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Instalan servidores en los termos de las casas: su calor puede cubrir hasta el 80 % de las necesidades de agua caliente

4 octubre, 2026 Deja un comentario

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Una ingeniosa solución aprovecha el calor residual de la computación para reducir el consumo energético doméstico y evitar que esa energía se desperdicie.

  • 🖥️ Un servidor instalado junto al depósito de agua caliente.
  • 🔥 Calor de los procesadores aprovechado en lugar de desperdiciado.
  • 🚿 Hasta el 80 % del agua caliente de un hogar medio.
  • ⚡ Una misma electricidad utilizada para computación y producción de calor.
  • 💰 Electricidad del servidor asumida por Heata.
  • 🌍 Hasta 750 kg de CO₂ equivalente evitados al año, según la empresa.
  • 🏠 Alrededor de 100 viviendas británicas ya equipadas.
  • 🔧 Instalación sin modificar las tuberías del depósito.

Un pequeño centro de datos pegado al depósito de agua caliente

La idea resulta llamativa porque cambia completamente la arquitectura tradicional de un centro de datos.

En lugar de construir un enorme edificio lleno de servidores, sistemas eléctricos y equipos de refrigeración, Heata distribuye pequeños servidores entre viviendas particulares conectadas a Internet.

Cada unidad contiene hardware informático capaz de ejecutar cargas de trabajo reales. Al procesar información, los componentes electrónicos generan calor, exactamente igual que cualquier ordenador, aunque de manera continua y controlada.

La diferencia está en lo que ocurre después.

Un puente térmico patentado conecta físicamente el servidor con el depósito de agua caliente. El calor producido por el equipo atraviesa esta interfaz y pasa al agua almacenada.

De esta manera, una energía que normalmente tendría que expulsarse mediante ventiladores o sistemas de climatización se convierte en energía térmica aprovechable.

Hasta 4,8 kWh de calor al día

Heata calcula que una unidad funcionando durante todo el día puede aportar aproximadamente 4,8 kWh térmicos diarios al agua.

Es una cantidad significativa. La propia compañía la compara con las necesidades diarias de agua caliente de un hogar británico medio.

Sin embargo, ese es el máximo teórico bajo funcionamiento continuo.

En condiciones reales existen dos limitaciones importantes: el servidor no siempre dispone de suficiente trabajo informático y, cuando el depósito ya ha alcanzado su temperatura objetivo, deja de tener sentido seguir transfiriéndole calor.

Por ello, Heata considera que, con una buena utilización de la capacidad informática, su sistema podría proporcionar hasta aproximadamente el 80 % del agua caliente de un hogar medio.

El calentador convencional no desaparece. La caldera, resistencia eléctrica u otro sistema existente permanece conectado y aporta la energía que falte cuando sea necesario.

La vivienda no paga la electricidad del servidor

Aquí aparece una diferencia fundamental respecto a instalar simplemente un ordenador potente en casa para aprovechar su calor.

Heata asume el coste eléctrico asociado al funcionamiento de su unidad.

El consumo se mide mediante un contador específico y se compensa al propietario de la vivienda. El hogar aporta principalmente el espacio físico, el depósito compatible y una conexión rápida a Internet.

A cambio recibe el calor generado por el procesamiento.

Por tanto, no se está creando energía gratuita. La electricidad sigue siendo necesaria para ejecutar los cálculos.

Lo interesante desde el punto de vista energético es que esa misma electricidad proporciona dos servicios diferentes: electricidad → procesamiento informático → calor → agua caliente

En un centro de datos convencional, el último eslabón normalmente constituye un residuo que debe eliminarse.

Evitar la refrigeración cambia el balance energético

Esta es probablemente la parte más interesante de la tecnología.

Los procesadores necesitan mantenerse dentro de determinados límites de temperatura. En grandes centros de datos esto obliga a utilizar sistemas de refrigeración que también consumen electricidad y, dependiendo de la tecnología empleada, pueden requerir agua.

Heata convierte el propio depósito doméstico en el destino útil del calor.

Según sus datos técnicos actuales, aproximadamente el 67 % de la energía utilizada por la unidad puede transferirse al agua, aunque la empresa espera superar el 90 % con futuras generaciones del equipo.

La compañía estima además que cada unidad puede evitar hasta 750 kg de CO₂ equivalente al año frente al escenario que compara un centro de datos convencional y la producción doméstica de agua caliente.

Conviene interpretar esta última cifra correctamente: es una estimación realizada por Heata, basada en determinadas hipótesis sobre utilización del servidor, eficiencia de los sistemas convencionales y mix energético. No significa que cualquier instalación vaya a conseguir exactamente ese ahorro.

El concepto de «mover los datos, no el calor»

Existe una razón física que hace especialmente atractiva esta arquitectura.

