
El análisis de casi 30 millones de defunciones entre 2010 y 2020 encuentra una fuerte protección, pero también rendimientos decrecientes y una brecha de asequibilidad.
- 🌡️ Calor extremo, riesgo creciente para la salud.
- ❄️ 5.267 muertes evitadas cada año.
- 📉 57 % menos mortalidad atribuible al calor.
- 🗺️ 3.108 condados estadounidenses analizados.
- 📊 Casi 30 millones de registros de defunción.
- ⚡ Beneficio limitado a partir de un nivel moderado de uso.
- 💸 Acceso al frío condicionado por la capacidad económica.
- 🌱 Refrigeración eficiente y ciudades más frescas como siguiente reto.
El aire acondicionado evita más de 5.000 muertes al año por calor en Estados Unidos, pero usarlo más no siempre protege más
¿Por qué importa?
El aire acondicionado suele aparecer en el debate climático como un gran consumidor de electricidad. Sin embargo, durante una ola de calor puede convertirse literalmente en infraestructura de protección de la salud.
Un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de Yale pone cifras a ese efecto: el uso doméstico del aire acondicionado habría evitado aproximadamente 5.267 muertes relacionadas con el calor cada año en Estados Unidos entre 2010 y 2020. La parte inesperada llega después. A partir de cierto nivel de utilización, seguir aumentando las horas de funcionamiento apenas proporciona protección adicional.
La cuestión deja así de ser únicamente cuánto aire acondicionado se instala. Importa quién puede utilizarlo cuando realmente lo necesita, cuánto consume y qué otras medidas permiten mantener frescos los edificios antes de encender el compresor.
Por primera vez se analiza cuánto se utiliza realmente el aire acondicionado
Buena parte de los trabajos anteriores sobre calor y climatización partían de una aproximación bastante simple: comprobar si las viviendas tenían o no aire acondicionado.
Pero tener un aparato instalado no significa utilizarlo.
Una familia puede disponer de climatización y mantenerla apagada durante buena parte del verano por miedo a la factura eléctrica. Otra puede emplearla únicamente durante las horas más peligrosas. Esa diferencia resulta especialmente relevante cuando se intenta medir su efecto sobre la mortalidad.
El equipo de Yale abordó el problema analizando 3.108 condados de los Estados Unidos continentales entre 2010 y 2020. Para ello utilizó cerca de 30 millones de registros de defunción y los relacionó con las temperaturas diarias y con estimaciones del uso doméstico del aire acondicionado.
El resultado permite acercarse mucho más a lo que ocurre dentro de las viviendas.
El resultado: un 57 % menos de mortalidad atribuible al calor
Los investigadores estiman que el aire acondicionado evitó 5.267 muertes relacionadas con el calor por año durante el periodo estudiado.
En términos relativos, supone una reducción aproximada del 57 % de la mortalidad atribuible al calor.
Las mayores cifras de fallecimientos evitados se localizaron en Florida, el suroeste estadounidense y la costa del golfo de México, regiones donde las temperaturas elevadas y el uso de climatización forman parte de la vida cotidiana durante largos periodos del año.
El dato ayuda a cambiar la perspectiva. En episodios extremos, la refrigeración doméstica deja de ser simplemente una cuestión de confort.
Puede ser una medida de adaptación climática tan relevante para determinados hogares como disponer de calefacción durante una ola de frío.
Más frío no significa necesariamente más protección
Aquí aparece uno de los resultados más interesantes del estudio.
Cuando el uso del aire acondicionado aumenta desde niveles bajos hasta aproximadamente un nivel intermedio, el riesgo asociado a las altas temperaturas disminuye claramente.
Después, la curva empieza a aplanarse.
Los investigadores observaron que incrementar todavía más el uso no continuaba reduciendo la mortalidad al mismo ritmo. El beneficio sanitario parecía alcanzar una especie de punto de saturación.
Eso no significa que exista una temperatura universal a partir de la cual pueda apagarse el aparato. Tampoco permite trasladar directamente el resultado de un condado a una vivienda concreta. Edad, estado del edificio, humedad, aislamiento, exposición solar y condiciones personales modifican enormemente las necesidades de refrigeración.
Lo que sí plantea el trabajo es una idea importante para las políticas públicas: el objetivo no debería ser maximizar el consumo de aire acondicionado, sino garantizar un nivel suficiente de protección durante los momentos realmente peligrosos.
La pobreza energética también existe cuando hace calor
Hay otro problema que suele quedar escondido detrás de las estadísticas de penetración del aire acondicionado: poder comprar un equipo y poder pagar su funcionamiento son cosas diferentes.
Según los datos citados por Yale, más de una cuarta parte de los hogares estadounidenses declara dificultades para afrontar sus gastos energéticos.
Durante una ola de calor, esa presión económica puede traducirse en una decisión complicada: soportar temperaturas interiores potencialmente peligrosas para evitar una factura difícil de pagar.
El riesgo aumenta entre personas mayores, hogares con pocos recursos y habitantes de edificios deficientemente aislados. También entre quienes viven en barrios con escasa vegetación y grandes superficies de asfalto, donde el efecto isla de calor puede elevar todavía más las temperaturas.
