
Su invento, llamado Vortex Tech, utiliza una batería de 12 V y un sistema acústico capaz de extinguir fuego sin agua ni productos químicos. Ya ha superado más de 100 pruebas experimentales.
- Ondas sonoras de 30 Hz: el dispositivo utiliza vibraciones de baja frecuencia para alterar el movimiento del aire alrededor de las llamas.
- Sin agua ni agentes químicos: extingue pequeñas llamas mediante un efecto físico, sin descargar materiales sobre la zona afectada.
- Más de 100 ensayos: sus desarrolladores aseguran haber realizado pruebas con diferentes materiales combustibles.
- Alimentación de 12 V: incorpora una batería, un generador de frecuencias, un amplificador y un altavoz.
- Reconocimiento internacional: obtuvo una medalla de oro y un premio especial en ISIF 2026, celebrado en Indonesia.
- Todavía es experimental: no está homologado para sustituir a los extintores convencionales ni se ha demostrado su eficacia en incendios de gran magnitud.
Una estudiante mexicana ha conseguido demostrar que el sonido puede utilizarse para apagar pequeñas llamas sin recurrir al agua, las espumas ni los productos químicos de los extintores convencionales. Su invento, denominado Vortex Tech, utiliza ondas acústicas de baja frecuencia para generar turbulencias que desestabilizan el fuego hasta extinguirlo.
La responsable del proyecto es Ángela Karime Hernández Venegas, una joven de 17 años de Altamira, en el estado mexicano de Tamaulipas, que acaba de recibir una medalla de oro en la Feria Internacional de Ciencia e Invenciones (ISIF 2026), celebrada en Indonesia del 14 al 16 de octubre.
Lo que comenzó como un experimento para apagar la llama de una vela se ha convertido en un prototipo portátil que, según sus desarrolladores, ha superado más de 100 pruebas experimentales. Su funcionamiento plantea una posibilidad interesante: utilizar la energía acústica como alternativa para intervenir en determinados conatos de incendio sin esparcir sustancias extintoras.

Cómo funciona un extintor que apaga el fuego utilizando sonido
El principio físico de Vortex Tech es relativamente sencillo de comprender, aunque llevarlo a la práctica requiere controlar con precisión la frecuencia, la intensidad y la dirección de las ondas acústicas.
Para que exista una llama deben mantenerse unas condiciones adecuadas de combustible, oxígeno y temperatura. La combustión también depende de reacciones químicas que se sostienen mientras existe suficiente energía y mezcla de gases.
El dispositivo desarrollado por la estudiante mexicana actúa sobre la estabilidad de esa combustión mediante vibraciones que provocan movimientos del aire.
El sistema genera ondas sonoras de aproximadamente 30 Hz, una frecuencia muy baja, situada cerca del límite inferior de la audición humana. Estas vibraciones se amplifican y se proyectan hacia la base de las llamas mediante un conducto diseñado para dirigir la perturbación acústica.
La configuración del prototipo favorece la formación de estructuras de aire en movimiento, conocidas como anillos de vórtice. Se trata de remolinos con una geometría aproximadamente toroidal, semejante a la forma de un anillo.
Cuando estas perturbaciones alcanzan una llama suficientemente pequeña, pueden modificar el flujo de aire, alterar la mezcla local de combustible y oxígeno y desestabilizar la zona donde se produce la combustión.
Si la perturbación es suficientemente intensa, la llama puede extinguirse.
No se trata de eliminar el oxígeno de toda la habitación, sino de modificar temporalmente las condiciones aerodinámicas y de mezcla que permiten que la llama permanezca encendida.
Este mecanismo explica por qué el sistema puede funcionar con determinados fuegos pequeños, pero también por qué no basta con colocar un altavoz cualquiera delante de un incendio.
La eficacia depende, entre otros factores, de la potencia acústica, la distancia al fuego, la geometría del dispositivo, el combustible y las corrientes de aire existentes.
Una batería, un amplificador y un altavoz: los componentes del prototipo
Una de las características más interesantes de Vortex Tech es que utiliza componentes electrónicos relativamente habituales.
Su funcionamiento se organiza alrededor de cuatro elementos principales:
- Batería de 12 V. Suministra la energía eléctrica necesaria para utilizar el equipo sin depender de una conexión permanente a la red.
