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Investigadores chinos desarrollan material inspirado en los pingüinos que alterna entre calefacción y refrigeración de forma pasiva

25 mayo, 2026 Deja un comentario

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Imagen representativa generada con IA

Científicos crean película “Janus” que refleja más del 90% de la luz solar o absorbe el 94,5% según el lado utilizado.

  • 🌡️ Material inteligente inspirado en los pingüinos.
  • 🐧 Cambio automático entre calefacción y refrigeración.
  • 🏢 Edificios más eficientes sin consumo eléctrico adicional.
  • 📡 Control de microondas y radar en un solo recubrimiento.
  • ❄️ Resistencia al hielo y al agua en condiciones extremas.
  • ⚡ Ahorro energético potencial de hasta 11 kWh por metro cuadrado al año.
  • 🧪 Vanadio y estructuras microscópicas como clave tecnológica.
  • 🌍 Menos climatización artificial, menos emisiones.

Un material que copia a los pingüinos para adaptarse al clima

Durante años, la ingeniería térmica ha perseguido una idea casi imposible: crear un material capaz de calentarse en invierno y enfriarse en verano sin necesidad de electricidad, motores o sistemas mecánicos. Ahora, un grupo de investigadores chinos parece haber dado un paso muy serio en esa dirección gracias a un diseño inspirado en uno de los animales mejor adaptados al frío del planeta: el pingüino.

El nuevo material funciona como una especie de “piel climática” inteligente. Puede absorber calor solar cuando hace frío, reflejar la radiación cuando las temperaturas suben e incluso modificar su comportamiento frente a microondas y señales electromagnéticas según el entorno térmico. Todo ello de forma pasiva. Sin enchufes. Sin baterías. Casi ciencia ficción… pero real.

La investigación parte de un problema muy actual: los materiales convencionales suelen estar diseñados para una sola función térmica. Los recubrimientos que ayudan a mantener fresco un edificio durante el verano también dificultan aprovechar el calor solar en invierno. Y ocurre justo al revés con las superficies absorbentes.

Ese enfoque rígido empieza a quedarse corto en un planeta donde las olas de calor, las anomalías climáticas y los cambios bruscos de temperatura son cada vez más frecuentes.

La inspiración animal que llegó desde la Antártida

Los pingüinos no sobreviven en ambientes extremos por casualidad. Su plumaje combina capas aislantes, estructuras direccionales y propiedades impermeables que les permiten conservar calor o disiparlo según las condiciones. Ese equilibrio térmico fascinó a los investigadores del Harbin Institute of Technology, Henan Normal University y Suzhou Laboratory.

El resultado fue una película ultrafina tipo “Janus”, llamada así por el dios romano de las dos caras. Una cara está diseñada para calentar. La otra, para enfriar.

La cara calefactora absorbe aproximadamente el 94,5% de la energía solar recibida. Bajo luz solar intensa alcanzó temperaturas cercanas a los 87 °C durante las pruebas exteriores. La otra cara refleja más del 90% de la radiación solar y emite calor hacia el exterior mediante refrigeración radiativa, logrando mantenerse entre 4 y 12 °C por debajo de la temperatura ambiente.

Es una dualidad muy interesante porque elimina parte de la dependencia de sistemas activos de climatización. Y ahí está lo realmente importante.

El papel del dióxido de vanadio: un material con “doble personalidad”

En el centro de esta tecnología aparece un compuesto bastante peculiar: el dióxido de vanadio (VO₂).

A temperatura ambiente actúa como aislante. Pero cuando supera aproximadamente los 68 °C cambia radicalmente y se comporta como un metal conductor. Ese salto altera de forma drástica su resistencia eléctrica y su interacción con las microondas.

Los investigadores integraron este compuesto dentro de microestructuras similares a fibras distribuidas en una capa flexible de polímero. Cuando el material se calienta, las partículas empiezan a crear caminos conductores que transforman completamente el comportamiento electromagnético de la superficie.

Traducido al lenguaje cotidiano: el material puede dejar pasar señales inalámbricas cuando está frío y bloquearlas o absorberlas cuando se calienta.

Durante las pruebas, la transmisión de microondas cayó desde un 83,6% hasta apenas un 0,06% tras el calentamiento del material en determinadas bandas de frecuencia. Eso abre posibilidades enormes en electrónica, comunicaciones, vehículos inteligentes y protección electromagnética.

Edificios que se adapten solos al verano y al invierno

La climatización de edificios representa cerca del 50% del consumo energético mundial asociado al uso de edificios en muchas regiones urbanas. Cualquier tecnología capaz de reducir esa demanda tiene un impacto climático directo.

Aquí es donde este material empieza a ponerse realmente interesante.

