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Descubren cómo regaban sus cultivos hace 7.500 años: aprovecharon antiguos brazos del Éufrates y los convirtieron en canales

24 septiembre, 2026 Deja un comentario

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Imagen representativa generada por IA

Una extensa red de acequias y campos revela cómo las primeras comunidades agrícolas de Mesopotamia adaptaron el paisaje para gestionar el agua en un entorno árido.

  • 💧 Más de 200 canales principales identificados.
  • 🌾 Más de 4.000 canales secundarios.
  • 🧑‍🌾 Más de 700 antiguas explotaciones agrícolas.
  • 🏺 Evidencias de riego desde el V milenio a. C.
  • 🛰️ Satélites, excavaciones y datación por radiocarbono.
  • 🌴 Posibles cultivos de cebada y palmeras datileras.
  • 🌊 Aprovechamiento del antiguo curso del Éufrates.

¿Por qué importa?

Mucho antes de las bombas eléctricas, los sensores de humedad o el riego por goteo, las comunidades que vivían junto al Éufrates ya estaban aprendiendo algo esencial: cultivar en una región árida dependía de entender el movimiento del agua y trabajar con el paisaje.

Una investigación en la región de Eridu, en el sur del actual Irak, ha reconstruido una extensa red de canales y campos agrícolas vinculada al antiguo curso del Éufrates. Lo interesante no es únicamente su antigüedad. El paisaje conserva diferentes generaciones de infraestructuras hidráulicas y permite observar cómo sistemas inicialmente muy ligados a los procesos naturales fueron evolucionando hacia redes agrícolas bastante más organizadas.

La investigación más reciente, publicada en septiembre de 2026, ha aportado además algo que faltaba: dataciones científicas de algunos de esos canales.

Un paisaje agrícola escondido a simple vista

Eridu se encuentra en una zona actualmente árida y alejada del curso moderno del Éufrates. Precisamente ese abandono agrícola posterior ha ayudado a conservar rastros que en otras zonas de Mesopotamia quedaron enterrados bajo sedimentos, nuevas explotaciones y generaciones posteriores de canales.

El primer gran trabajo de cartografía permitió identificar más de 200 canales principales, conectados con el antiguo cauce del Éufrates. Tenían entre 1 y 9 km de longitud y aproximadamente entre 2 y 5 m de anchura.

De ellos partía una red mucho más fina: más de 4.000 canales secundarios, algunos de apenas 10 m y otros de hasta 200 m de longitud.

El dibujo resultante es sorprendentemente reconocible. Grandes conducciones transportaban el agua y otras más pequeñas la repartían entre parcelas.

Los investigadores han identificado más de 700 posibles explotaciones agrícolas, con superficies comprendidas aproximadamente entre 500 y 20.000 m².

No era un puñado de acequias aisladas. Era todo un paisaje organizado alrededor del agua.

El Éufrates hacía buena parte del trabajo

Uno de los aspectos más interesantes aparece cuando se observa cómo pudo comenzar este sistema.

Los ríos que atraviesan grandes llanuras sedimentarias pueden romper ocasionalmente sus diques naturales. Cuando ocurre, el agua se extiende lateralmente y crea una especie de abanico de pequeños cauces y sedimentos.

En Eridu aparecen varios de estos abanicos naturales.

La hipótesis que gana fuerza es especialmente sugerente: los agricultores pudieron aprovechar esos caminos naturales del agua y modificarlos progresivamente, excavando, rectificando y conectando canales.

No se trataba necesariamente de imponer desde cero una enorme infraestructura sobre el territorio. Parte de la ingeniería consistía en observar por dónde quería circular el agua y aprovecharlo.

La investigación de 2026 ha encontrado precisamente una estructura que parece representar esa transición entre un cauce formado por una crecida y un canal agrícola construido o modificado por personas.

Y su antigüedad cambia bastante la historia.

Una fecha que lleva el riego hasta el V milenio a. C.

Los investigadores excavaron varios puntos seleccionados después de estudiar las imágenes de satélite. En los sedimentos recuperaron conchas de agua dulce que posteriormente fueron analizadas mediante espectrometría de masas con acelerador para obtener dataciones por radiocarbono.

La muestra más antigua proporcionó una fecha calibrada de aproximadamente 4540-4443 a. C.

Procedía precisamente de esa estructura situada entre un cauce natural y un canal.

Eso la convierte en una evidencia excepcionalmente temprana de manipulación del agua en la zona de Eridu.

Las redes claramente artificiales y organizadas aparecen después. Otros canales estudiados corresponden al III milenio a. C., cuando el paisaje agrícola ya muestra una estructura mucho más regular.

La diferencia resulta reveladora: el sistema hidráulico no parece haber aparecido completamente desarrollado de un día para otro. Fue evolucionando durante milenios.

De seguir el agua a organizar campos enteros

En algunos sectores, los canales posteriores forman auténticas cuadrículas.

Grandes conducciones discurren en una dirección mientras otras parten casi perpendicularmente. Los espacios rectangulares encerrados entre ellas probablemente correspondían a campos o jardines agrícolas.

Ahí ya aparece una gestión del territorio bastante más sofisticada.

El agua debía distribuirse entre diferentes parcelas, los canales necesitaban mantenimiento y los caudales tenían que controlarse. Todo ello requería conocimiento acumulado y algún tipo de organización colectiva.

