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A medida que aumenta la resistencia a los antibióticos, los investigadores recurren al cobre para combatir las infecciones

15 septiembre, 2026 Deja un comentario

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Los científicos buscan aprovechar las defensas naturales del cuerpo estudiando cómo el sistema inmunológico utiliza el cobre contra las infecciones del tracto urinario y cómo las bacterias se defienden.

  • 🦠 Bacterias resistentes, cada vez más difíciles de tratar.
  • 🧲 Cobre movilizado por el organismo durante la infección.
  • 🧬 Bacterias con mecanismos propios para tolerarlo y eliminarlo.
  • 🔬 Investigación centrada en infecciones urinarias.
  • 💊 Compuestos experimentales que funcionan mejor en presencia de cobre.
  • ⚠️ Desarrollo todavía en fase preclínica.

El cobre que produce nuestro propio cuerpo podría ayudar a combatir bacterias resistentes a los antibióticos

¿Por qué importa?

Cuando una bacteria infecta las vías urinarias, el organismo dispone de una defensa poco conocida: aumenta la presencia de cobre para crear un entorno hostil para el microorganismo. Algunas bacterias han aprendido a sobrevivir a ese ataque.

Investigadores de la Universidad de Texas A&M, en Estados Unidos, quieren averiguar cómo lo consiguen. Si identifican los mecanismos que utilizan para tolerar o expulsar el cobre, podrían aparecer nuevas formas de debilitarlas y facilitar el trabajo del sistema inmunitario. Es una vía especialmente interesante ante infecciones que responden cada vez peor a los antibióticos disponibles.

El cobre también forma parte de las defensas del organismo

El cobre suele aparecer en conversaciones sobre redes eléctricas, motores, placas electrónicas o energías renovables. Dentro del cuerpo cumple funciones bastante distintas.

Es un micronutriente esencial. El organismo lo necesita en cantidades muy pequeñas para distintos procesos biológicos y mantiene un control estrecho sobre dónde se encuentra y en qué concentración. Esa regulación tiene una razón: una cantidad elevada de cobre puede resultar tóxica para las células.

El sistema inmunitario aprovecha esa propiedad frente a determinados microorganismos.

Algunas células inmunitarias pueden engullir bacterias invasoras y exponerlas a una mezcla de sustancias antimicrobianas. El cobre forma parte de ese entorno químico. Los trabajos anteriores del equipo dirigido por Sarguru Subash, profesor asociado del Departamento de Patobiología Veterinaria de Texas A&M, indican que durante una infección urinaria el organismo aumenta los niveles de cobre presentes en la orina.

Es, por tanto, una defensa que ya existe. El nuevo proyecto intenta entenderla con suficiente detalle para encontrar puntos débiles en las bacterias que logran escapar de ella.

Las bacterias han aprendido a convivir con un metal tóxico

El cobre lleva millones de años presente en el medio natural y las bacterias han desarrollado distintas respuestas para soportarlo.

Algunas pueden expulsar el exceso de cobre de sus células. Otras disponen de mecanismos capaces de reducir su toxicidad. Estas defensas permiten que determinados microorganismos continúen creciendo incluso cuando el sistema inmunitario aumenta la presión química sobre ellos.

Durante una infección se produce una competición continua. El organismo intenta limitar el crecimiento bacteriano y el microorganismo responde modificando su comportamiento y metabolismo.

El nuevo proyecto de Texas A&M estudiará precisamente los mecanismos genéticos que permiten a las bacterias causantes de infecciones urinarias tolerar concentraciones mayores de cobre.

Encontrar los genes implicados permitiría buscar compuestos que interfieran con esas defensas. Una bacteria incapaz de gestionar el exceso de cobre quedaría más expuesta al sistema inmunitario.

El cobre podría dificultar que las bacterias se agarren a la vejiga

El equipo ha encontrado además indicios preliminares de otro efecto.

Determinadas bacterias poseen en su superficie unas estructuras microscópicas llamadas fimbrias. Les sirven para adherirse con fuerza a las células que recubren la vejiga.

Esa capacidad de agarre tiene mucha importancia en una infección urinaria. El flujo de orina actúa como una defensa física y arrastra microorganismos hacia el exterior. Una bacteria bien adherida tiene más posibilidades de permanecer en el tracto urinario y continuar multiplicándose.