En teoría, una fachada o cubierta equipada con este sistema podría orientarse o desplegar una cara diferente según la estación del año. En invierno aprovecharía el calor solar. En verano reflejaría la radiación y expulsaría energía térmica hacia el exterior.

La idea encaja muy bien con la nueva generación de arquitectura bioclimática y edificios de consumo casi nulo impulsados por la Unión Europea. De hecho, la normativa europea sobre eficiencia energética en edificios está acelerando el desarrollo de materiales adaptativos y soluciones pasivas capaces de reducir el uso de aire acondicionado y calefacción convencional.

Y tiene lógica. El aire acondicionado ya representa uno de los grandes desafíos energéticos globales. La Agencia Internacional de la Energía lleva años advirtiendo del crecimiento explosivo de su demanda eléctrica, especialmente en Asia y regiones cálidas.

Menos necesidad de refrigeración implica menos presión sobre las redes eléctricas y menos combustibles fósiles quemados en picos de demanda. Así de simple.

Más allá de las viviendas: vehículos, satélites y electrónica

El potencial del material no termina en los edificios.

Los vehículos eléctricos podrían utilizar recubrimientos térmicos adaptativos para mejorar la eficiencia energética de sus baterías, especialmente en climas extremos. Mantener una batería demasiado fría o demasiado caliente reduce su rendimiento y acelera su degradación.

En aeronáutica y satélites también existe interés por superficies capaces de controlar simultáneamente temperatura y comportamiento electromagnético. Actualmente, muchos sistemas requieren capas separadas para aislamiento térmico y blindaje frente a interferencias.

Aquí ambas funciones aparecen integradas en una única estructura ultrafina.

Y ojo, porque el desarrollo también podría tener aplicaciones militares y aeroespaciales relacionadas con la gestión dinámica de firmas radar. Los investigadores no lo destacan especialmente, aunque resulta evidente.

Superficies que repelen hielo y agua

El material también incorpora propiedades superhidrofóbicas, es decir, repele el agua de manera extrema. Las gotas simplemente resbalan.

Eso ayuda a mantener limpia la superficie, mejora su durabilidad y reduce la acumulación de hielo. Durante los experimentos, la congelación se retrasó hasta 812 segundos y el hielo acumulado llegó a derretirse en menos de 18 minutos bajo radiación solar moderada incluso con temperaturas exteriores cercanas a los -6 °C.

Puede parecer un detalle secundario, aunque no lo es.

La acumulación de hielo sigue siendo un problema enorme en infraestructuras energéticas, aerogeneradores, líneas eléctricas, drones y aviación. Los sistemas de deshielo actuales consumen bastante energía o requieren mantenimiento continuo.

Un material pasivo que reduzca ese problema podría ahorrar costes y emisiones a gran escala.

Del laboratorio al mundo real

Por ahora, el desarrollo sigue en fase experimental. Los investigadores están centrados en mejorar la fabricación a gran escala y comprobar su resistencia en condiciones reales durante largos periodos.

Eso no significa que quede lejísimos. En los últimos años ya han aparecido pinturas radiativas, vidrios electrocrómicos y recubrimientos térmicos inteligentes en proyectos piloto de construcción sostenible.

El salto hacia materiales “multifunción” parece el siguiente paso lógico.

Y quizá lo más llamativo de todo sea esto: la naturaleza ya había resuelto muchos de estos problemas hace millones de años. Los pingüinos solo estaban esperando a que alguien mirara sus plumas con ojos de ingeniero.

Potencial

La combinación de refrigeración pasiva, calefacción solar y control electromagnético podría ayudar a reducir el enorme gasto energético asociado a edificios, transporte y electrónica.

En ciudades cada vez más afectadas por olas de calor, materiales capaces de disminuir la temperatura interior sin consumir electricidad tendrían un impacto directo sobre la calidad de vida urbana y las emisiones de CO₂.

También podrían mejorar la eficiencia de vehículos eléctricos, aumentar la durabilidad de infraestructuras expuestas al hielo y facilitar el desarrollo de dispositivos electrónicos más resistentes y eficientes energéticamente.

No resolverá por sí sola la crisis climática. Ninguna tecnología lo hará. Pero este tipo de avances sí muestran algo importante: el futuro de la sostenibilidad probablemente no dependerá únicamente de producir más energía limpia, también de aprender a perder menos energía. Y ahí los materiales inteligentes van a jugar un papel enorme.

Más información: Penguin‐Inspired Janus Composite Film for Thermal Management Enabling Ultrahigh‐Dynamic Broadband Microwave Modulation – Zhou – Advanced Functional Materials – Wiley Online Library

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Publicado en: Eficiencia energética

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