
Análisis revela que 2025 dejó 23 desastres climáticos millonarios en EE. UU., pese a la ausencia de huracanes.
- Desastres climáticos millonarios, sin pausa.
- Incendios históricos, tormentas encadenadas.
- 276 vidas perdidas, daños acumulados.
- Cambio climático como amplificador.
- Costes invisibles, más allá del dinero.
- Datos públicos, clave para anticipar riesgos.
Estados Unidos sufrió en 2025 un desastre climático millonario cada diez días
El año 2025 dejó una cifra que incomoda incluso a quienes siguen de cerca la crisis climática: un desastre meteorológico o climático con daños superiores a 1.000 millones de dólares cada diez días. El balance no es abstracto. 276 personas perdieron la vida y los daños económicos alcanzaron los 105.900 millones de euros, según un análisis independiente elaborado por Climate Central. Y aun así, pudo haber sido mucho peor.
El arranque del año ya marcó el tono. Los incendios más costosos jamás registrados en Estados Unidos arrasaron amplias zonas del área metropolitana de Los Ángeles durante semanas. Después llegaron las tormentas severas en cadena, los tornados en el centro del país, las inundaciones repentinas en el este y una combinación persistente de sequías y olas de calor en el oeste. Un goteo constante de impactos, sin apenas respiro.
En total, 23 eventos climáticos superaron el umbral de los mil millones de dólares en pérdidas a lo largo del año. Solo 2023 y 2024 registraron más episodios de este tipo. Y lo más inquietante: es el decimoquinto año consecutivo con cifras por encima de la media histórica. Desde 1980, el promedio anual era de nueve eventos y unos 62.000 millones de euros en daños. El acumulado histórico ya supera los 2,9 billones de euros.
Una señal clara: el clima está cambiando
La lectura científica es directa. El calentamiento global está intensificando los fenómenos extremos. Incendios más virulentos, lluvias más concentradas, tormentas más energéticas. En los años ochenta, un desastre de este calibre ocurría, de media, cada 82 días. En la última década, cada 16. En 2025, cada diez. Prácticamente continuo.
En este contexto, resultó alarmante que la administración federal anunciara la interrupción de las actualizaciones de la base de datos oficial de desastres millonarios, hasta entonces gestionada por la National Oceanic and Atmospheric Administration. Para muchos expertos, esa base de datos no es solo un archivo histórico: es una herramienta crítica para evaluar riesgos, orientar inversiones y diseñar políticas de adaptación.
Ante ese vacío, Climate Central decidió reactivar y actualizar el registro de forma independiente. Adam Smith, científico sénior en impactos climáticos y antiguo responsable del programa en NOAA, lo resume con claridad: disponer de datos consistentes permite tomar decisiones mejor informadas, aprender de cada desastre y prepararse para los que, con toda probabilidad, vendrán.
Incendios que no terminan cuando se apagan las llamas
Los incendios de Los Ángeles concentraron más de la mitad de las pérdidas económicas del año, con unos 56.300 millones de euros en daños directos. Pero hay un impacto mucho más difícil de cuantificar. La inhalación de humo tóxico, cargado de partículas procedentes de viviendas, vehículos y materiales sintéticos, provocó una crisis sanitaria silenciosa. Enfermedades cardiovasculares agravadas, problemas respiratorios persistentes, hospitalizaciones tardías. Y también trauma psicológico.
Todo eso no siempre aparece en las estadísticas económicas, pero existe. Costes médicos, bajas laborales, tratamientos de salud mental. Pérdidas que se extienden durante años. Incluso las estimaciones más completas, advierte Smith, siguen siendo conservadoras.
Tormentas más húmedas, atmósferas más cargadas
En otras regiones del país, el protagonismo fue para las tormentas severas. Granizadas extremas en Texas y Colorado. Sistemas convectivos intensos atravesando el sur y el noreste. Veintiuno de los 23 eventos estuvieron relacionados con tornados, vientos extremos o granizo. Al centrarse solo en este tipo de episodios, 2025 se sitúa como el segundo año más costoso jamás registrado.
La física atmosférica ayuda a entenderlo. Una atmósfera más cálida retiene más vapor de agua, y cuando libera esa energía lo hace de forma más violenta. A eso se sumó un Golfo de México excepcionalmente cálido, que aportó humedad adicional a las tormentas que avanzaron tierra adentro. La relación exacta entre cambio climático y tornados aún se investiga, pero el contexto energético en el que se forman ya no es el mismo que hace décadas.
Cuando el riesgo se construye ladrillo a ladrillo
No todo es clima. Las decisiones humanas amplifican los impactos. En el oeste del país, la expansión urbana hacia la llamada interfaz urbano-forestal ha colocado a más personas y más infraestructuras en zonas de alto riesgo. Más combustible disponible, más valor económico expuesto. Y cuando coinciden sequedad extrema, vientos intensos y una fuente de ignición, el control se vuelve casi imposible.
El resultado es una ecuación peligrosa: fenómenos más extremos + mayor exposición = daños crecientes. No es una sorpresa. Es una consecuencia.
La suerte, por una vez, jugó a favor
Que 2025 no haya sido el año más costoso de la historia se debe a un factor poco habitual: ningún huracán tocó tierra en Estados Unidos. Una configuración atmosférica específica en el sureste actuó como barrera, desviando los sistemas tropicales mar adentro. Fue una excepción. Y una suerte enorme.
Los huracanes suelen ser los eventos más caros. Un solo impacto directo puede superar fácilmente los 92.000 millones de euros. De haberse producido, el balance anual habría sido muy distinto.
Eso no significa una temporada tranquila. De los cinco huracanes atlánticos registrados, cuatro alcanzaron categoría mayor. Un porcentaje inusualmente alto. Además, fue el segundo año, desde que hay registros, con tres o más huracanes de categoría 5.
El ejemplo más claro fue el huracán Melissa, que devastó el Caribe alimentándose de temperaturas oceánicas récord, intensificándose de forma explosiva. En menos de un día, duplicó la velocidad de sus vientos máximos. Un comportamiento cada vez menos raro en océanos que acumulan calor año tras año.
Datos para no repetir errores
Que los huracanes no tocaran tierra en 2025 no es garantía de nada. La tendencia apunta a tormentas más intensas y rápidas, con menos margen de reacción. Por eso, desde Climate Central ya trabajan en mejorar y afinar la base de datos, revisando eventos pasados y profundizando en impactos específicos como los incendios forestales.
La información, bien tratada, no evita los desastres, pero ayuda a reducir daños, planificar mejor y asignar recursos donde más se necesitan. No es ideología. Es gestión del riesgo.
Impacto
La repetición de desastres extremos deja huellas profundas. Erosión del suelo, pérdida de biodiversidad, contaminación de acuíferos tras inundaciones, emisiones masivas de CO₂ y contaminantes por incendios. Ecosistemas que tardan décadas en recuperarse, si lo hacen. Cada evento extremo no es un episodio aislado, sino un golpe acumulativo sobre sistemas ya tensionados.
Además, la reconstrucción acelerada suele implicar consumo intensivo de materiales, energía y recursos, a menudo sin criterios de sostenibilidad. El riesgo es entrar en un ciclo de destruir-reconstruir-volver a destruir, cada vez más caro y más frágil.
Vía grist.org
Más información: Centro climático



Roberto dice
Todo lo malo que les pueda pasar se lo merecen por ser los mayores contaminadores del planeta y derrochar recursos . Negadores del cambio climático , el dinero y las ganancias son su dios .