
La moda convierte botellas en ropa para presumir de circularidad, pero el lavado revela una cara menos verde: más partículas plásticas y fibras más pequeñas.
- 👕 51 prendas analizadas de cinco grandes marcas.
- ♻️ 55 % más microfibras en el poliéster reciclado.
- 🔬 Partículas recicladas casi un 20 % más pequeñas.
- 🧵 Unos 12.430 fragmentos por gramo de tejido reciclado.
- 🧴 98 % del poliéster reciclado procedente de botellas, no de ropa usada.
- 🌊 Más reciclaje aparente, pero más contaminación microscópica durante el uso.
¿Por qué importa?
Convertir una botella de plástico en una camiseta parece, a primera vista, un buen ejemplo de economía circular. El problema aparece después. Una investigación de laboratorio ha encontrado que el poliéster reciclado utilizado en prendas puede desprender más microfibras que el poliéster virgen durante el lavado.
El resultado obliga a mirar más allá de la etiqueta «fabricado con material reciclado». Reciclar una materia prima puede reducir determinados impactos, pero eso no garantiza que el producto resultante sea ambientalmente mejor durante todo su ciclo de vida.
La paradoja de convertir botellas en ropa
Durante años, algunas de las mayores compañías textiles han presentado el poliéster reciclado o rPET como una de las vías más directas para reducir su dependencia del plástico virgen.
La historia resulta fácil de explicar: se recuperan botellas de PET, el plástico se procesa y termina convertido en fibras con las que fabricar camisetas, pantalones o ropa deportiva.
Pero hay una cuestión que suele quedar fuera de esa explicación: ¿qué ocurre con esas fibras mientras se utiliza y se lava la prenda?
Para responderla, la Changing Markets Foundation encargó al Microplastic Research Group de la Universidad de Çukurova, en Turquía, analizar 51 prendas comercializadas por Adidas, H&M, Nike, Shein y Zara.
Se estudiaron prendas de algodón, poliéster virgen y poliéster reciclado, además de algunas muestras de poliamida. Las pruebas reprodujeron condiciones de lavado y permitieron medir tanto el número y tamaño de las fibras liberadas como la masa total perdida por los tejidos.
Y ahí apareció la sorpresa.
El poliéster reciclado desprendió unas 12.430 fibras por gramo
Las muestras de poliéster reciclado liberaron de media aproximadamente 12.430 microfibras por cada gramo de tejido.
En el poliéster virgen la cifra fue de unas 8.028 fibras por gramo.
La diferencia ronda el 55 %.
El problema no termina en la cantidad. Las fibras procedentes del material reciclado presentaron una longitud media aproximada de 0,42 mm, frente a 0,52 mm en las fibras de poliéster virgen.
Es decir, las recicladas fueron casi un 20 % más pequeñas.
Eso tiene importancia ambiental porque las partículas diminutas pueden dispersarse con mayor facilidad por el agua, el suelo y el aire. También resultan más difíciles de interceptar una vez que abandonan la lavadora.
La comparación de la masa desprendida apuntó en la misma dirección: el poliéster reciclado perdió aproximadamente 0,36 mg de material por gramo de tejido, frente a 0,24 mg/g en el poliéster virgen. Un incremento del 50 %.
Reciclar puede debilitar el material
Hay una explicación física razonable detrás del resultado.
El reciclaje mecánico somete el plástico a sucesivos procesos de trituración, calentamiento y transformación. El material resultante puede presentar cadenas poliméricas más degradadas y fibras con mayor tendencia a romperse.
En una botella, esta degradación puede afectar a las propiedades del nuevo envase. Cuando ese PET termina convertido en hilo, el problema adquiere otra dimensión: cada pequeña rotura puede convertirse en una microfibra que acaba en el agua residual.
Esto no convierte automáticamente al poliéster virgen en una alternativa ambientalmente recomendable. Sigue procediendo de recursos fósiles y también libera microplásticos.
Lo que cuestiona la investigación es otra idea bastante extendida: que sustituir poliéster virgen por poliéster reciclado basta para hacer más sostenible una prenda.
No parece tan sencillo.

De la botella a la camiseta: una circularidad con salida difícil
Hay otra cuestión incómoda.
Según los datos recopilados por Changing Markets, aproximadamente el 98 % del poliéster reciclado procede actualmente de botellas de plástico y no de residuos textiles.
Esto significa que gran parte del rPET utilizado por la industria de la moda no constituye realmente un circuito «ropa a ropa».
Una botella de PET puede entrar en sistemas relativamente maduros de reciclaje botella a botella. Cuando ese mismo material se transforma en una prenda compuesta por tejidos, tintes, costuras, cremalleras, elastano u otros componentes, recuperar después el PET con suficiente calidad resulta bastante más complicado.
La botella ha sido reciclada, sí. Pero ha cambiado de una cadena relativamente circular a otra donde el reciclaje al final de la vida útil sigue siendo limitado.
