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Cómo los microbios del suelo pueden controlar el futuro de nuestro planeta

28 marzo, 2026 Deja un comentario

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Investigadores descubren que los microbios del suelo regulan el carbono global según la humedad, liberando reservas antiguas en sequías.

  • Suelo — gran almacén de carbono.
  • Hasta 3 veces más carbono que la atmósfera.
  • Agua del suelo — factor clave.
  • Sequía — liberación de CO₂.
  • Humedad — almacenamiento de carbono.
  • Microbios — protagonistas invisibles.
  • Calentamiento + sequía — riesgo climático.
  • Modelos climáticos — necesidad de actualización.

Cómo los microbios del suelo pueden controlar el futuro de nuestro planeta

El suelo bajo nuestros pies no es solo tierra. Es un sistema vivo, dinámico, complejo. Y sobre todo, es uno de los mayores reservorios de carbono del planeta, capaz de almacenar hasta tres veces más carbono que toda la atmósfera. Lo que ocurra ahí abajo —aunque no se vea— puede inclinar la balanza del clima global.

Si una parte de ese carbono se libera en forma de dióxido de carbono, el efecto sobre el calentamiento global puede ser considerable. La pregunta es sencilla, aunque la respuesta no tanto: ¿qué hace que ese carbono permanezca enterrado… o que termine escapando al aire?

Un nuevo estudio publicado en Nature Climate Change apunta a un factor decisivo: el agua en el suelo. Cuanto más húmedo está, más carbono se mantiene retenido.

Simulando el clima del futuro

Para entender este proceso, un equipo de investigadores llevó a cabo un experimento de largo recorrido: 12 años de seguimiento en 48 parcelas en Oklahoma. No se trataba de observar sin más. Se diseñó un escenario controlado que replicaba posibles condiciones climáticas futuras.

Algunas parcelas se mantuvieron a temperatura ambiente. Otras se calentaron 3 °C mediante sistemas de infrarrojos, simulando un planeta más cálido. En paralelo, se ajustó el agua disponible: desde condiciones de sequía —mediante estructuras que bloqueaban la lluvia— hasta escenarios más húmedos con aportes adicionales.

Cada año se analizaban múltiples variables: contenido de carbono en el suelo, biomasa vegetal, emisiones de CO₂ y, algo clave, la composición genética de las comunidades microbianas. Es decir, no solo se medía lo que pasaba, se intentaba entender quién lo provocaba.

Los resultados fueron claros. En condiciones de sequía, el calentamiento provocó una pérdida del 12,2% del carbono del suelo. En cambio, en suelos húmedos, se observó un aumento del 6,7%.

Y aquí viene lo interesante: la diferencia no la marcaron las plantas. Fueron los microorganismos del suelo.

El papel oculto de los microbios

Los microbios —bacterias, hongos y otros organismos microscópicos— son los verdaderos gestores del carbono en el suelo. Actúan como un sistema de reciclaje natural: descomponen materia orgánica y regulan el flujo de carbono entre el suelo y la atmósfera.

En condiciones de calor y sequía, estos organismos entran en estrés. Necesitan más energía para sobrevivir. ¿Cómo la obtienen? Consumiento carbono del suelo… y liberándolo como CO₂.

En cambio, cuando el suelo está caliente pero húmedo, la historia cambia. Los microbios pueden crecer, reproducirse y utilizar el carbono de forma más eficiente. Menos pérdidas, más almacenamiento.

Este comportamiento introduce un matiz importante en la comprensión del cambio climático. No se trata solo de cuánto carbono hay en el suelo, se trata de cómo reaccionan los sistemas vivos que lo gestionan.

Un riesgo mayor de lo que se pensaba

Uno de los hallazgos más inquietantes del estudio es que, durante las sequías, los microbios no solo consumen carbono reciente. También son capaces de descomponer carbono antiguo y estable, que durante décadas —incluso siglos— se consideraba prácticamente inmovilizado.

Esto cambia las reglas del juego. Un clima más cálido y seco podría activar una especie de “reserva oculta” de carbono, liberando cantidades adicionales de CO₂ que hasta ahora no se contemplaban en muchos modelos climáticos.

En otras palabras: el suelo podría pasar de ser un aliado climático a convertirse en una fuente adicional de emisiones. Y eso complica bastante el escenario.

Más allá del laboratorio: implicaciones reales

Este tipo de investigación no se queda en lo experimental. Tiene implicaciones directas en cómo se diseñan las políticas climáticas, la gestión del territorio o incluso la agricultura.

Por ejemplo, en Europa ya se están impulsando estrategias como el Pacto Verde Europeo o la iniciativa “carbon farming”, que promueven prácticas agrícolas capaces de aumentar el carbono en el suelo. Sin embargo, estos enfoques deben tener en cuenta algo fundamental: la disponibilidad de agua.

No basta con capturar carbono. Hay que garantizar que permanezca en el suelo a largo plazo. Y eso depende, en gran medida, de la gestión hídrica y del estado de los ecosistemas.

También hay avances tecnológicos interesantes. Desde sensores de humedad del suelo más precisos hasta modelos climáticos que empiezan a integrar procesos microbianos. Poco a poco, se va afinando la capacidad de anticipar lo que puede ocurrir.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El comportamiento de los microbios del suelo puede amplificar o mitigar el cambio climático. No es un detalle menor.

En escenarios de sequía prolongada, cada vez más frecuentes en regiones mediterráneas, se podría acelerar la liberación de carbono del suelo, contribuyendo a un aumento adicional de gases de efecto invernadero. Es un bucle complicado: más calor, más sequía, más emisiones.

Por otro lado, mantener suelos saludables y con buena retención de agua puede favorecer el efecto contrario. Es decir, convertirlos en sumideros de carbono más eficaces.

Además, hay efectos colaterales. La pérdida de carbono del suelo suele ir acompañada de una degradación de su estructura, menor fertilidad y reducción de biodiversidad microbiana. En términos prácticos: suelos menos productivos, más vulnerables a la erosión y menos resilientes frente a eventos extremos.

Más información:

Xue Guo et al., La sequía amplifica la pérdida de carbono del suelo inducida por el calentamiento en un experimento de una década, Nature Climate Change (2026). DOI: 10.1038/s41558-026-02584-2

Pablo García-Palacios et al, Los suelos secos pierden más carbono cuando son cálidos, Nature Climate Change (2026). DOI: 10.1038/s41558-026-02585-1

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Publicado en: Medio Ambiente

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