Los investigadores han observado indicios de que el cobre podría interferir con esas fimbrias.

Si se confirma el mecanismo, el metal estaría ejerciendo presión sobre la bacteria de dos formas: afectaría a su crecimiento y podría reducir su capacidad para mantenerse adherida a la vejiga.

Este segundo efecto todavía necesita más investigación. Forma parte de las cuestiones que el nuevo proyecto tratará de resolver.

Una proteína que transporta cobre puede tener parte de la respuesta

Otra pieza que interesa a los investigadores es la ceruloplasmina, una proteína que contiene cobre y participa en su transporte por el organismo.

Mover un metal potencialmente tóxico requiere bastante control. Una concentración elevada que dañe a una bacteria también podría afectar a las células humanas.

Los trabajos previos del grupo sugieren que la ceruloplasmina puede participar en la movilización de cobre durante una infección urinaria. Ahora quieren averiguar cómo interviene en ese proceso y qué relación tiene con la capacidad del sistema inmunitario para controlar las bacterias.

Comprender este mecanismo también será necesario si algún día se pretende utilizarlo terapéuticamente. La concentración y el lugar donde actúe el cobre importan tanto como su capacidad antimicrobiana.

Buscar medicamentos que hagan a las bacterias más vulnerables

La investigación tiene una segunda vertiente más próxima al desarrollo de tratamientos.

El laboratorio ya ha identificado un compuesto antimicrobiano experimental que aumenta su eficacia cuando hay cobre presente. Los investigadores modificarán y probarán moléculas relacionadas para intentar encontrar candidatos con mejores propiedades.

El planteamiento aprovecha el entorno que encuentra la bacteria durante una infección. Un futuro fármaco podría debilitar sus mecanismos de protección mientras el sistema inmunitario aporta parte de la presión antimicrobiana.

Es un enfoque distinto al de muchos antibióticos actuales, que actúan directamente sobre procesos esenciales de las bacterias.

La diferencia importa frente a microorganismos que ya han desarrollado resistencia a varios medicamentos. Encontrar otros puntos vulnerables permitiría ampliar las opciones terapéuticas y, en algunos casos, combinar mecanismos diferentes.

Otra investigación acaba de encontrar una vulnerabilidad parecida

El trabajo de Texas A&M no aparece aislado.

En septiembre de 2026, investigadores de la Universidad de Misuri publicaron otro estudio centrado en el transporte celular del cobre. El equipo identificó un compuesto denominado MKV3 capaz de bloquear proteínas que los organismos utilizan para transportar este metal.

El experimento produjo un resultado especialmente interesante con Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (MRSA). Al dificultar que las bacterias expulsaran el cobre, MKV3 aumentó su sensibilidad al metal en pruebas de laboratorio.

Son proyectos independientes y estudian mecanismos diferentes. Los dos apuntan, sin embargo, hacia una vulnerabilidad común: la capacidad de una bacteria para gestionar el cobre puede condicionar su supervivencia durante una infección.

Todavía queda por saber hasta qué punto esta vulnerabilidad puede aprovecharse de forma segura en un tratamiento.

El problema de fondo: cada vez hay menos margen frente a algunas infecciones

La resistencia antimicrobiana aparece cuando microorganismos que antes respondían a un medicamento adquieren mecanismos que les permiten sobrevivir a él.

Las bacterias pueden conseguirlo de varias maneras. Una posibilidad es modificar la estructura sobre la que actúa un antibiótico. También pueden degradar determinados medicamentos o expulsarlos antes de que alcancen concentraciones eficaces.

La consecuencia es conocida: infecciones que antes podían controlarse con tratamientos habituales requieren otras opciones y pueden resultar más difíciles de tratar.

Por eso están ganando interés estrategias que buscan vulnerabilidades diferentes de las dianas tradicionales de los antibióticos. El metabolismo de los metales es una de ellas.

El cobre tiene una particularidad atractiva para esta línea de investigación. Las bacterias necesitan defenderse de él precisamente porque el sistema inmunitario ya lo utiliza durante la infección.

