
Una solución pasiva probada en India reduce el deterioro de frutas y hortalizas y podría aumentar los ingresos de los vendedores ambulantes.
- 🥬 Hasta 4 días de vida comercial, frente a unos 2 días en las primeras pruebas.
- ❄️ Refrigeración pasiva, sin electricidad, compresores ni baterías.
- ☀️ Calor expulsado mediante radiación infrarroja y elevada reflexión de la luz solar.
- 💰 Ingresos potencialmente un 10–25 % mayores para los vendedores participantes.
- 🌍 Menos alimentos desperdiciados, desplazamientos y necesidades energéticas.
¿Por qué importa?
En muchos mercados al aire libre, conservar unas espinacas, unas hojas de cilantro o determinadas frutas durante unas horas más puede marcar la diferencia entre venderlas o tirarlas. SPACECOOL está probando en India una forma especialmente sencilla de atacar ese problema: convertir el propio toldo del carro de venta en un sistema pasivo contra el calor.
No pretende sustituir una cámara frigorífica. La idea es diferente: reducir el calentamiento que sufren los alimentos mientras permanecen expuestos durante la jornada y hacerlo sin añadir consumo eléctrico.
Un carro ambulante convertido en una pequeña barrera contra el calor
La tecnología se está utilizando en carros de venta de frutas y verduras dentro de SPACES (Scaling Passive and Affordable Cooling for Economic Resilience and Sustainability), un programa dirigido a probar soluciones de refrigeración asequibles para trabajadores y pequeños negocios expuestos a temperaturas elevadas.
Los primeros resultados comunicados son llamativos. Determinados productos que normalmente tendrían que desecharse después de aproximadamente dos días pueden mantenerse comercializables hasta cuatro días en condiciones similares.
Los vendedores han observado una mejora especialmente apreciable en las verduras de hoja verde, muy sensibles a la pérdida de agua y al deterioro provocado por el calor.
Hay que interpretar correctamente estas cifras. Se trata de resultados iniciales obtenidos durante un despliegue real, no de una garantía de que cualquier fruta o verdura vaya a duplicar su duración. La humedad, temperatura, especie, estado inicial del producto y condiciones de almacenamiento siguen teniendo mucha importancia.

El truco está encima de las verduras
El elemento interesante del carro es su cubierta.
SPACECOOL utiliza un material multicapa de refrigeración radiativa diseñado para reflejar aproximadamente el 95 % de la radiación solar y presentar también una emisividad infrarroja cercana al 95 %.
Son dos propiedades complementarias.
Por una parte, evita absorber buena parte de la energía que llega del Sol. Por otra, facilita que el calor acumulado abandone el material mediante radiación infrarroja.
Parte de esa energía puede atravesar la denominada ventana atmosférica, especialmente en longitudes de onda de aproximadamente 8 a 13 micrómetros, donde la atmósfera es relativamente transparente a la radiación infrarroja.
En términos cotidianos: entra menos calor y parte del que queda puede escapar con mayor facilidad hacia el cielo.
No hay un pequeño aire acondicionado escondido en el carro. Tampoco una batería. Es el comportamiento óptico del propio material el que realiza el trabajo.

