
Estudio con seguimiento de 36.608 personas durante casi 14 años afirma que consumir una bebida “diet” al día aumentó el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en un 38%, más que el 23% vinculado a bebidas azucaradas tradicionales.
- Riesgo elevado con refrescos “light”.
- Mayor impacto que bebidas azucaradas.
- Posible efecto metabólico independiente.
- Relación con microbiota intestinal.
- Implicaciones para salud pública.
- Necesidad de políticas más amplias.
Los refrescos “dietéticos” podrían ser un riesgo mayor que el azúcar
Un estudio a gran escala, con seguimiento durante casi 14 años, revela que consumir solo una lata diaria de refresco endulzado artificialmente aumenta en un 38 % el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Esta cifra es incluso superior al riesgo observado en quienes consumen la misma cantidad de refrescos azucarados, cuyo incremento de riesgo se situó en un 23 %.
El trabajo, liderado por Monash University y basado en datos de 36.608 participantes de entre 40 y 69 años, rompe con la idea de que las versiones “light” o “sin azúcar” sean automáticamente más saludables. La investigación detecta que el riesgo asociado a los refrescos azucarados desaparece al ajustar por obesidad, lo que indica que su impacto está principalmente mediado por el aumento de peso. Sin embargo, en las bebidas con edulcorantes artificiales, el riesgo permanece elevado incluso después de ajustar por peso o índice cintura-cadera.
Lo que ocurre en el organismo
Los científicos apuntan a posibles mecanismos metabólicos independientes. Entre las hipótesis más sólidas están:
- Alteración de la microbiota intestinal, afectando la capacidad del cuerpo para regular la glucosa.
- Cambios en la sensibilidad a la insulina, incluso sin presencia de azúcar real.
- Condicionamiento del apetito por la exposición continua a sabores intensamente dulces, lo que podría alterar la respuesta metabólica.
Estudios recientes muestran que edulcorantes como aspartamo, sacarina o sucralosa pueden modificar el equilibrio bacteriano intestinal en apenas dos semanas, con impactos negativos sobre la tolerancia a la glucosa. En algunos casos, incluso pueden desencadenar respuestas de insulina similares a las del azúcar.
Más allá de la salud individual: implicaciones sociales y regulatorias
Este hallazgo llega en un momento en el que muchas ciudades y países aplican impuestos a las bebidas azucaradas como medida para combatir la obesidad y la diabetes. Sin embargo, el foco ha estado casi exclusivamente en el azúcar, dejando en segundo plano a las versiones “light” o “sin calorías”.
Si bien organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) han advertido en los últimos años sobre el uso prolongado de edulcorantes no nutritivos, las políticas públicas aún no han incorporado una regulación similar a la del azúcar. Algunos países de la Unión Europea ya han abierto debates legislativos para ampliar la fiscalidad y etiquetado a las bebidas con edulcorantes artificiales, dado que su consumo es alto y creciente, especialmente entre jóvenes.
Ejemplos como el de Francia, que en 2023 revisó su impuesto a bebidas para incluir ciertos productos “light”, muestran que la tendencia política está empezando a cambiar. Sin embargo, la mayoría de los mercados aún promocionan estas bebidas como la alternativa “más sana”.
Más información: The association of sweetened beverage intake with risk of type 2 diabetes in an Australian population: A longitudinal study – ScienceDirect



Pedro Cano dice
Interesa saber quien ha hecho el estudio, quien lo ha pagado, y si tiene o no alguna relación con el lobby azucarero.