
La tecnología ya se ha probado en un proyecto de construcción en Francia y promete reducir el consumo de materiales, las emisiones de CO₂ y los residuos industriales.
- ♻️ Cartón y celulosa reciclados: los residuos se convierten en materia prima para fabricar moldes de grandes dimensiones.
- 🏗️ De varias semanas a 10 días: un proyecto desarrollado con Eiffage Construction redujo el tiempo de fabricación de un molde en más del 60 %.
- 🌍 Hasta un 60 % menos de emisiones de CO₂: reducción potencial comunicada por los desarrolladores frente a determinados moldes convencionales.
- ⚡ Alrededor de un 50 % menos de energía: ahorro estimado frente a la fabricación de moldes mediante mecanizado CNC.
- 🔧 Piezas reparables: las estructuras modulares permiten sustituir secciones deterioradas sin desechar el molde completo.
- 🏅 Reconocimiento internacional: la tecnología recibió en septiembre de 2026 el sello de solución eficiente de la Solar Impulse Foundation.
La construcción y la industria utilizan grandes moldes de madera, poliuretano y otros materiales para fabricar elementos arquitectónicos y piezas de gran tamaño. Muchos requieren semanas de preparación, generan residuos durante su mecanizado y resultan difíciles de reutilizar. Una empresa francesa ha desarrollado una alternativa que combina impresión 3D a gran escala, celulosa reciclada y fabricación digital para reducir el consumo de materiales, energía y tiempo.
La tecnología se llama CLAM (Continuous Laminate Additive Manufacturing) y ya se ha utilizado en un proyecto de construcción en Biarritz, Francia. Su propuesta consiste en transformar materiales reciclados en moldes industriales que pueden fabricarse con mayor rapidez, repararse por partes y reciclarse al finalizar su vida útil.

De los residuos de cartón a los moldes industriales
La tecnología CLAM ha sido desarrollada por la empresa francesa Munhoa Green Technologies para abordar uno de los problemas habituales de la fabricación industrial: la cantidad de material que se desperdicia al producir moldes y componentes de geometría compleja.
En los procesos convencionales, es frecuente partir de grandes bloques o paneles de material que posteriormente se cortan, fresan o mecanizan hasta conseguir la forma deseada.
Este procedimiento, conocido como fabricación sustractiva, puede generar cantidades importantes de recortes y virutas. Además, cuanto más compleja es la geometría, mayor puede ser el tiempo necesario para obtener el molde definitivo.

CLAM plantea un proceso diferente: construir la pieza mediante fabricación aditiva, depositando material de forma controlada y utilizando celulosa reciclada y otros materiales de origen biológico.
El resultado son estructuras de gran formato destinadas a aplicaciones industriales y arquitectónicas, entre ellas moldes para fabricar elementos de hormigón.
La principal innovación no consiste simplemente en imprimir objetos grandes, sino en combinar materiales reciclados, geometrías optimizadas y fabricación digital para reducir los recursos necesarios.

Cómo funciona la tecnología CLAM
El sistema utiliza un proceso de fabricación aditiva laminada continua que permite construir estructuras de gran tamaño a partir de materiales compuestos con contenido reciclado.
Aunque el fabricante no publica todos los detalles de su formulación y maquinaria, el principio técnico puede explicarse mediante cuatro etapas.
1. Preparación del material reciclado
El proceso parte de materiales de base celulósica, entre ellos cartón reciclado, que se incorporan a una formulación apta para fabricar componentes industriales.
El material debe proporcionar suficiente estabilidad dimensional y resistencia mecánica para soportar las condiciones de utilización del molde.
Esto resulta especialmente importante cuando se emplea para dar forma a elementos de hormigón, ya que debe resistir las cargas y presiones durante el vertido y fraguado.
2. Diseño digital del componente
La geometría del molde se prepara mediante herramientas de diseño asistido por ordenador.
La fabricación digital permite adaptar la distribución del material a la forma que se necesita producir, evitando mecanizar grandes volúmenes que posteriormente acabarían convertidos en residuos.
También facilita la producción de formas arquitectónicas complejas que pueden resultar más difíciles o costosas con métodos tradicionales.
3. Fabricación aditiva a gran escala
El sistema construye el molde progresivamente mediante su tecnología de laminación aditiva continua.
En lugar de retirar material de un bloque macizo, el proceso genera la estructura necesaria siguiendo el diseño digital.
Esta estrategia permite optimizar el consumo de materia prima y reducir determinadas operaciones de corte y mecanizado.
4. Utilización, reparación y reciclaje
Una vez fabricado, el molde puede utilizarse en el proceso industrial correspondiente.
Una característica destacada es su diseño modular y reparable. Si una zona resulta dañada, puede sustituirse individualmente, siempre que la configuración del componente lo permita.
Al terminar su vida útil, los moldes pueden recogerse y enviarse a reciclaje, como se contempla en el proyecto realizado en Biarritz.
De esta manera, la tecnología busca incorporar principios de economía circular a una actividad industrial que tradicionalmente depende de materiales de un solo uso o con posibilidades limitadas de recuperación.