La diferencia con poner simplemente un toldo blanco
Una superficie blanca convencional también puede ser muy útil. Reflejar la radiación solar es una de las formas más antiguas y eficaces de evitar el sobrecalentamiento.
La refrigeración radiativa añade otro mecanismo.
Mientras un toldo reflectante intenta principalmente impedir que el Sol caliente lo que hay debajo, un material de refrigeración radiativa se diseña además para emitir eficazmente energía térmica hacia el exterior dentro de determinadas longitudes de onda.
SPACECOOL lleva años desarrollando esta combinación. En pruebas anteriores realizadas por sus desarrolladores, la superficie del material llegó a mantenerse hasta unos 6 °C por debajo de la temperatura ambiente bajo radiación solar directa.
Eso no significa que las verduras del carro estén automáticamente 6 °C más frías. Son mediciones realizadas sobre el material en unas condiciones concretas y no deben trasladarse directamente a los alimentos.
El desperdicio empieza mucho antes del frigorífico de casa
La aplicación tiene especial sentido en India.
Un estudio encargado por el Ministerio de Industrias de Procesamiento de Alimentos del país y utilizado posteriormente por el Gobierno indio estimó pérdidas poscosecha de aproximadamente 6,02–15,05 % en frutas y 4,87–11,61 % en verduras, dependiendo del producto y las circunstancias.
Parte del problema aparece entre la cosecha y el consumidor: transporte, manipulación, almacenamiento y exposición prolongada a temperaturas elevadas.
Instalar refrigeración mecánica en todos esos puntos resulta caro y exige electricidad, infraestructura y mantenimiento.
Un material pasivo colocado sobre un carro ambulante juega en otra liga. No crea una cadena de frío, pero puede cubrir uno de los huecos que quedan fuera de ella.
Y ahí está buena parte del interés del proyecto.
Más días para vender también significan menos viajes
El beneficio no termina en evitar que una lechuga acabe en la basura.
Si el vendedor dispone de más tiempo para comercializar sus existencias, puede necesitar menos desplazamientos al mercado mayorista, reducir compras de reposición urgentes y gestionar mejor el inventario.
El programa estima preliminarmente que los carros podrían contribuir a aumentar los ingresos de los vendedores alrededor de un 10–25 %, gracias fundamentalmente a las menores pérdidas y a una mayor eficiencia.
Conviene mantener cierta prudencia con esa cifra. El programa continúa recopilando información sobre productividad, comportamiento térmico e ingresos. Todavía debe determinarse hasta qué punto esos resultados se mantienen cuando la solución se extienda a más vendedores, ciudades, estaciones del año y tipos de alimentos.
Hay además una cuestión fundamental: el precio final del sistema. Una solución concebida para vendedores con ingresos modestos solo tendrá posibilidades de extenderse si el ahorro obtenido durante su vida útil compensa claramente la inversión.
Una tecnología que ya ha salido del laboratorio
La refrigeración radiativa lleva años apareciendo en investigaciones científicas, pero SPACECOOL ha avanzado hacia aplicaciones comerciales bastante más tangibles.
El material ya existe en formatos como películas, lonas, láminas magnéticas y membranas arquitectónicas.
También se ha ensayado en edificios y estructuras temporales. En una demostración realizada en el pabellón del gas de la Expo de Osaka-Kansai 2025, una evaluación desarrollada con la Universidad de Ritsumeikan indicó un potencial de reducción de hasta aproximadamente el 40 % del consumo de climatización frente a una membrana convencional en las condiciones estudiadas.
Los carros indios trasladan el mismo principio a una escala completamente diferente. Unos pocos metros cuadrados de material, un toldo y alimentos que necesitan sobrevivir al calor unas horas más.
A veces, la aplicación más interesante de una tecnología avanzada acaba siendo bastante sencilla.
Potencial
El verdadero potencial probablemente no esté en sustituir frigoríficos.
Está en refrigerar allí donde actualmente no existe refrigeración.
Puestos callejeros, mercados abiertos, pequeños almacenes agrícolas, zonas de clasificación de cosechas, vehículos, cubiertas ligeras y puntos temporales de distribución podrían aprovechar materiales similares para reducir la exposición directa al calor.
La combinación con otras soluciones puede resultar todavía más interesante: cajas aislantes, ventilación natural, almacenamiento térmico, cámaras frigoríficas solares y sistemas de monitorización baratos.
La refrigeración activa seguirá siendo imprescindible cuando haya que mantener temperaturas estrictamente controladas. Pero entre almacenar un alimento en una cámara frigorífica y dejarlo completamente expuesto al calor existe un espacio enorme.
La refrigeración radiativa puede empezar a ocupar precisamente ese espacio.
Ficha rápida
Cómo funciona
SPACECOOL emplea una estructura óptica multicapa que refleja gran parte de la radiación solar y emite energía térmica como radiación infrarroja. Parte de esa radiación atraviesa la ventana atmosférica y puede disiparse hacia el cielo. El proceso no requiere electricidad durante su funcionamiento.
En cifras
- ≈95 % de reflectancia solar declarada para el material.
- ≈95 % de emisividad infrarroja declarada.
- 8–13 µm, región principal de la ventana atmosférica aprovechada.
- ≈2 → hasta 4 días de vida comercial comunicada para determinados productos del piloto.
- 10–25 % de posible incremento de ingresos estimado para los vendedores participantes.
- 0 kWh de consumo directo para producir el efecto radiativo pasivo.
Qué tiene de diferente
La solución combina protección frente a la radiación solar y emisión radiativa del calor en un material que puede incorporarse a una superficie existente. No requiere compresor, refrigerante, conexión eléctrica ni batería durante su funcionamiento.
Más información: refindustry.com

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