Por eso, medir únicamente cuántos aparatos existen puede ofrecer una imagen engañosamente optimista de la capacidad real de adaptación de una población.
El dilema climático: enfriar las casas sin seguir calentando el planeta
El aire acondicionado presenta una contradicción difícil de ignorar.
Protege frente a uno de los efectos más peligrosos del calentamiento global, pero su expansión puede aumentar el consumo eléctrico y las emisiones asociadas a la refrigeración.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente advierte de la magnitud del desafío. Si se mantienen las tendencias actuales, la demanda mundial de refrigeración podría más que triplicarse de aquí a 2050.
En un escenario de continuidad, las emisiones asociadas a la refrigeración podrían alcanzar aproximadamente 7.200 millones de toneladas de CO₂ equivalente anuales en 2050, casi el doble de los niveles de 2022.
No todo procede de la electricidad. También cuentan las fugas de determinados gases refrigerantes, algunos con un efecto climático considerablemente superior al del CO₂.
La buena noticia es que este crecimiento no está escrito en piedra.
El escenario de refrigeración sostenible planteado por Naciones Unidas combina edificios mejor diseñados, soluciones pasivas, equipos eficientes, refrigerantes con menor impacto climático y electricidad progresivamente descarbonizada. Aplicadas conjuntamente, estas medidas podrían reducir drásticamente las emisiones previstas para mediados de siglo.
Primero evitar que el edificio se caliente
La investigación de Yale refuerza una estrategia que cada vez gana más peso en arquitectura y planificación urbana: el aire acondicionado debería funcionar como última barrera frente al calor, no necesariamente como la primera.
Una vivienda que recibe radiación solar directa durante horas necesita extraer continuamente ese calor mediante electricidad.
Reducir previamente la carga térmica cambia completamente la ecuación.
Persianas exteriores, toldos, aislamiento, ventilación nocturna cuando las condiciones lo permiten, cubiertas reflectantes, árboles de sombra, fachadas protegidas del sol y un diseño adecuado de las ventanas pueden reducir la cantidad de calor que termina dentro del edificio.
Ya aparecen tecnologías que llevan esta lógica bastante más lejos. Se investigan materiales de enfriamiento radiativo capaces de expulsar calor sin consumir electricidad, superficies cerámicas que aprovechan la evaporación y revestimientos altamente reflectantes para cubiertas y fachadas.
No reemplazarán siempre a la climatización activa. En determinados episodios extremos, especialmente para personas vulnerables, probablemente tampoco deberían hacerlo. Su función puede ser otra: reducir las horas durante las que el compresor necesita trabajar y disminuir la potencia necesaria cuando finalmente se enciende.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La principal implicación ambiental del estudio no consiste en recomendar menos aire acondicionado durante las olas de calor. Sería una lectura equivocada.
La cuestión está en cómo proporcionar refrigeración segura con la menor cantidad posible de energía y emisiones.
Un aparato eficiente alimentado por una red con elevada penetración renovable presenta una huella climática muy diferente a la de un equipo antiguo funcionando con electricidad generada principalmente mediante combustibles fósiles.
También importa cuándo consume.
Las olas de calor pueden provocar enormes picos simultáneos de demanda eléctrica precisamente cuando millones de hogares conectan sus sistemas de climatización. Esa concentración obliga a dimensionar redes y generación para cubrir situaciones extremas y puede complicar la operación del sistema eléctrico.
Mejorar el aislamiento de los edificios, elevar la eficiencia de los equipos y desplazar determinadas cargas mediante gestión inteligente puede reducir esa presión.
Existe además un efecto estrictamente urbano. Los sistemas convencionales extraen calor del interior y lo expulsan al exterior, contribuyendo localmente al calentamiento de calles densamente edificadas. Investigaciones realizadas en ciudades japonesas han encontrado incrementos medibles de temperatura urbana asociados al calor liberado por la climatización.
La refrigeración sostenible necesita, por tanto, una visión más amplia: edificio, barrio y sistema eléctrico.
Un desafío que ya está entrando en las políticas climáticas
La refrigeración ha pasado en pocos años de ocupar un lugar secundario en las políticas energéticas a convertirse en un asunto estratégico.
El Global Cooling Pledge, impulsado inicialmente durante la COP28, plantea reducir las emisiones relacionadas con la refrigeración y aumentar considerablemente la eficiencia de los nuevos equipos.
El informe Global Cooling Watch 2025 contabiliza 72 países adheridos, responsables de cerca del 80 % de las emisiones mundiales vinculadas a la refrigeración. Además, 134 países ya habían incorporado medidas relacionadas con este ámbito en sus estrategias nacionales de clima y energía.
El enfoque está cambiando: proteger frente al calor no consiste únicamente en repartir aparatos de aire acondicionado.
Incluye urbanismo, rehabilitación energética, acceso asequible a la electricidad, eficiencia, vegetación urbana y planificación de emergencias.
Más información: Lingzhi Chu et al., Impacto del uso del aire acondicionado doméstico en la mortalidad relacionada con el calor en los EE. UU., Nature Health (2026).
DOI: 10.1038/s44360-026-00184-0

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