
Un estudio revela que India ganó 2,1 millones de hectáreas de bosque seco tropical en una década gracias a programas de restauración y reforestación.
- 🌳 2,1 millones de hectáreas de bosque seco tropical recuperadas.
- 🛰️ Diez años de seguimiento mediante imágenes de satélite.
- 🌱 Programas públicos de restauración con resultados visibles.
- 🌾 Expansión de plantaciones comerciales en numerosas zonas.
- 🦜 Pérdida continuada de algunos bosques nativos.
- 🌍 Diferencia clave entre más árboles y más biodiversidad.
India gana 2,1 millones de hectáreas de bosques secos en una década, aunque los científicos advierten de que no todo es una buena noticia
Un crecimiento forestal que cambia el mapa de India
India ha incrementado su superficie de bosque seco tropical en aproximadamente 2,1 millones de hectáreas entre 2014 y 2024, según una investigación en la que han participado científicos del Global Development Institute de la Universidad de Mánchester. Se trata de una superficie superior a la de muchos países pequeños europeos y representa uno de los cambios más importantes registrados en este tipo de ecosistemas durante la última década.
El estudio, basado en imágenes de satélite de alta resolución, muestra que buena parte de este crecimiento coincide con grandes programas nacionales de reforestación, restauración ecológica y aumento de la cubierta arbórea impulsados por las administraciones públicas.
Sin embargo, la investigación introduce un matiz que resulta esencial para comprender lo que realmente está ocurriendo sobre el terreno: tener más árboles no implica necesariamente recuperar un bosque natural.
El bosque seco tropical, un ecosistema mucho más importante de lo que parece
Cuando se habla de bosques tropicales, la atención suele centrarse en las selvas húmedas. Los bosques secos tropicales reciben bastante menos protagonismo pese a desempeñar funciones ambientales igual de relevantes.
Estos ecosistemas soportan largos periodos de sequía, albergan una enorme diversidad de especies adaptadas a condiciones extremas y proporcionan recursos básicos para millones de personas. Además, ayudan a regular el ciclo del agua, protegen el suelo frente a la erosión, almacenan carbono y amortiguan los efectos de las temperaturas extremas.
En India ocupan grandes extensiones del territorio y constituyen una pieza fundamental para numerosas comunidades rurales, que dependen de ellos para obtener leña, frutos, forraje o plantas medicinales.

Las políticas públicas empiezan a reflejarse desde el espacio
Los investigadores atribuyen buena parte del incremento observado a varios programas nacionales destinados a aumentar la cobertura forestal.
Entre ellos destacan la Green India Mission, el Compensatory Afforestation Fund y el National Afforestation Programme, iniciativas que durante los últimos años han financiado proyectos de restauración, recuperación de áreas degradadas y plantaciones en diferentes estados del país.
Lo interesante del trabajo es que demuestra cómo las políticas ambientales pueden dejar una huella visible incluso desde los satélites. No siempre ocurre. En muchas ocasiones los planes de reforestación apenas consiguen consolidarse por falta de mantenimiento o por condiciones climáticas desfavorables.
En este caso, la evolución detectada sugiere que una parte significativa de esas actuaciones ha logrado mantenerse en el tiempo.
No todos los nuevos árboles forman un bosque
Aquí aparece la parte más interesante del estudio.
Los investigadores comprobaron que los aumentos de cobertura arbórea presentan comportamientos muy distintos dependiendo del tipo de terreno.
Dentro de los bosques gestionados por el Estado, el incremento parece estar relacionado principalmente con actuaciones de restauración ecológica y conservación.
Fuera de esas áreas públicas, gran parte del crecimiento corresponde a plantaciones de madera o cultivos arbóreos comerciales establecidos sobre terrenos agrícolas o privados.
Aunque ambos escenarios incrementan la cantidad de árboles presentes en el paisaje, sus funciones ecológicas pueden ser muy diferentes.
