
California elimina la «fecha límite de venta o caducidad» tras vincular la confusión con millones de toneladas de comida desperdiciada.
- 🥛 Fin de la «fecha límite de venta o caducidad» en los envases.
- 🏷️ Dos únicas referencias: calidad y seguridad alimentaria.
- 🗑️ Millones de toneladas de alimentos desechados antes de tiempo.
- 🌍 Menos residuos, emisiones y recursos naturales desperdiciados.
- 🇺🇸 California como primer estado en estandarizar estas etiquetas.
- 📜 Más estados y una propuesta federal en la misma dirección.
California elimina la «fecha límite de venta» de los alimentos para reducir la confusión y millones de toneladas de desperdicio
Una fecha en el envase que cada familia interpreta de forma diferente
En muchas cocinas ocurre la misma escena. Una botella de leche supera la fecha impresa en el envase y alguien decide tirarla inmediatamente. Otra persona considera que todavía puede consumirse durante varios días. Y una tercera comprueba el olor, el aspecto y la conservación antes de tomar una decisión.
El problema está en que durante décadas se han utilizado expresiones muy diferentes para indicar fechas en los alimentos. «Fecha límite de venta», «consumir preferentemente antes de», «mejor antes de», «disfrutar antes de» y otras muchas variantes han terminado creando un sistema difícil de interpretar.
California ha decidido simplificarlo.
Desde julio de 2026, los fabricantes que comercializan alimentos en el estado deben utilizar un sistema estandarizado basado en dos tipos principales de indicaciones: una relacionada con la calidad del producto y otra vinculada a la seguridad alimentaria.
La nueva legislación elimina la expresión equivalente a «fecha límite de venta», utilizada durante años principalmente para orientar a los comercios sobre cuánto tiempo debían mantener determinados productos en las estanterías.
El problema es que muchos consumidores interpretaban esa fecha como una señal de que el alimento había dejado de ser seguro.
Y acababa en la basura.
Dos fechas para entender mejor cuándo consumir un alimento
El nuevo sistema pretende establecer una diferencia clara.
La indicación «Best if Used By», que puede traducirse como «mejor si se consume antes de», informa sobre el periodo durante el cual el alimento mantiene su máxima calidad.
Superar esa fecha no implica necesariamente que el producto sea peligroso. Puede haber cambios en el sabor, la textura, el aroma o determinadas propiedades, aunque el alimento continúe siendo apto para el consumo si ha sido almacenado correctamente.
La segunda expresión, «Use By» o «consumir antes de», se reserva para productos cuya fecha está relacionada con la seguridad alimentaria.
Los fabricantes pueden utilizar una de las indicaciones o ambas, dependiendo de las características del alimento.
La diferencia parece pequeña. En realidad, puede cambiar millones de decisiones domésticas cada día.
Más de 50 formas diferentes de indicar prácticamente lo mismo
Una investigación publicada en 2022 identificó más de 50 expresiones diferentes relacionadas con fechas de consumo en los alimentos comercializados en Estados Unidos.
Buena parte de estas indicaciones no estaban reguladas y tampoco tenían una relación directa con la seguridad del producto.
Ante esa diversidad, muchos consumidores adoptaban la decisión más sencilla: interpretar cualquier fecha como una fecha de caducidad.
El resultado ha sido una enorme cantidad de alimentos perfectamente comestibles terminando en vertederos, plantas de tratamiento de residuos o sistemas de compostaje.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos estima que la confusión relacionada con las fechas de los envases está vinculada a cerca del 20 % del desperdicio alimentario del país.
California desecha cada año alrededor de 6 millones de toneladas de alimentos que todavía podrían consumirse.
Una cifra difícil de asumir en un territorio que, al mismo tiempo, soporta sequías recurrentes, presión sobre sus recursos hídricos y una agricultura intensiva dependiente de grandes cantidades de energía, fertilizantes y transporte.

Tirar comida también significa desperdiciar agua, energía y suelo
El desperdicio alimentario suele medirse en toneladas de comida. Ese indicador cuenta únicamente una parte del problema.
Cada alimento incorpora recursos utilizados durante toda su cadena de producción.
Agua para regar cultivos y abastecer explotaciones ganaderas. Fertilizantes. Combustible para la maquinaria agrícola. Electricidad para refrigeración. Materiales destinados al envasado. Camiones, barcos y centros logísticos.
Cuando un alimento termina en la basura antes de ser consumido, todos esos recursos también se han utilizado en vano.
California ofrece un ejemplo especialmente relevante.
El estado concentra una de las mayores producciones agrícolas de Estados Unidos y depende de complejos sistemas de almacenamiento, transporte de agua y riego para mantener su actividad agrícola.
Reducir el desperdicio alimentario permite aprovechar mejor cada metro cúbico de agua, cada hectárea cultivada y cada unidad de energía utilizada durante la producción.
Hay otro problema añadido.
Los alimentos depositados en vertederos se descomponen en condiciones con poco oxígeno y generan metano, un gas de efecto invernadero con un elevado impacto climático durante las primeras décadas después de su emisión.
Por esta razón, evitar que los alimentos lleguen a convertirse en residuos suele tener mayores beneficios ambientales que intentar gestionar esos residuos posteriormente.
Las fechas también estaban complicando las donaciones a bancos de alimentos
La confusión no afecta únicamente a los hogares.
Los bancos de alimentos y organizaciones dedicadas a recuperar excedentes llevan años enfrentándose al mismo problema.