El verdadero salto tecnológico estaría en recuperar ropa usada y convertir sus fibras de nuevo en materia prima para fabricar ropa. Ese reciclaje fibra a fibra está avanzando, incluido el reciclaje químico capaz de separar mezclas textiles complejas, aunque todavía no opera a una escala comparable con la enorme producción mundial de fibras sintéticas.
El problema no está únicamente en la lavadora
Los filtros de microfibras son una herramienta útil. Francia incluso ha legislado para introducir soluciones de captura de microfibras en nuevas lavadoras, y distintos grupos de investigación trabajan en sistemas capaces de interceptar partículas cada vez menores.
Pero colocar un filtro al final de la cadena no resuelve el origen del problema.
Hay margen para actuar mucho antes: hilos más resistentes, tejidos compactos, filamentos continuos, acabados de baja toxicidad, cortes que reduzcan el deshilachado y diseños específicamente evaluados por su liberación de fibras.
También importa cuánto dura una prenda.
Una camiseta utilizada durante años plantea un escenario muy diferente al de una prenda de moda ultrarrápida utilizada unas pocas veces. Los primeros lavados suelen encontrarse entre los momentos de mayor liberación de fibras, por lo que una rotación constante de ropa nueva alimenta también este flujo de contaminación.
Aquí el problema deja de ser exclusivamente de materiales. Entra en juego el propio modelo de producción y consumo de la moda rápida.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Las microfibras desprendidas durante el lavado entran primero en las aguas residuales. Una parte puede quedar retenida en las estaciones depuradoras, pero eso no significa que desaparezca.
Muchas terminan concentradas en los lodos generados durante la depuración. Cuando esos lodos se utilizan posteriormente en determinados usos agrícolas, las partículas pueden trasladarse del agua al suelo.
Desde allí comienza otro recorrido. Escorrentía, viento, cursos de agua…
Las fibras sintéticas también se desprenden durante el uso cotidiano de las prendas, por lo que el problema no se limita al lavado doméstico.
Reducir su tamaño aumenta además su capacidad de dispersión. Por eso el hallazgo de fibras recicladas más pequeñas merece atención: la cantidad de plástico liberado cuenta, pero también el tamaño de cada partícula.
No conviene, en cambio, convertir los resultados en conclusiones médicas que la investigación no puede demostrar. Se han encontrado microplásticos en numerosos tejidos y órganos humanos y existe una creciente investigación sobre sus posibles efectos biológicos, pero todavía quedan preguntas importantes sobre dosis, exposición y consecuencias clínicas a largo plazo.
Europa empieza a trasladar el problema al fabricante
El contexto regulatorio ha cambiado bastante.
La revisión europea de la Directiva Marco de Residuos introduce sistemas obligatorios de responsabilidad ampliada del productor para textiles y calzado. Los fabricantes tendrán que contribuir económicamente a la recogida y tratamiento de los productos que ponen en el mercado, con mecanismos que pueden favorecer los artículos más duraderos y reciclables.
Desde julio de 2026, además, las grandes empresas de la Unión Europea tienen prohibido destruir ropa, accesorios y calzado nuevos que no hayan vendido, salvo determinadas excepciones justificadas. Las empresas medianas quedarán incluidas posteriormente.
También avanza el Pasaporte Digital de Producto para los textiles. La intención es que información relevante sobre composición, circularidad y características ambientales pueda acompañar al producto durante su vida útil.
Todo esto cambia el enfoque. La sostenibilidad textil empieza a depender menos de colocar la palabra «reciclado» en una etiqueta y más de demostrar cómo se ha diseñado, cuánto puede durar, cómo podrá reutilizarse y qué ocurrirá cuando se convierta en residuo.
La liberación de microfibras podría convertirse en otra variable relevante dentro de ese debate.
Cinco marcas, pero no una fotografía completa de toda la industria
Hay que leer los resultados con cierta cautela.
El estudio trabajó con 51 prendas. Es una muestra útil para comparar materiales y detectar tendencias, pero pequeña frente a los millones de referencias comercializadas por las grandes cadenas.
Además, no todas las prendas tenían exactamente la misma construcción, tejido o proceso de fabricación.
Las diferencias entre marcas tampoco deben interpretarse como una clasificación definitiva.
Nike registró las mayores emisiones de poliéster dentro de las muestras analizadas. Sus prendas de poliéster reciclado alcanzaron una media de aproximadamente 30.772 fibras por gramo, pero eso describe los artículos sometidos a ensayo, no toda la producción de la compañía.
Hay incluso una anomalía interesante.
Las prendas de Shein comercializadas inicialmente como poliéster reciclado mostraron resultados parecidos a las de poliéster virgen. Los investigadores detectaron posteriormente discrepancias en la información comercial de algunos artículos y plantearon dudas sobre su composición. Es una sospecha derivada del estudio, no una demostración de fraude.
Ese matiz importa.