Un problema compartido por personas y animales

El proyecto se desarrolla en el College of Veterinary Medicine and Biomedical Sciences de Texas A&M, y eso amplía el interés de los resultados.

Las infecciones urinarias también aparecen de forma recurrente en animales como los perros. Los investigadores consideran que comprender la relación entre las bacterias y el cobre podría aportar información útil tanto para medicina humana como veterinaria.

Además, algunas de las bacterias estudiadas pueden provocar infecciones en otras partes del organismo. Si los mecanismos de tolerancia al cobre son similares, determinados hallazgos podrían acabar teniendo aplicaciones más amplias que las infecciones de vejiga.

Eso tendrá que comprobarse experimentalmente. El trabajo actual sigue centrado en las infecciones urinarias.

Ficha técnica

Cómo funciona

Durante una infección urinaria, el organismo aumenta la presencia de cobre en el tracto urinario. El metal forma parte de la respuesta antimicrobiana y puede perjudicar a las bacterias.

Los microorganismos disponen de mecanismos genéticos y celulares para tolerar o eliminar ese exceso de cobre. Los investigadores buscan identificarlos y desarrollar compuestos capaces de hacer a las bacterias más sensibles al cobre que ya moviliza el sistema inmunitario.

También estudian si el metal afecta a las fimbrias que permiten a determinadas bacterias adherirse a las células de la vejiga.

En cifras

  • 1,48 millones de dólares: financiación concedida por los NIH al proyecto.
  • 1 compuesto antimicrobiano experimental identificado previamente por el equipo que mejora su actividad en presencia de cobre.
  • 2 vertientes principales: estudiar cómo moviliza cobre el organismo y cómo responden las bacterias.
  • 0 tratamientos clínicos disponibles derivados actualmente de esta investigación.

Qué tiene de diferente

La estrategia aprovecha una defensa antimicrobiana que el organismo ya utiliza durante la infección.

En lugar de depender únicamente de una molécula que mate directamente a la bacteria, se estudian compuestos que puedan volverla más vulnerable al cobre y a otros mecanismos del sistema inmunitario.

Comparación directa con la tecnología convencional

Los antibióticos convencionales suelen bloquear procesos necesarios para que las bacterias sobrevivan o se reproduzcan.

La estrategia investigada en Texas A&M estudia otra diana: los mecanismos que permiten al patógeno soportar las condiciones hostiles creadas por el sistema inmunitario. El cobre es una de esas condiciones.

Una futura aplicación podría complementar los antibióticos existentes. La investigación actual no permite afirmar que vaya a sustituirlos.

Limitaciones

El trabajo se encuentra todavía en fase preclínica y faltan años de investigación antes de saber si puede traducirse en un medicamento.

El cobre también puede dañar células humanas cuando alcanza concentraciones elevadas. Cualquier futura terapia tendrá que controlar cuidadosamente dónde actúa y en qué cantidad.

Las bacterias ya poseen mecanismos de adaptación al cobre, precisamente el fenómeno que estudia el proyecto. Habrá que determinar si bloquearlos funciona de manera estable y si aparecen nuevas vías de resistencia.

Los indicios sobre el efecto del cobre en las fimbrias bacterianas son preliminares y requieren confirmación.

Tampoco hay todavía datos clínicos que permitan conocer eficacia, dosis, efectos adversos o ventajas frente a los tratamientos actuales.

En qué fase se encuentra

Laboratorio / investigación preclínica.

El equipo está estudiando mecanismos genéticos, transporte de cobre y compuestos antimicrobianos experimentales. No se han comunicado ensayos clínicos en pacientes.

Quién está detrás

La investigación está dirigida por Sarguru Subash, profesor asociado del Departamento de Patobiología Veterinaria del College of Veterinary Medicine and Biomedical Sciences de Texas A&M University, Estados Unidos.

El proyecto cuenta con una ayuda de 1,48 millones de dólares de los National Institutes of Health (NIH).

Fuente de los datos

La información procede de Texas A&M University, de investigaciones anteriores del laboratorio de Sarguru Subash y del nuevo proyecto financiado por los National Institutes of Health.

Los datos sobre MKV3 proceden de una investigación independiente de la Universidad de Misuri, publicada en 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Vía Texas A&M University

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Publicado en: Medicina alternativa

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