
Japón prueba con éxito un motor de plasma que reduce el tiempo de reentrada de basura espacial a 100 días sin tocarla.
- Basura espacial fuera de control.
- Amenaza creciente para satélites y misiones.
- Sistema de propulsión sin contacto directo.
- Plasma bidireccional como solución innovadora.
- Reducción de residuos orbitales en menos de 100 días.
- Uso de argón: barato, accesible, eficiente.
Un sistema de propulsión mejorado podría ayudar a eliminar basura espacial sin contacto
La órbita terrestre se ha convertido en un vertedero de alta velocidad. Satélites obsoletos, fragmentos de cohetes y piezas rotas giran sin control alrededor del planeta, poniendo en peligro tanto las misiones activas como la infraestructura espacial que sostiene servicios esenciales en la Tierra, desde telecomunicaciones hasta sistemas de navegación. Y este problema no deja de crecer.
Según Kazunori Takahashi, profesor asociado en la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Tohoku (Japón), el aumento de residuos orbitales representa una amenaza real y urgente para la sostenibilidad de la actividad humana en el espacio. Las velocidades extremas de estos objetos –superiores a los 28.000 km/h– hacen inviable cualquier intento de recogida física sin riesgo de colisión o fragmentación.
Frente a esto, Takahashi propone una vía más segura: la eliminación sin contacto, basada en el uso de propulsión por plasma para frenar el movimiento del residuo hasta que pierda altitud y se desintegre al reingresar en la atmósfera.
Propulsión por plasma: una idea que avanza
Aunque el concepto ya había sido explorado teóricamente, su aplicación real siempre se ha topado con una limitación clave: el retroceso generado por el plasma desvía la nave de limpieza, dificultando el control y reduciendo la eficacia del frenado.
Para solucionar este obstáculo, Takahashi ha desarrollado un propulsor de plasma electrodo sin contacto y de eyección bidireccional. Este sistema lanza dos chorros de plasma en direcciones opuestas: uno hacia el residuo espacial, para frenarlo, y otro en sentido contrario, para contrarrestar el retroceso.
Lo más innovador es la introducción del llamado campo magnético «cúspide», que actúa como una jaula magnética, guiando el plasma en la dirección deseada sin dispersión. De esta forma, se maximiza el empuje útil sin desestabilizar la nave de servicio.
Resultados prometedores en laboratorio
El sistema ha sido probado en condiciones de vacío, simulando el entorno espacial. Los resultados son alentadores: el plasma bidireccional no solo equilibra la propulsión, sino que, gracias a la configuración de cúspide, triplica la fuerza de desaceleración respecto a versiones anteriores.
Esto significa que un objeto puede ser retirado de órbita en aproximadamente 100 días, lo que representa un avance considerable en términos de eficiencia y seguridad operativa. Además, el sistema funciona con argón, un gas noble abundante y económico, a diferencia del xenón, más caro y escaso, utilizado en muchos sistemas de propulsión actuales.
Contexto global y posibles aplicaciones
Este desarrollo encaja en un momento clave: en los últimos años, varias agencias espaciales –incluida la ESA y JAXA– han lanzado iniciativas como ClearSpace-1 o CRD2, centradas en probar nuevas tecnologías para limpiar la órbita terrestre. A esto se suman movimientos regulatorios, como la exigencia de la FCC (Estados Unidos) de eliminar satélites inactivos en menos de cinco años tras su misión.
El sistema de Takahashi, al evitar contacto físico y reducir riesgos, podría integrarse en futuros vehículos de limpieza autónomos o formar parte de constelaciones de mantenimiento orbital. Incluso se vislumbra su uso combinado con inteligencia artificial para seleccionar y gestionar residuos de forma dinámica.
Potencial
Esta tecnología no solo representa un avance en ingeniería espacial, sino una herramienta realista para proteger el entorno orbital. Si se escala adecuadamente, podría:
- Prevenir colisiones catastróficas que generan aún más basura.
- Extender la vida útil de los satélites al mantener órbitas despejadas.
- Reducir costes de futuras misiones, evitando maniobras evasivas.
- Fomentar una economía espacial circular, donde el mantenimiento y la eliminación sean parte del ciclo operativo.
En última instancia, mantener el espacio limpio es tan vital como cuidar nuestros océanos o bosques. Porque sin un entorno orbital seguro, muchos de los avances tecnológicos y sostenibles en la Tierra —desde el monitoreo climático hasta las energías renovables— quedarían en riesgo.
Más información: Cusp-type bi-directional radiofrequency plasma thruster toward contactless active space debris removal. Kazunori Takahashi. DOI: 10.1038/s41598-025-16449-9



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