
Cubren un contenedor con una fina lámina y consiguen bajar hasta 22 °C su temperatura sin gastar electricidad.
- 🌡️ Hasta 22 °C menos en el día más caluroso.
- ☀️ Refrigeración pasiva aprovechando la propia radiación térmica.
- ⚡ Sin electricidad, compresores ni ventiladores.
- 🚢 Prueba real con cuatro contenedores de 20 pies.
- 📊 Más de 5.600 mediciones durante más de 15 días.
- 🇪🇸 Tecnología desarrollada por Cooling Photonics, empresa nacida en Barcelona.
¿Por qué importa?
Los contenedores metálicos expuestos al sol pueden convertirse en auténticas cajas calientes. Eso afecta a mercancías, componentes electrónicos y personas y, cuando existe climatización activa, aumenta la cantidad de calor que debe eliminarse.
Una prueba realizada durante el verano en el entorno de Valenciaport apunta a una alternativa bastante sencilla: impedir que buena parte de ese calor llegue a entrar.
Una lámina de refrigeración radiativa pasiva desarrollada por Cooling Photonics consiguió que un contenedor completamente recubierto no superara los 34,2 °C, mientras otro contenedor equivalente y sin tratamiento alcanzó los 53 °C. En el día más caluroso, la diferencia llegó a 22 °C. Todo ello sin electricidad.
Cuatro contenedores bajo el mismo sol
La prueba tiene especial interés porque no se realizó únicamente en laboratorio.
Durante más de 15 días consecutivos, en las instalaciones de Transbase Soler se colocaron cuatro contenedores marítimos idénticos de 20 pies sometidos a una exposición solar comparable.
Uno quedó sin tratar y sirvió como referencia. Otro incorporó una manta térmica convencional en su interior. Al tercero se le instaló el nuevo material únicamente sobre el techo. El cuarto recibió la cobertura tanto en el techo como en las paredes laterales.
Sensores independientes registraron las temperaturas interiores cada 15 minutos, acumulando más de 5.600 lecturas.
La diferencia apareció con claridad durante las horas de mayor radiación.
El contenedor convencional alcanzó 53 °C y permaneció más de un tercio del tiempo por encima de 40 °C. El completamente protegido con CoolPly no pasó de 34,2 °C.
Al comparar las temperaturas máximas de cada día, la reducción media alcanzó 17,5 °C. En la jornada más desfavorable para el contenedor convencional, la diferencia llegó a esos 22 °C que resumen buena parte del potencial de la tecnología.

No es aislamiento convencional: intenta evitar que el calor entre
Aquí está probablemente la parte más interesante.
Un aislante térmico tradicional trata de dificultar el intercambio de calor entre el exterior y el interior. Puede resultar tremendamente útil, aunque una estructura metálica expuesta durante horas al sol continúa absorbiendo radiación.
CoolPly actúa antes.

El material está diseñado para reflejar gran parte de la radiación solar que llega a la superficie y, al mismo tiempo, favorecer la emisión de energía térmica hacia el exterior mediante radiación infrarroja.
Dicho de una manera sencilla: intenta que la superficie absorba menos energía del Sol y facilite la salida del calor que ya tiene.
Ese principio pertenece a una familia tecnológica conocida como refrigeración radiativa pasiva. No necesita un circuito frigorífico para producir el efecto. Tampoco compresores, ventiladores ni fluidos refrigerantes.
La física hace buena parte del trabajo.
El cielo también puede utilizarse para eliminar calor
Todos los objetos emiten energía en forma de radiación térmica. Los materiales de refrigeración radiativa están diseñados para controlar especialmente bien esa transferencia.
Una parte de la radiación infrarroja puede escapar a través de la denominada ventana atmosférica, situada aproximadamente entre los 8 y 13 micrómetros. Es una región del espectro en la que la atmósfera absorbe relativamente poca radiación térmica.
Los materiales fotónicos aprovechan este fenómeno para utilizar, en cierto modo, el cielo como un enorme sumidero térmico.

