
Una expedición nocturna por la selva colombiana permitió localizar una especie de nenúfar desconocida para la ciencia. Ahora, los investigadores intentan evitar su desaparición.
- 🌿 Nueva especie: Victoria colombiana, el cuarto nenúfar gigante del género Victoria descrito científicamente.
- 📏 Dimensiones extraordinarias: sus hojas circulares pueden alcanzar los 2 metros de diámetro.
- 📸 Un hallazgo inesperado: una fotografía publicada en Instagram permitió iniciar la investigación.
- 🛶 Expedición contrarreloj: los científicos encontraron ejemplares en flor tras navegar de madrugada por una selva inundada.
- ⚠️ Población extremadamente reducida: se estima que quedan entre 30 y 50 plantas silvestres, aunque podrían existir poblaciones todavía desconocidas.
- 🛰️ Tecnología para conservarla: las imágenes de satélite permiten localizar sus enormes hojas desde el espacio.
Una fotografía publicada en Instagram hace cinco años ha terminado convirtiéndose en un descubrimiento botánico extraordinario. Un investigador del Real Jardín Botánico de Kew, en Reino Unido, identificó en la imagen una planta acuática que no debería encontrarse en aquella región de Colombia. Tras años de investigación y una expedición nocturna por la selva inundada, los científicos han confirmado que se trata de una nueva especie de nenúfar gigante, con hojas de hasta 2 metros de diámetro y una población silvestre estimada de apenas 30 a 50 ejemplares.
La planta, denominada Victoria colombiana, acaba de incorporarse oficialmente al catálogo científico de especies conocidas. Su descubrimiento también pone de manifiesto que algunas de las plantas más espectaculares del planeta todavía pueden permanecer sin identificar científicamente, incluso cuando las comunidades locales llevan generaciones conviviendo con ellas.
Una fotografía de Instagram que escondía una especie desconocida
La historia comenzó hace aproximadamente cinco años, cuando Carlos Magdalena, especialista en plantas acuáticas del Real Jardín Botánico de Kew, encontró en Instagram unas fotografías tomadas por Jeremiah Harris en la región colombiana de Inírida.
Harris, propietario de un vivero de plantas carnívoras en Estados Unidos, había identificado inicialmente el nenúfar como Victoria amazonica, una especie conocida por sus enormes hojas flotantes.
Sin embargo, Magdalena detectó un detalle que despertó sus sospechas: ninguna de las especies de Victoria conocidas hasta entonces tenía una distribución natural documentada en aquella zona del río Inírida, dentro de la cuenca del Orinoco.
La ubicación geográfica no demostraba por sí sola que se tratara de una especie diferente, pero justificaba investigar el hallazgo.
El botánico comenzó a examinar imágenes de satélite de los lagos y humedales de la región. Para su sorpresa, consiguió distinguir las enormes hojas circulares de los nenúfares sobre la superficie del agua.
Las imágenes confirmaban que aquellas plantas estaban presentes en la zona fotografiada, aunque todavía era necesario obtener muestras botánicas para determinar su identidad.

Una expedición de cinco días que casi termina sin resultados
Para estudiar las plantas directamente, Magdalena contactó con Mauricio Bernal, del Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis.
Ambos organizaron una expedición con la colaboración de Nilo Rodríguez, Jaime Hernández y Gustavo Melo, conocedores indígenas del territorio y sus ecosistemas.
La preparación requirió cerca de dos años.
Una vez en la región de Inírida, el equipo emprendió una expedición de cinco días por ríos, lagunas y bosques tropicales inundados.
Los primeros resultados fueron decepcionantes.
Los investigadores encontraron únicamente dos plantas y ninguna estaba floreciendo.
Este detalle representaba un problema importante: para describir formalmente una nueva especie vegetal resulta fundamental disponer de material botánico adecuado, especialmente estructuras reproductivas que permitan compararla con especies relacionadas.
Además, las intensas lluvias habían elevado considerablemente el nivel del agua, dificultando la localización de nuevos ejemplares.
Cuando la expedición estaba a punto de concluir, los investigadores todavía no habían conseguido las muestras necesarias.

A la una de la madrugada, una última oportunidad cambió la investigación
La noche anterior al vuelo de regreso a Bogotá, previsto para las nueve de la mañana, Magdalena explicó la situación a Gustavo Melo, el barquero indígena que acompañaba a la expedición.
Melo aseguró conocer otro lugar donde crecían aquellos nenúfares.
A pesar de que apenas quedaban diez horas para tomar el avión, el equipo decidió intentarlo.
A la una de la madrugada comenzaron a navegar por la selva inundada, completamente a oscuras, confiando en el conocimiento del territorio y las habilidades de navegación de Melo.
Poco antes del amanecer llegaron a una pequeña laguna escondida entre la vegetación.
Allí encontraron cinco plantas adicionales, entre ellas un ejemplar en flor.
El hallazgo proporcionó finalmente el material necesario para iniciar la descripción científica.
En total, durante aquella expedición documentaron siete plantas distribuidas en dos lagunas.
El equipo consiguió regresar a tiempo para tomar su vuelo.
La experiencia demuestra la importancia del conocimiento ecológico de las comunidades indígenas: los científicos disponían de tecnología avanzada, pero fue la experiencia de quienes conocían el territorio la que permitió encontrar los ejemplares decisivos.

