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El desequilibrio térmico de la Tierra está aumentando, y la contaminación del aire no es la causa

2 enero, 2026 1 comentario

4.1/5 - (7 votos)
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Imagen: YAYImages – Depositphotos.

Nuevo estudio de la Universidad de Miami descarta la contaminación como causa principal del aumento del calor global.

  • Más energía entrando que saliendo.
  • Calor acumulado en océanos, tierra y atmósfera.
  • Aerosoles, efecto global casi neutro.
  • Nubes y reflectividad, piezas clave.
  • Hemisferios compensándose.
  • El calentamiento sigue.

Nuevo análisis satelital muestra que el calentamiento reciente proviene de menos nubes reflectantes, no de aire más limpio

La Tierra sigue calentándose porque retiene más energía solar de la que devuelve al espacio. A este desajuste se le conoce como desequilibrio energético del planeta. Cuando la balanza se inclina hacia la entrada de energía, el exceso no desaparece: se almacena, sobre todo, en los océanos, pero también en la atmósfera y en la superficie terrestre.

Durante años, una parte importante de la comunidad científica vinculó el aumento reciente del calentamiento global a la reducción de la contaminación atmosférica, especialmente en regiones industrializadas. Menos partículas en el aire, más radiación solar alcanzando la superficie. Lógico. Pero incompleto.

Nuevos análisis basados en series largas de datos satelitales y registros atmosféricos muestran una realidad más compleja y, sobre todo, más equilibrada de lo que se pensaba.

¿Qué es el desequilibrio energético de la Tierra?

La Tierra recibe energía del Sol principalmente en forma de radiación de onda corta, sobre todo luz visible. Una parte se refleja inmediatamente al espacio gracias a nubes, hielo, nieve y superficies claras. El resto se absorbe y calienta el sistema climático.

Ese calor no se queda para siempre. El planeta lo devuelve al espacio en forma de radiación infrarroja de onda larga. El problema aparece cuando la energía que entra supera a la que sale. Ahí empieza la acumulación.

Las mediciones más recientes indican algo clave: el aumento del desequilibrio no se debe tanto a que la Tierra pierda menos calor, sino a que absorbe más energía solar. La diferencia está, sobre todo, en la radiación de onda corta.

Y aquí entran en juego las nubes.

Cómo las partículas del aire influyen en el calentamiento

Los aerosoles son partículas microscópicas suspendidas en el aire. Proceden de fuentes humanas —tráfico, industria, combustión— y naturales —sal marina, incendios forestales, volcanes—. Influyen en el clima de dos formas principales.

Por un lado, interactúan directamente con la radiación solar, dispersándola o absorbiéndola. Por otro, modifican las propiedades de las nubes, alterando el tamaño y número de las gotas de agua.

Más aerosoles suelen generar nubes más brillantes, con gotas pequeñas, que reflejan mejor la luz solar. Menos aerosoles, nubes más “apagadas”, más energía llegando a la superficie.

Durante años, muchos modelos climáticos asumieron que la reducción de aerosoles en el hemisferio norte explicaba buena parte del calentamiento reciente. Las observaciones actuales matizan esa idea.

Los cielos del hemisferio norte y del sur se comportan de forma diferente

Los datos muestran un contraste claro entre hemisferios.

En el hemisferio norte, las políticas de calidad del aire redujeron notablemente las emisiones de sulfatos. Menos partículas capaces de formar nubes, menor reflectividad, más energía solar absorbida por océanos y continentes. Calentamiento regional, sí.

Pero en el hemisferio sur ocurrió algo distinto. Grandes incendios forestales en Australia entre 2019 y 2020 liberaron enormes cantidades de humo. En 2022, una erupción volcánica en el Pacífico inyectó partículas hasta capas muy altas de la atmósfera, que los vientos dispersaron sobre vastas áreas oceánicas.

El resultado fue un aumento de aerosoles naturales, nubes más reflectantes y un efecto de enfriamiento regional que compensó, en gran medida, el calentamiento del norte.

A escala global, el impacto neto de los aerosoles quedó cerca de cero. Un auténtico juego de equilibrios.

Seguimiento de la contaminación del aire y el calentamiento

Para llegar a estas conclusiones se usaron dos métodos independientes. Uno, basado en satélites que miden cómo las partículas afectan al paso de la luz solar. Otro, apoyado en datos de reanálisis atmosférico para estimar la presencia de sulfatos en niveles donde se forman las nubes.

Ambos enfoques coincidieron. Menos aerosoles industriales en el norte. Más aerosoles naturales en el sur. Cuando dos métodos distintos cuentan la misma historia, conviene escuchar.

Además, el análisis se centró en nubes bajas sobre los océanos, donde la interacción con aerosoles tiene mayor peso. Los efectos regionales fueron intensos, pero al sumar todo el planeta, se neutralizaron.

Las nubes controlan ahora el calentamiento

Si los aerosoles no explican el aumento del desequilibrio energético global, ¿qué lo hace?

La respuesta apunta a cambios en el comportamiento de las nubes. Variaciones en su cobertura, en su brillo, en su distribución. Menos reflexión solar en amplias zonas del planeta.

A esto se suma la pérdida de hielo y nieve por el calentamiento de la superficie. Superficies más oscuras absorben más energía. Un círculo que se retroalimenta.

También influyen patrones naturales del clima, como cambios en la temperatura oceánica, que alteran dónde y cómo se forman las nubes. El llamado feedback de onda corta asociado a las nubes se perfila como uno de los motores principales del calentamiento actual.

Implicaciones para la comprensión del clima

Comprender este “equilibrio hemisférico” permite enfocar mejor el problema. El calentamiento reciente no puede atribuirse de forma simplista a la mejora de la calidad del aire. Culpar al aire limpio sería, además de injusto, peligroso desde el punto de vista político y social.

La evidencia observacional muestra que el crecimiento del desequilibrio energético está dominado por cambios en nubes y superficies, ligados al propio calentamiento del planeta y a la variabilidad natural del sistema climático.

Esto no resta importancia a la reducción de la contaminación. Al contrario. Mejorar el aire salva vidas. Pero no explica, por sí sola, por qué la Tierra sigue acumulando calor.

Qué viene a continuación

El desequilibrio energético es, en cierto modo, el contador del calentamiento global. Indica a qué velocidad se está cargando el sistema climático.

Si los aerosoles se compensan entre hemisferios, el foco debe desplazarse. Entender mejor las nubes, su respuesta al calentamiento y su interacción con océanos y atmósfera es ahora una prioridad científica.

Porque ahí está una de las claves del futuro climático del planeta.

Más información: Negligible contribution from aerosols to recent trends in Earth’s energy imbalance | Science Advances

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Publicado en: Cambio Climático

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Comentarios

  1. Ricardo dice

    2 enero, 2026 a las 18:15

    Cómo podemos mejorar el clima si las grandes potencias, China, EEUU no cooperan y destruyen cada vez más zonas con vegetación nativa, como son las empresas que hacen comercio en los países más forestados? Reglas y acuerdos como el de París, no sé respetó, sobrepasamos en gran medida los límites y solo algunos de nuestros presidentes se comprometen a un mundo mejor, pasamos a ser una gota en el océano. Debemos unirnos como sociedad y evitar el consumo que dañe el ecosistema, sino este planeta no tiene futuro.

    Responder

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