Muchos ciudadanos, comercios e incluso voluntarios interpretaban la «fecha límite de venta» como una fecha de caducidad.
Alimentos todavía aptos para el consumo podían ser rechazados o descartados simplemente porque habían superado una indicación pensada originalmente para la gestión de inventarios de los supermercados.
La estandarización puede facilitar la recuperación de excedentes y mejorar la confianza alrededor de los productos donados.
Tiene especial importancia en un país donde millones de toneladas de alimentos se desperdician mientras una parte de la población depende de programas de asistencia alimentaria.
Reducir esa contradicción exige mejores sistemas logísticos, incentivos para donar excedentes y una información mucho más clara para consumidores y organizaciones.
California puede provocar un cambio mucho mayor
La ley fue aprobada en 2024 y convirtió a California en el primer estado estadounidense en establecer un sistema obligatorio de estandarización de las fechas de los alimentos.
Su influencia puede superar ampliamente las fronteras estatales.
California representa uno de los mayores mercados de consumo del mundo. Para muchos fabricantes resulta poco eficiente mantener sistemas de etiquetado diferentes para cada territorio.
Cuando una economía de este tamaño introduce nuevas exigencias regulatorias, las empresas pueden optar por extender los cambios a otros mercados para simplificar la producción y la distribución.
Nueva York ya ha avanzado con una legislación similar, mientras otros estados, entre ellos Illinois, Maryland, Massachusetts, Nueva Jersey y Carolina del Sur, han debatido propuestas relacionadas con la estandarización de las fechas.
También existe una iniciativa bipartidista en el Congreso estadounidense para crear un sistema nacional.
Actualmente, la leche de fórmula infantil es el único alimento cuya fecha está regulada de forma específica a escala federal en Estados Unidos.
La presión regulatoria de los estados podría acelerar la creación de una norma común para todo el país.
Un cambio sencillo que obliga a modificar millones de envases
La medida parece relativamente fácil de aplicar, aunque tiene consecuencias prácticas para fabricantes, distribuidores y supermercados.
Las empresas deben revisar diseños de envases, sistemas informáticos, procesos de impresión, bases de datos de productos y procedimientos internos de gestión del inventario.
Los comercios también necesitan adaptar sus sistemas de etiquetado y formar a los trabajadores encargados de gestionar productos perecederos.
Durante algunos meses convivirán productos con las antiguas indicaciones y otros con las nuevas etiquetas.
La transición será gradual.
A medio plazo, el objetivo es que una persona pueda entrar en cualquier supermercado y entender inmediatamente si la fecha impresa hace referencia a la calidad del producto o a una cuestión de seguridad alimentaria.
Parece básico. Hasta ahora no lo era.
La tecnología también puede ayudar a sustituir fechas aproximadas por información más precisa
La estandarización de las etiquetas resuelve una parte del problema. La innovación tecnológica puede ir más lejos.
Actualmente se desarrollan envases inteligentes, indicadores de tiempo y temperatura, sensores de gases y etiquetas capaces de detectar cambios relacionados con la degradación de determinados alimentos.
Estas tecnologías permiten conocer mejor el estado real de un producto durante su transporte y almacenamiento.
Un alimento refrigerado correctamente puede conservarse durante más tiempo del previsto inicialmente. Otro que haya sufrido una ruptura de la cadena de frío podría deteriorarse antes de alcanzar la fecha indicada.
Los sistemas de monitorización de temperatura utilizados en logística, las etiquetas inteligentes y las plataformas digitales de trazabilidad permiten ajustar mejor estas decisiones.
Su implantación masiva todavía depende del coste, la fiabilidad y la capacidad de reciclaje de los nuevos materiales utilizados.
Hay margen de mejora. Mucho.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Reducir el desperdicio alimentario tiene consecuencias ambientales que van bastante más allá de disminuir la cantidad de basura generada.
La primera es evitar emisiones asociadas a producir alimentos que nadie llegará a consumir.
Cada tonelada recuperada significa menos presión para producir alimentos adicionales, menor demanda de agua y energía y una utilización más eficiente del suelo agrícola.
También puede reducir la cantidad de residuos orgánicos enviados a vertederos y, con ello, las emisiones de metano.
Otro beneficio aparece en la cadena logística.
Aprovechar mejor los alimentos producidos permite reducir movimientos innecesarios de mercancías, necesidades de almacenamiento y utilización de envases.
La medida también puede reforzar la prevención del desperdicio, considerada una opción ambientalmente preferible frente al reciclaje de residuos orgánicos mediante compostaje o digestión anaerobia.
Compostar restos de alimentos es útil. Evitar que un alimento perfectamente comestible se convierta en residuo es mucho mejor.
Una política climática que empieza en la puerta del frigorífico
La reducción del desperdicio alimentario tiene una particularidad interesante: no depende exclusivamente de grandes infraestructuras, nuevas centrales energéticas o tecnologías todavía experimentales.
También puede conseguirse modificando pequeños elementos del sistema alimentario.
Una etiqueta más clara puede evitar que millones de personas tiren productos que todavía pueden consumir.
El impacto individual parece pequeño.
Multiplicado por millones de hogares, supermercados, restaurantes y centros de distribución, cambia la escala del problema.
La experiencia de California permitirá comprobar hasta qué punto la simplificación de las fechas consigue modificar el comportamiento de los consumidores.
También mostrará algo importante: si reducir la confusión puede convertirse en una de las herramientas más baratas para disminuir el desperdicio alimentario.
Más información: CDFA – Servicios de Inspección – Etiquetado de fechas de alimentos



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