Hay además evidencias arqueológicas de cebada y dátiles en Eridu, dos productos compatibles con este paisaje irrigado. Los investigadores consideran posible que las redes documentadas abastecieran las explotaciones agrícolas encargadas de alimentar a la propia ciudad.

Un sistema de baja energía, pero nada sencillo

Resultaría tentador describir esta agricultura como una solución sostenible perfecta. No lo era.

Los canales necesitaban limpieza frecuente. Los sedimentos podían acumularse, los cauces cambiar y la distribución del agua requería vigilancia.

Además, la agricultura de regadío prolongada en regiones áridas puede provocar problemas importantes, entre ellos acumulación de sales en el suelo cuando el drenaje y la evaporación no están adecuadamente equilibrados.

Aun así, había una característica especialmente interesante desde una perspectiva moderna: el movimiento del agua dependía fundamentalmente de la gravedad y de la propia topografía.

Nada de bombeo continuo.

La energía estaba en el desnivel y en el río.

Los satélites modernos están leyendo una infraestructura milenaria

Paradójicamente, una tecnología del siglo XXI está permitiendo comprender una infraestructura construida miles de años antes de nuestra era.

Los investigadores combinaron imágenes de satélite de alta resolución, fotografías históricas CORONA, observaciones con drones, cartografía geomorfológica, excavaciones sobre el terreno y datación por radiocarbono.

Las imágenes permiten distinguir patrones. Los canales artificiales suelen presentar trazados más rectos, mientras que determinados cauces naturales muestran formas sinuosas.

También aparecen canales que cruzan otros canales.

Esas superposiciones funcionan casi como las capas de una ciudad: revelan que el territorio fue reorganizado en diferentes momentos.

Pero la imagen aérea por sí sola tiene límites. Un surco observado desde un satélite puede pertenecer a épocas muy distintas. Por eso la nueva investigación resulta especialmente relevante: ha comenzado a poner fechas científicas sobre el mapa.

Claves de la investigación

Cómo funciona

El sistema histórico aprovechaba agua procedente del antiguo Éufrates y de cauces asociados a desbordamientos. Los habitantes modificaron progresivamente parte de esas estructuras naturales y construyeron canales principales y secundarios para distribuir el agua hacia campos agrícolas. En las redes posteriores aparecen trazados rectos y cuadrículas mucho más organizadas.

En cifras

  • Más de 200 canales principales identificados.
  • 1-9 km de longitud en los canales principales.
  • Más de 4.000 canales secundarios o ramificaciones.
  • Más de 700 posibles explotaciones agrícolas.
  • 500-20.000 m² de superficie estimada por explotación.
  • 4540-4443 a. C., intervalo calibrado de la muestra más antigua analizada en una estructura de transición entre cauce natural y canal.

Qué tiene de diferente

No es una nueva tecnología de riego. Es la reconstrucción de uno de los paisajes hidráulicos antiguos mejor conservados de la región, donde pueden observarse distintas formas de gestión del agua y su evolución durante milenios.

La combinación de imágenes satelitales, trabajo de campo y datación permite además relacionar determinadas estructuras hidráulicas con periodos concretos de ocupación de Eridu.

Comparación directa con la tecnología convencional

Un sistema moderno puede utilizar bombas, tuberías presurizadas, goteros, sensores y control electrónico para suministrar cantidades precisas de agua.

El sistema de Eridu utilizaba canales abiertos, gravedad y las características naturales de la llanura aluvial. Su ventaja energética era la ausencia de bombeo mecánico; su capacidad de control y precisión era incomparablemente menor que la disponible en un sistema moderno de riego localizado.

Limitaciones

Las dataciones proceden únicamente de una muestra limitada de puntos excavados, por lo que no puede asignarse automáticamente la misma edad a toda la enorme red observada mediante satélite.

Las conchas de agua dulce empleadas para la datación también pueden verse afectadas por el denominado efecto reservorio, capaz de introducir desviaciones cronológicas. Los propios investigadores señalan esta incertidumbre y plantean estudiarla con mayor detalle.

Tampoco se conoce con precisión cuánto caudal transportaban los canales, cuánta agua consumían las explotaciones ni cuál era su eficiencia real.

Por tanto, no puede afirmarse que este sistema fuese más eficiente que el riego moderno.

En qué fase se encuentra

Investigación arqueológica en campo. La primera fase combina cartografía remota, excavaciones y datación científica. El equipo prevé continuar estudiando otros canales situados al sur del antiguo curso del Éufrates.

Quién está detrás

La investigación más reciente está firmada por Louise Rayne, Michelle de Gruchy, Jaafar Jotheri y Raheem Abdan, vinculados, entre otras instituciones, a Newcastle University, University of Al-Qadisiyah y University of Thi-Qar.

El trabajo previo de cartografía publicado en 2025 incorporó además investigadores de Durham University y del United Nations Satellite Centre. El proyecto ha recibido apoyo del British Institute for the Study of Iraq.

Fuente de los datos

Los datos proceden de artículos científicos revisados y publicados por Cambridge University Press, complementados con imágenes de satélite, observaciones sobre el terreno, excavaciones arqueológicas y análisis de radiocarbono mediante espectrometría de masas con acelerador realizados por la unidad especializada de la Universidad de Oxford.

Vía www.cambridge.org

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Publicado en: Gestión eficiente del agua, Curiosidades

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