El algodón tampoco desaparece de la ecuación
La investigación también encontró pérdida de fibras en el algodón. De hecho, en términos de masa, las muestras de algodón desprendieron cantidades elevadas.
Pero comparar exclusivamente gramos de fibras puede resultar engañoso.
Las fibras naturales y las partículas de polímeros sintéticos presentan composición, persistencia, dimensiones y comportamiento ambiental diferentes. En las muestras analizadas, las fibras de algodón eran generalmente más largas y pesadas.
La conclusión útil no debería ser «algodón bueno, poliéster malo». La fabricación de algodón también consume recursos y puede generar impactos importantes dependiendo del cultivo, el agua utilizada, los tratamientos químicos y la durabilidad de la prenda.
La cuestión de fondo es diseñar ropa que dure mucho, desprenda poco material, pueda repararse y tenga una salida real al final de su vida útil.
Comprar menos sigue siendo una tecnología sorprendentemente eficaz
Hay soluciones sofisticadas en desarrollo: filtros de lavadora, reciclaje químico, clasificación automatizada, nuevos materiales y sistemas capaces de recuperar fibras textiles.
Pero hay una medida bastante menos espectacular.
Alargar la vida de la ropa.
Comprar prendas resistentes, utilizarlas durante más tiempo, reparar cuando sea razonable y reducir la rotación constante disminuye la necesidad de producir nuevas fibras y genera menos residuos.
En el caso de prendas sintéticas, lavar cuando realmente hace falta, utilizar ciclos menos agresivos y evitar temperaturas innecesariamente elevadas también puede reducir el desgaste.
No arregla por sí solo la contaminación por microplásticos. Ayuda. Y tiene una ventaja enorme: puede aplicarse hoy.

Ficha rápida
Cómo funciona
El poliéster reciclado utilizado en moda procede mayoritariamente de PET recuperado de botellas. El plástico se procesa y transforma en fibras textiles. Durante el uso y especialmente durante el lavado, el roce y la acción mecánica pueden romper pequeñas fibras que pasan al agua residual como microplásticos.
En cifras
- 51 prendas analizadas de Adidas, H&M, Nike, Shein y Zara.
- 12.430 fibras/g de media en las muestras de poliéster reciclado.
- 8.028 fibras/g en las muestras comparables de poliéster virgen.
- ≈55 % más microfibras liberadas por el poliéster reciclado.
- Longitud media: 0,42 mm frente a 0,52 mm en el poliéster virgen.
- Pérdida de masa: 0,36 mg/g frente a 0,24 mg/g, aproximadamente un 50 % más.
Qué tiene de diferente
La investigación no analiza únicamente la huella de fabricar poliéster reciclado. Examina qué sucede durante el uso de la prenda, midiendo número, tamaño y masa de las fibras desprendidas durante ensayos de lavado.
Comparación directa con la tecnología convencional
Poliéster reciclado: aprovecha PET existente y reduce la necesidad de materia prima virgen, pero las muestras estudiadas liberaron más fibras y partículas más pequeñas.
Poliéster virgen: utiliza nueva materia prima fósil y también genera microplásticos, aunque en las muestras analizadas desprendió menos fibras durante el lavado.
La comparación ambiental completa requiere considerar fabricación, energía, materias primas, durabilidad, microplásticos y tratamiento al final de la vida útil.
Limitaciones
El estudio analiza 51 prendas concretas, no toda la producción mundial ni todos los productos de las marcas estudiadas. Existen diferencias de construcción entre prendas y no fue posible disponer de muestras equivalentes de poliéster virgen para todas las marcas.
Tampoco demuestra que todo poliéster reciclado libere exactamente un 55 % más de fibras. El resultado corresponde a la media obtenida en las muestras comparadas.
La investigación fue encargada por Changing Markets Foundation y realizada por un grupo universitario; no debe confundirse con un artículo científico revisado por pares.
En qué fase se encuentra
Investigación de laboratorio sobre productos comerciales. No se trata de un nuevo material o prototipo. Las prendas analizadas son productos que ya se comercializan.
Quién está detrás
La investigación fue encargada por Changing Markets Foundation y desarrollada por el Microplastic Research Group de la Universidad de Çukurova, Turquía, dirigido por el profesor Sedat Gündoğdu, con participación del profesor asociado İlkan Özkan.
Fuente de los datos
Informe técnico y ensayos de laboratorio publicados en diciembre de 2025 por Changing Markets Foundation. Las pruebas utilizaron dos sistemas de lavado controlado, GyroWash y Wascator, para estudiar número, tamaño y masa de las fibras liberadas.
Vía: Fashion’s green strategy is making microplastic pollution worse – study • Changing Markets
Más información: Spinning Greenwash: How the fashion industry’s shift to recycled polyester is worsening microplastic pollution

Perla dice
Excelente que se realicen estos estudios!
Sería ideal que las prendas sean más duraderas y modificar comportamientos de compras innecesarias especialmente por el efecto MODA.