- Generador de frecuencias. Produce la señal eléctrica de baja frecuencia que determina las vibraciones acústicas.
- Amplificador. Incrementa la potencia de la señal para excitar el sistema de emisión sonora.
- Altavoz y conducto de salida. Transforman la energía eléctrica en perturbaciones acústicas y las dirigen hacia la zona donde se encuentra el fuego.
La combinación permite concentrar el efecto de las vibraciones sobre una superficie relativamente reducida.
Según la información difundida por sus desarrolladores, el prototipo ha conseguido apagar pequeñas llamas a distancias de hasta 2 metros, aunque esta cifra corresponde a las condiciones de ensayo comunicadas y no debe interpretarse como un alcance operativo certificado.
El equipo también ha evolucionado desde una versión manual hasta una propuesta de funcionamiento automático.
Esta última contempla un sistema capaz de detectar la presencia de fuego y activar la emisión acústica hacia la zona afectada, una posibilidad especialmente interesante para futuras aplicaciones de protección localizada.
Sin embargo, todavía no se han publicado datos técnicos suficientes para evaluar de forma independiente aspectos como su potencia eléctrica, presión sonora, fiabilidad de detección o capacidad de funcionamiento continuado.

De apagar una vela a ganar una medalla de oro en Indonesia
La historia del proyecto comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: ¿sería posible apagar una vela utilizando únicamente sonido?
Ángela Karime se interesó por esta posibilidad después de conocer investigaciones anteriores sobre sistemas acústicos de extinción, entre ellas demostraciones desarrolladas en Estados Unidos.
A partir de esa idea decidió investigar cómo construir una versión más compacta y manejable.
El desarrollo contó con la colaboración y asesoramiento de Arturo Hernández Muñoz, vinculado al proyecto desde sus primeras etapas.
El equipo fue modificando la disposición de los componentes, la generación de frecuencias y la estructura del conducto acústico hasta conseguir resultados experimentales reproducibles.
Según la información difundida sobre el proyecto, se construyeron cinco versiones durante el proceso de desarrollo.
La propia estudiante explicó a N+ que habían realizado más de 100 pruebas y que habían experimentado con pequeñas llamas asociadas a madera, líquidos inflamables, equipos electrónicos y aceites de cocina.
Es importante distinguir estas demostraciones de una certificación de seguridad: que un prototipo consiga extinguir un fuego en condiciones controladas no significa que pueda utilizarse de forma segura y eficaz frente a todas las clases de incendio.
El esfuerzo terminó recibiendo reconocimiento internacional en la International Science and Invention Fair 2026, celebrada en Indonesia.
La Secretaría de Educación de Tamaulipas confirmó oficialmente que la estudiante del CETis 78 obtuvo una medalla de oro en la categoría de Tecnología, nivel secundaria.
Además, recibió el IYSA Semi Grand Award, un reconocimiento especial que le permite participar en otra competición científica internacional en línea, I2ASPO 2026.
El premio representa un respaldo al interés educativo y tecnológico de su propuesta, aunque no equivale a una validación industrial del sistema.

Qué ventajas ambientales podría ofrecer frente a los extintores tradicionales
El atractivo medioambiental de esta tecnología procede principalmente de su capacidad para actuar sobre una llama sin descargar sustancias extintoras.
Los equipos convencionales utilizan distintos agentes según el tipo de incendio: agua, polvo químico, dióxido de carbono, espumas u otros compuestos específicos.
Todos tienen aplicaciones justificadas y, utilizados correctamente, desempeñan una función esencial de seguridad.
Sin embargo, algunos también presentan inconvenientes relacionados con la limpieza posterior, la generación de residuos o la posible afectación de equipos y materiales.
Un sistema acústico eficaz podría reducir determinados impactos:
- Ausencia de residuos de descarga. No necesita esparcir polvo extintor ni espuma sobre los objetos protegidos.
- Menor consumo de materiales. Una vez construido, el dispositivo podría funcionar sin recargas periódicas de agentes extintores, aunque necesitaría electricidad y mantenimiento.