El calor es relativamente complicado y caro de transportar a grandes distancias. Para recuperar el calor residual de un gran centro de datos y llevarlo hasta las viviendas suelen necesitarse intercambiadores, tuberías aisladas, estaciones de bombeo y, en determinadas circunstancias, bombas de calor.

Los datos digitales, en cambio, pueden desplazarse prácticamente de forma instantánea a través de una conexión de fibra óptica.

Heata aprovecha precisamente esa diferencia.

En vez de pensar: centro de datos → producir calor → transportar calor hasta las viviendas

propone: transportar los datos → procesarlos en las viviendas → generar el calor directamente donde se necesita

Es una forma especialmente interesante de computación distribuida asociada a recuperación térmica.

Sin intervenir en las tuberías

Otra característica relevante es la instalación.

La unidad se fija exteriormente al depósito mediante el mecanismo de transferencia térmica desarrollado por la compañía. Según Heata, no es necesario modificar las tuberías del sistema de agua caliente.

La instalación ha sido probada con ingenieros de British Gas y puede realizarse aproximadamente en dos horas.

Actualmente existe, sin embargo, una limitación importante: el diseño comercial está orientado principalmente a determinados depósitos ventilados de agua caliente, habituales en Reino Unido. Heata trabaja también en una versión compatible con depósitos no ventilados.

Por tanto, no se trata todavía de un dispositivo universal que pueda colocarse sobre cualquier termo eléctrico o acumulador doméstico.

De un experimento a unas 100 viviendas

El concepto ha superado ya la fase de simple demostración.

En septiembre de 2026, alrededor de 100 hogares británicos disponían de una unidad Heata y aproximadamente 3.000 personas estaban en lista de espera, según datos publicados sobre el despliegue.

La empresa también ha trabajado con British Gas en un proyecto para comprobar el funcionamiento de estas unidades en viviendas reales.

El origen de la tecnología resulta especialmente curioso. Heata comenzó experimentando con equipos informáticos sumergidos en aceite mineral para recuperar su calor y utilizarlo en calefacción.

Después llegó una conclusión importante: la calefacción doméstica es muy estacional, mientras que las viviendas necesitan agua caliente durante prácticamente todo el año.

El depósito de ACS resultaba, por tanto, un sumidero térmico mucho más constante.

Una alternativa a llevar el calor de los centros de datos hasta las ciudades

La recuperación del calor informático no es nueva, pero esta arquitectura sí introduce una diferencia importante.

Otros proyectos instalan pequeños centros de datos cerca de piscinas, edificios o redes de calefacción para aprovechar su energía residual.

Aquí hemos mostrado, por ejemplo, cómo una startup londinense pretende reutilizar el calor de centros de datos para calentar hasta 150 piscinas públicas.

Heata lleva el concepto un paso más cerca del consumidor: el servidor está prácticamente pegado al lugar donde se consume el calor.

Esto elimina buena parte de la infraestructura necesaria para transportar energía térmica.

El planteamiento encaja además con otra tendencia del sector: encontrar aplicaciones para un calor residual que crecerá conforme aumente la capacidad mundial de computación. La refrigeración de los centros de datos se está convirtiendo en uno de los principales retos técnicos asociados al crecimiento de la inteligencia artificial y los servicios digitales.

No todo el procesamiento puede trasladarse a una vivienda

El modelo también tiene limitaciones.

Un centro de datos convencional ofrece conexiones de altísima capacidad, redundancia eléctrica, seguridad física, mantenimiento centralizado y comunicación de muy baja latencia entre miles de servidores.

Una red distribuida por viviendas no puede sustituir directamente toda esa infraestructura.

El sistema resulta más apropiado para cargas informáticas que puedan dividirse y ejecutarse de manera distribuida sin necesitar comunicaciones ultrarrápidas entre servidores.

También depende de disponer simultáneamente de demanda informática y capacidad para absorber el calor.

Si el depósito está completamente caliente, producir más calor deja de aportar valor. Y si no existen trabajos informáticos disponibles, tampoco existe calor que recuperar.

La gestión inteligente de ambas variables —demanda computacional y demanda térmica— será fundamental para que el modelo pueda crecer.

Potencial

La propuesta de Heata plantea una idea especialmente interesante para la transición energética: no siempre es necesario generar más energía; a veces basta con utilizar mejor la que ya se consume.

Los centros de datos seguirán necesitando electricidad. El crecimiento de la inteligencia artificial, la computación en la nube y los servicios digitales probablemente aumentará esa demanda durante los próximos años.

Pero cada kilovatio hora que entra en un procesador termina transformándose, tarde o temprano, en calor.

Si una parte creciente de ese calor puede sustituir electricidad o gas utilizados para producir agua caliente, el balance energético global mejora.

La clave de Heata no consiste, por tanto, en haber inventado un servidor que produzca calor. Todos lo hacen.

Su innovación consiste en colocar el servidor exactamente donde ese calor deja de ser un problema y se convierte en un recurso.

Más información: www.heata.co

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Publicado en: Eficiencia energética

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