Victoria colombiana: un nenúfar gigante cuyas hojas alcanzan los 2 metros
La nueva especie pertenece al género Victoria, un grupo de plantas acuáticas tropicales famosas por sus gigantescas hojas flotantes.
Con su incorporación, el género cuenta con cuatro especies científicamente reconocidas:
- Victoria amazonica.
- Victoria cruziana.
- Victoria boliviana.
- Victoria colombiana, la especie recién descrita.
Las hojas de Victoria colombiana pueden alcanzar 2 metros de diámetro, una dimensión extraordinaria para una planta acuática.
Como sucede con otros nenúfares gigantes, estas estructuras flotantes permiten extender una amplia superficie fotosintética sobre el agua.
En el género Victoria, las hojas presentan una arquitectura especializada, con nervaduras que proporcionan soporte estructural y tejidos adaptados a la flotación.
Estas características ayudan a explicar cómo una planta puede desarrollar superficies foliares tan grandes sin necesitar un tallo rígido que las sostenga por encima del agua.
Sin embargo, el tamaño de sus hojas no es suficiente para identificar una especie. La clasificación botánica requiere estudiar un conjunto de características morfológicas y reproductivas y compararlas con las de sus parientes cercanos.
El descubrimiento de Victoria colombiana ha sido publicado en la revista científica Phytotaxa, mediante el trabajo titulado Discovery of a new species of Victoria (Nymphaeaceae) in the Orinoco watershed of Colombia.
Una planta tan grande que puede localizarse desde el espacio
Uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento es el uso de imágenes de satélite.
Las enormes hojas de estos nenúfares pueden distinguirse en imágenes de alta resolución cuando las condiciones de observación son adecuadas.
Los investigadores aprovecharon esta característica para examinar lagos de difícil acceso y buscar posibles poblaciones.
Posteriormente, el análisis mediante sistemas de información geográfica permitió identificar una tercera laguna donde también estaba presente la especie.
Esta metodología ofrece una ventaja importante para la conservación.
En lugar de recorrer físicamente cada laguna de una extensa región tropical, los científicos pueden utilizar imágenes de satélite para seleccionar las zonas más prometedoras y planificar expediciones de campo.
No obstante, existen limitaciones.
La visibilidad de las plantas depende del nivel del agua, la estación del año, la resolución de las imágenes y las condiciones ambientales.
Durante los periodos más secos pueden quedar expuestas más hojas, pero el acceso terrestre a determinadas lagunas puede resultar complicado.
En cambio, cuando los bosques están inundados, desplazarse en embarcación resulta más sencillo, aunque algunas plantas pueden quedar sumergidas o ser difíciles de detectar.
Por tanto, las observaciones satelitales deben complementarse con comprobaciones sobre el terreno.
Solo quedarían entre 30 y 50 ejemplares silvestres
El aspecto más preocupante del descubrimiento es la aparente escasez de la nueva especie.
Según las estimaciones actuales, la población silvestre conocida de Victoria colombiana podría situarse entre 30 y 50 plantas.
Esta cifra no constituye un censo exhaustivo de toda su área de distribución. Los investigadores reconocen que podrían existir poblaciones adicionales todavía sin localizar.
Aun así, el número estimado es suficientemente reducido como para justificar una atención urgente.
El equipo científico trabaja para evaluar formalmente su estado de conservación y estudiar su posible inclusión en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como especie en peligro crítico.
Es importante distinguir entre una especie potencialmente amenazada y una clasificación oficial: la evaluación definitiva todavía está pendiente.
La conservación resulta especialmente compleja cuando se desconoce con precisión cuántos individuos existen, dónde se distribuyen y qué condiciones ambientales necesitan para reproducirse.
También será necesario estudiar posibles amenazas sobre su hábitat y determinar hasta qué punto sus poblaciones están conectadas entre sí.

Cómo pretenden evitar que desaparezca
Los investigadores ya están estudiando distintas medidas para favorecer la supervivencia de Victoria colombiana.
Una posibilidad consiste en establecer una población adicional en una laguna más accesible situada dentro de territorio indígena.
Este emplazamiento podría facilitar el seguimiento de las plantas y contribuir al desarrollo de actividades de ecoturismo gestionadas localmente.
Otra línea de trabajo contempla la recolección de semillas y el cultivo de ejemplares en el Jardín Botánico de Bogotá.
La conservación fuera del hábitat natural, conocida como conservación ex situ, puede servir como medida complementaria cuando una especie presenta poblaciones silvestres muy reducidas.
Sin embargo, cultivar plantas en jardines botánicos no sustituye la protección de sus ecosistemas originales.
También será importante conocer la diversidad genética de las poblaciones y evitar que las actuaciones de conservación comprometan su adaptación al medio natural.
Si los ensayos de cultivo tienen éxito, Victoria colombiana podría llegar a exhibirse en el Real Jardín Botánico de Kew junto a las otras especies del género.
Por ahora, se trata de una posibilidad futura, no de un proyecto de cultivo ya completado.
Más información: Carlos Magdalena et al., Descubrimiento de una nueva especie de Victoria (Nymphaeaceae) en la cuenca del Orinoco de Colombia, Phytotaxa (2026). DOI: 10.11646/phytotaxa.778.2.1

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