. Redes eléctricas más inteligentes, capaces de adaptarse en tiempo real. Incluso la posibilidad de almacenar excedentes renovables a escala regional para utilizarlos en momentos críticos.
Y hay otra idea interesante: acercar la generación y el consumo. Si estas baterías se integran junto a centros de datos, industrias o incluso ciudades, se reduce la necesidad de transportar energía a largas distancias. Menos pérdidas, más eficiencia.
Vía Switzerland builds world’s most powerful redox-flow battery – SWI swissinfo.ch



Prof. TEOFILO ROJO dice
No se ha tenido en cuenta el coste y la toxicidad del vanadio. Aspectos muy importantes que deberían ser analizados