Una aplicación real en Francia: moldes para fabricar elementos de hormigón
La tecnología ya cuenta con una aplicación documentada junto a Eiffage Construction, una de las grandes empresas francesas del sector.
El proyecto se desarrolló en Biarritz, Francia, en 2025, y consistió en fabricar moldes de gran formato mediante impresión 3D utilizando materiales basados en cartón reciclado.
Estos moldes se destinaron a producir elementos arquitectónicos de hormigón.
La comparación publicada por la Solar Impulse Foundation muestra una reducción considerable del tiempo necesario para disponer del molde.
| Indicador | Resultado comunicado |
|---|---|
| Fabricación convencional | 4–5 semanas |
| Fabricación con CLAM | 10 días |
| Reducción del plazo | Más del 60 % |
| Menor consumo de material | Entre un 30 % y un 40 % estimado |
| Material utilizado | Formulación basada en celulosa reciclada |
La reducción de material se atribuye principalmente a la eliminación de recortes y residuos asociados al mecanizado convencional.
El proyecto también destaca la posibilidad de recuperar los moldes al finalizar su utilización, lo que permite mantener parte de los materiales dentro del ciclo productivo.
El caso de Biarritz demuestra una aplicación industrial concreta, aunque sus resultados no deben extrapolarse automáticamente a todos los tipos de moldes o procesos de construcción.

Hasta un 60 % menos de emisiones y un 50 % menos de energía
Los desarrolladores de CLAM presentan varias ventajas ambientales potenciales frente a los sistemas convencionales.
Según la información publicada por la Solar Impulse Foundation, la sustitución de determinados moldes de madera y materiales termoplásticos por estructuras de celulosa reciclada podría reducir hasta un 60 % las emisiones de CO₂ asociadas a su fabricación.
También se comunica una disminución aproximada del 50 % en el consumo energético, tomando como referencia moldes producidos mediante mecanizado CNC.
Por otra parte, el fabricante señala que su proceso de fabricación aditiva puede reducir hasta un 60 % los residuos industriales frente a determinadas operaciones sustractivas.
Estas cifras deben interpretarse correctamente: son reducciones potenciales o estimaciones facilitadas en la documentación de la solución, no resultados universales verificados para cualquier aplicación.
El impacto ambiental real dependerá de factores como el origen de la celulosa, los materiales auxiliares utilizados, el consumo eléctrico, el transporte, la duración del molde y las posibilidades efectivas de reciclaje.
Para confirmar el ahorro climático de una aplicación concreta sería necesario realizar un análisis de ciclo de vida con límites de comparación equivalentes.
¿Qué ventajas ofrece frente a los moldes convencionales?
Una de las principales ventajas de esta tecnología es que actúa sobre una fase de la construcción que suele pasar desapercibida: la fabricación de herramientas y moldes auxiliares.
Cuando se habla de reducir las emisiones de un edificio, la atención suele centrarse en el cemento, el acero, el aislamiento o el consumo energético durante su utilización.
Sin embargo, también existe un impacto asociado a los procesos necesarios para fabricar sus componentes.
Los moldes son un buen ejemplo. Pueden requerir materiales adicionales, maquinaria, transporte y operaciones de acabado, aunque posteriormente no formen parte del edificio terminado.
CLAM pretende reducir precisamente ese impacto.
La fabricación digital también podría resultar interesante para proyectos arquitectónicos personalizados, en los que producir un molde convencional para una serie pequeña puede representar una parte importante del coste y del tiempo de ejecución.
La reparabilidad añade otra ventaja: prolongar la vida útil de los moldes evita tener que fabricar unidades completas de sustitución cuando solo una sección está deteriorada.
Limitaciones y retos pendientes
A pesar de sus posibilidades, la tecnología todavía tiene desafíos importantes.
El primero es demostrar su comportamiento en diferentes condiciones industriales. Los moldes utilizados en construcción deben mantener su geometría y resistencia durante el proceso de fabricación de las piezas.
También resulta necesario comprobar su durabilidad frente a la humedad, los esfuerzos mecánicos y los ciclos repetidos de utilización.
Otro aspecto es la composición de los materiales. Que una estructura contenga celulosa reciclada no significa necesariamente que sea completamente biodegradable o que pueda reciclarse sin tratamientos específicos.
Además, la viabilidad económica depende de la escala de producción, el equipamiento disponible y las características del componente.
En septiembre de 2026, la Solar Impulse Foundation clasificó CLAM en el nivel de madurez tecnológica TRL 8, correspondiente a una tecnología desarrollada y cualificada, aunque todavía pendiente de una implantación comercial generalizada.
Por tanto, el proyecto de Biarritz representa una referencia relevante, pero no demuestra por sí solo que esta solución pueda sustituir todos los sistemas de fabricación de moldes existentes.
¿Por qué importa esta innovación?
La construcción sostenible no depende únicamente de encontrar nuevos materiales para levantar edificios. También requiere transformar los procesos industriales que permiten fabricarlos.
CLAM aborda ambos aspectos: aprovecha residuos de celulosa y modifica la manera de producir componentes auxiliares, utilizando fabricación aditiva para disminuir el desperdicio de materiales.
Su aplicación con Eiffage Construction demuestra que estos planteamientos pueden trasladarse a proyectos reales y conseguir reducciones importantes en los plazos de fabricación.
Si la tecnología mantiene sus prestaciones técnicas y ambientales al extenderse a otras aplicaciones, podría contribuir a reducir el impacto de la fabricación de moldes para construcción, transporte y otros sectores industriales.
Es una muestra de cómo un residuo tan cotidiano como el cartón puede convertirse en un recurso para procesos de fabricación avanzados.
Más información: https://munhoa.webflow.io/

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