- Protección potencial de equipos sensibles. Podría resultar interesante en determinadas instalaciones electrónicas donde los residuos o la humedad ocasionan daños adicionales.
- Posibilidad de reutilización. El mismo sistema puede realizar múltiples activaciones mientras disponga de energía y mantenga sus componentes operativos.
No obstante, conviene evitar una conclusión prematura: que un extintor no utilice productos químicos durante su funcionamiento no significa que su impacto ambiental sea nulo.
La fabricación de la batería, los componentes electrónicos y el altavoz requiere materias primas y energía. Además, el consumo eléctrico y la eventual necesidad de sustituir piezas también forman parte de su impacto.
Para determinar si esta tecnología sería ambientalmente más favorable que un extintor convencional habría que estudiar su ciclo de vida completo y comparar dispositivos con niveles de protección equivalentes.
Por ahora no se dispone de esos estudios para Vortex Tech.
Las limitaciones que todavía debe superar
La principal dificultad de los sistemas acústicos de extinción es conseguir que el efecto observado sobre pequeñas llamas se mantenga cuando aumentan el tamaño del incendio, su potencia térmica o la complejidad del entorno.
Una vela o una pequeña llama en un recipiente presentan unas condiciones muy diferentes a las de un incendio desarrollado en una vivienda, un vehículo o una instalación industrial.
En estos escenarios intervienen corrientes de convección intensas, materiales que continúan calientes, combustible que puede volver a inflamarse y obstáculos que modifican la propagación del sonido.
Además, la presión sonora necesaria para actuar a mayor distancia podría convertirse en una limitación técnica y de seguridad.
Una frecuencia de 30 Hz no garantiza por sí sola que el sonido sea inocuo. También importan la intensidad, la duración de la exposición y las características acústicas del entorno.
Otro aspecto crítico es la reignición. Una onda sonora puede interrumpir una llama visible sin necesariamente enfriar el combustible por debajo de su temperatura de ignición.
Si el material permanece suficientemente caliente y sigue habiendo combustible disponible, el fuego podría reaparecer.
Por eso, antes de plantear su comercialización sería necesario comprobar experimentalmente aspectos como la distancia efectiva, los tipos de combustible compatibles, la resistencia de los componentes, el consumo energético y los niveles de exposición acústica.
También serían imprescindibles ensayos normalizados y las certificaciones correspondientes para cualquier aplicación real de protección contra incendios.
Hasta entonces, Vortex Tech debe considerarse una herramienta experimental y nunca un sustituto de un extintor homologado. Tampoco sería adecuado intentar reproducir sus demostraciones con combustibles inflamables fuera de instalaciones preparadas para ensayos de seguridad.
Una tecnología con posibilidades en la protección contra incendios pequeños
Aunque todavía necesita desarrollo, el concepto podría tener interés en aplicaciones muy concretas donde resulte importante actuar rápidamente sobre una llama incipiente y minimizar los residuos.
Entre los escenarios que podrían investigarse se encuentran las cámaras de ensayo, determinados equipos electrónicos, pequeños espacios industriales controlados o sistemas automatizados de detección y respuesta.
En estos casos, un dispositivo acústico podría trabajar junto con sensores de temperatura, detectores ópticos y sistemas electrónicos capaces de identificar un principio de incendio.
Sin embargo, esas aplicaciones siguen siendo posibilidades de investigación, no usos comerciales demostrados para el prototipo mexicano.
También sería necesario comparar su eficacia con otras tecnologías ya disponibles, como los sistemas de extinción por gases, agua nebulizada o agentes limpios.
La contribución más interesante de Ángela Karime Hernández Venegas no consiste en haber descubierto que el sonido puede afectar a una llama, un fenómeno estudiado anteriormente, sino en haber desarrollado una versión portátil del concepto, haberla sometido a numerosas pruebas y haber demostrado su funcionamiento en una competición científica internacional.
Su proyecto demuestra cómo una idea surgida en el ámbito educativo puede convertirse en una propuesta de ingeniería con posibilidades de investigación.
El siguiente desafío será pasar de las demostraciones experimentales a resultados técnicos verificables que permitan determinar dónde, cómo y bajo qué condiciones puede utilizarse de manera segura.
Vía www.nmas.com.mx

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