No es una rareza experimental. La refrigeración radiativa se investiga actualmente para edificios, instalaciones industriales, sistemas fotovoltaicos, electrónica y otras superficies sometidas a fuertes cargas solares.
La dificultad siempre está en trasladar una propiedad óptica interesante del laboratorio a un material económico, resistente y sencillo de instalar.
Y ahí es donde este ensayo valenciano empieza a resultar relevante.
De una tecnología fotónica a una lámina que puede pegarse sobre una superficie
Cooling Photonics nació en Barcelona en 2020 a partir de investigación vinculada al Instituto Catalán de Nanociencia y Nanotecnología (ICN2). La tecnología original de refrigeración pasiva radiativa fue patentada por el instituto y posteriormente trasladada hacia aplicaciones comerciales.
La solución CoolPly busca simplificar especialmente su utilización.
En lugar de tener que modificar por completo el activo que se pretende proteger, el material puede aplicarse sobre determinadas superficies expuestas al Sol. La propia empresa describe un proceso de instalación basado en preparar y limpiar la superficie, retirar la protección de la capa adhesiva y fijar el material.
Esto abre una posibilidad interesante: rehabilitar térmicamente infraestructuras que ya existen.
Contenedores, armarios eléctricos, depósitos, instalaciones de telecomunicaciones o determinadas cubiertas industriales podrían recibir una protección adicional sin incorporar necesariamente maquinaria de refrigeración.
Lo interesante no son únicamente los contenedores
El puerto funciona aquí casi como un laboratorio a tamaño real.
Cooling Photonics ya plantea aplicaciones de CoolPly sobre equipos eléctricos, instalaciones energéticas, telecomunicaciones, depósitos, trenes y otros activos industriales expuestos al Sol.
En electrónica, por ejemplo, bajar la temperatura de funcionamiento puede reducir las situaciones de estrés térmico. En instalaciones industriales puede disminuir la necesidad de ventilación o refrigeración activa. En espacios metálicos utilizados temporalmente por trabajadores, reducir los picos de temperatura también puede mejorar las condiciones interiores.
Hay otra aplicación particularmente interesante: los equipos situados en lugares remotos.
Un armario de telecomunicaciones, una instalación energética o determinada infraestructura situada a pleno sol puede necesitar refrigeración precisamente cuando las condiciones exteriores son más duras. Una protección que funcione sin alimentación eléctrica y sin partes móviles elimina componentes susceptibles de mantenimiento.
No parece espectacular. Precisamente ahí está parte de su atractivo.
Pero no convierte un contenedor convencional en uno frigorífico
Conviene poner los resultados en contexto.
Mantener el interior por debajo de aproximadamente 35 °C representa una mejora enorme frente a superar los 50 °C, pero sigue estando muy lejos de las temperaturas necesarias para transportar alimentos refrigerados, medicamentos o productos congelados.
CoolPly no sustituye al sistema frigorífico de un contenedor refrigerado.
Su papel podría ser otro: reducir la cantidad de calor que recibe la envolvente y, por tanto, disminuir potencialmente la carga que debe combatir posteriormente un sistema activo.
Esa posibilidad tiene lógica física, aunque el ensayo de Valenciaport divulgado hasta ahora no proporciona una cifra de ahorro eléctrico de un contenedor frigorífico equipado con esta solución. Harían falta pruebas específicas para cuantificarla.
Y esa cifra sería especialmente interesante para el sector logístico.

Una tecnología especialmente interesante ante las olas de calor
Existe otro aspecto menos evidente.
Las temperaturas extremas provocan precisamente los mayores picos de demanda de refrigeración eléctrica. Son momentos en los que edificios, comercios, industrias y centros logísticos necesitan extraer enormes cantidades de calor simultáneamente.
Las soluciones pasivas actúan en sentido contrario: cuanto mayor es la exposición solar que se consigue rechazar, mayor puede ser el calor que deja de incorporarse a la superficie protegida.
No resolverán por sí mismas la adaptación a las olas de calor. Pueden convertirse, eso sí, en una primera barrera antes de encender sistemas activos mucho más intensivos en energía.
Esa combinación probablemente sea más interesante que enfrentar una tecnología con la otra.
Valenciaport como banco de pruebas
El proyecto también refleja un cambio en la forma de probar tecnologías climáticas.
La prueba se realizó dentro del Valenciaport Sandbox, con la participación de Fundación Valenciaport, Transbase Soler y Opentop. El objetivo de este entorno es permitir que tecnologías todavía en desarrollo puedan enfrentarse a condiciones operativas reales antes de una implantación más amplia.
Cooling Photonics ya había presentado anteriormente su tecnología dentro del ecosistema de innovación portuaria de Valenciaport. En febrero de 2026, durante un encuentro de la Port Innovators Network, la compañía mostró CoolPly y sus posibles aplicaciones industriales.
El ensayo de verano da un paso más: pasar de explicar el principio a colocar el material sobre contenedores y medir qué ocurre durante semanas bajo el Sol mediterráneo.
Potencial
El mayor potencial de la refrigeración radiativa probablemente no esté en eliminar de golpe los sistemas de aire acondicionado o refrigeración industrial.
Está en necesitarlos menos.
Una cubierta que absorbe menos radiación, un armario eléctrico que trabaja a menor temperatura o un contenedor frigorífico que recibe una carga térmica inferior pueden necesitar menos energía posteriormente para mantenerse dentro de su rango de funcionamiento.
Aplicado a millones de metros cuadrados de cubiertas e infraestructuras expuestas al Sol, ese principio puede adquirir otra dimensión.
También existe una oportunidad interesante en regiones cálidas con redes eléctricas débiles. Allí, las soluciones pasivas pueden proporcionar una primera capa de protección térmica sin aumentar la demanda energética.
El siguiente paso deberá ser menos llamativo que esos 22 °C de diferencia, pero probablemente más importante: demostrar cuánto dura el material, cuánto cuesta instalado, qué ahorro energético genera cuando complementa refrigeración activa y cuál es su impacto durante todo el ciclo de vida.
Si esos números salen bien, cubrir una superficie para que absorba menos calor podría convertirse en una herramienta sorprendentemente sencilla de adaptación a un mundo más cálido.
Vía www.fundacionvalenciaport.com
Más información: Cooling Photonics

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