Un bosque natural alberga múltiples especies vegetales de distintas edades, una compleja red de microorganismos, aves, mamíferos, insectos y hongos que han evolucionado conjuntamente durante siglos. Una plantación comercial, incluso bien gestionada, suele presentar una diversidad mucho menor y una estructura mucho más homogénea.
La diferencia entre recuperar naturaleza y aumentar la cubierta arbórea
Durante los últimos años numerosos países han anunciado incrementos en su superficie forestal gracias a campañas masivas de plantación.
Sin embargo, cada vez más investigadores recuerdan que la cubierta arbórea y la recuperación ecológica no son conceptos equivalentes.
Una plantación puede capturar carbono, reducir la erosión e incluso generar ingresos para las poblaciones locales. Todo eso aporta beneficios importantes.
Ahora bien, recuperar un bosque maduro implica procesos mucho más complejos: restaurar las especies originales, favorecer la regeneración natural, recuperar la fauna asociada y restablecer los ciclos ecológicos que sostienen el ecosistema.
Precisamente por ese motivo, los científicos observaron que algunos bosques secos nativos continuaron perdiéndose pese al aumento general de árboles registrado en el conjunto del país.
La tecnología permite entender mejor lo que ocurre sobre el terreno
Uno de los aspectos más destacados del estudio es la utilización de teledetección mediante satélite con un nivel de detalle muy superior al empleado en muchos inventarios forestales tradicionales.
Gracias a estas herramientas resulta posible distinguir dónde aparecen nuevas masas forestales, qué áreas desaparecen y cómo evolucionan distintos tipos de vegetación a lo largo del tiempo.
En los últimos años, el acceso a imágenes procedentes de satélites como los programas Copernicus de la Unión Europea o Landsat ha revolucionado el seguimiento ambiental. Hoy es posible evaluar incendios, sequías, cambios en el uso del suelo o procesos de restauración prácticamente en tiempo real, algo impensable hace apenas dos décadas.
Esta combinación de observación terrestre y análisis con inteligencia artificial está mejorando notablemente la planificación de políticas de conservación y permitiendo detectar problemas antes de que resulten irreversibles.
Qué significa este resultado para la lucha contra el cambio climático
El incremento de superficie arbolada supone una noticia positiva desde el punto de vista climático porque los árboles almacenan carbono atmosférico durante su crecimiento, ayudan a moderar las temperaturas locales y favorecen la infiltración del agua en el suelo.
No obstante, los investigadores recuerdan que la calidad del ecosistema también condiciona su capacidad para resistir sequías, plagas o incendios.
Los bosques diversos suelen mostrar una mayor resiliencia frente a fenómenos extremos. En cambio, las plantaciones con pocas especies pueden resultar más vulnerables cuando cambian las condiciones climáticas.
Este enfoque está ganando protagonismo también en las estrategias internacionales impulsadas dentro del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas (2021-2030), que pone el énfasis en recuperar ecosistemas funcionales y no únicamente aumentar el número de árboles.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La expansión de la cobertura arbórea puede aportar beneficios ambientales importantes cuando se realiza respetando las características naturales del territorio.
Entre sus efectos positivos destacan una mayor captura de carbono, la protección frente a la erosión, la mejora de la infiltración de agua, la creación de hábitats para numerosas especies y una mayor capacidad del paisaje para soportar episodios de calor extremo.
Aun así, el impacto depende del tipo de restauración realizada. Sustituir ecosistemas naturales por plantaciones uniformes puede reducir la diversidad biológica, alterar los ciclos hidrológicos locales y disminuir la disponibilidad de alimento para muchas especies silvestres.
Por ese motivo, los especialistas insisten en que los indicadores nacionales deberían distinguir con claridad entre bosques naturales, zonas restauradas y plantaciones forestales, facilitando decisiones de gestión mucho más precisas.
Más información: The research was published in the journal Environmental Research Letters. DOI: https://doi.org/10.1088/1748-9326/ae61cb

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