
Estudio liderado por Cornell calcula que la meteorización acelerada en suelos agrícolas capturaría entre 350 y 750 millones de toneladas de CO2 anuales para 2050
- Hasta 1.100 millones de toneladas de CO₂ al año.
- Roca triturada sobre cultivos.
- Reacción química con la lluvia.
- Mejora potencial del suelo.
- Dudas sobre escala y suministro de roca.
Esparcir roca triturada en campos agrícolas podría absorber 1.000 millones de toneladas de CO₂
La idea es tan sencilla que desconcierta: triturar rocas silicatadas —como el basalto— y esparcirlas sobre los campos de cultivo para acelerar un proceso natural que lleva millones de años regulando el clima del planeta. Según distintos modelos, esta técnica de meteorización acelerada podría llegar a retirar entre 350 y 750 millones de toneladas de CO₂ al año en 2050, y hasta 1.100 millones de toneladas anuales hacia 2100 si su adopción es amplia.
En un mundo que emite actualmente alrededor de 38.000 millones de toneladas de CO₂ al año procedentes de combustibles fósiles, no es una solución milagro. Pero sí podría convertirse en una pieza más del puzzle climático.
El mecanismo es químico y elegante. El CO₂ atmosférico se disuelve en la lluvia formando ácido carbónico. Al entrar en contacto con silicatos ricos en calcio y magnesio, ese carbono queda transformado en bicarbonatos, que acaban en ríos y océanos, donde pueden permanecer disueltos durante milenios o integrarse en conchas y esqueletos marinos. Al triturar la roca, se multiplica la superficie de reacción. Más contacto, más captura.
Y además, hay efectos colaterales interesantes. La incorporación de magnesio y calcio puede mejorar la fertilidad del suelo, algo que recuerda al uso tradicional de cal agrícola. No es una práctica ajena al campo. Lo nuevo es la intención climática.
Una tecnología con apoyo creciente… y preguntas incómodas
El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ha insistido en que la reducción de emisiones no será suficiente para limitar el calentamiento a 1,5 °C. Hará falta también eliminar carbono de la atmósfera. En ese contexto, la meteorización acelerada ha ganado visibilidad.
Brasil ha mostrado interés en integrar esta técnica como vía para reducir emisiones y, al mismo tiempo, disminuir la dependencia de fertilizantes importados. En India, la start-up Mati Carbon ganó el premio principal del concurso XPRIZE de eliminación de carbono impulsado por Elon Musk, precisamente por su potencial de despliegue a gran escala en regiones agrícolas.
Sin embargo, los números optimistas dependen de muchas variables. La lluvia es clave. En suelos secos, el proceso puede ser hasta 25 veces más lento. En terrenos con pH elevado, la química del suelo puede neutralizar parte del beneficio climático. Y en suelos ácidos, las reacciones naturales pueden alterar los balances previstos.
No es solo cuestión de química. Es cuestión de logística.
El cuello de botella: ¿de dónde saldrá tanta roca?
Para retirar 1.000 millones de toneladas de CO₂ al año se necesitarían aproximadamente 5.000 millones de toneladas de roca triturada anualmente. Esa cifra impresiona. La industria minera mundial mueve enormes volúmenes, sí, pero no necesariamente del tipo de roca adecuada ni en las ubicaciones correctas.
Algunos proponen utilizar residuos de minas ya existentes. El problema es que esos materiales pueden contener metales pesados como níquel o cromo. Aplicarlos sin un control estricto podría generar riesgos para el suelo, el agua o incluso la cadena alimentaria. Alternativamente, habría que abrir nuevas canteras de basalto. Eso implica impacto territorial, consumo energético y emisiones asociadas al transporte y la trituración.
La paradoja es evidente: una solución climática que requiere una expansión industrial significativa.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
Si se implementa con criterios estrictos, la meteorización acelerada podría aportar varios beneficios ambientales simultáneos. No solo por la captura de carbono, sino por la posible mejora de la estructura del suelo, mayor retención de nutrientes y reducción parcial de fertilizantes sintéticos.
En regiones tropicales, donde las altas temperaturas y la mayor precipitación aceleran las reacciones químicas, el potencial es mayor. América Latina, África subsahariana y partes de Asia podrían convertirse en actores centrales en este tipo de estrategias climáticas, siempre que existan marcos regulatorios sólidos y sistemas de medición rigurosos.
Pero también existen riesgos. La minería adicional implica alteración de ecosistemas, consumo de agua y energía. El transporte de millones de toneladas de material no es neutro. Si la energía empleada no es renovable, parte del beneficio climático podría diluirse. Además, introducir grandes cantidades de minerales en suelos agrícolas requiere seguimiento a largo plazo para evitar acumulaciones indeseadas.
No es blanco o negro. Es una herramienta que debe evaluarse con lupa.
Un debate científico que no se puede ignorar
Algunos investigadores advierten que los modelos pueden sobreestimar la eficacia real. En sistemas geológicos complejos, medir el destino final del carbono no siempre es sencillo. Existe el riesgo de contabilizar como captura permanente lo que podría liberarse más adelante en otras etapas del ciclo geoquímico.
La credibilidad dependerá de sistemas robustos de monitoreo, reporte y verificación. Sin datos sólidos, los mercados de créditos de carbono asociados a esta práctica podrían generar más confusión que soluciones.
La comunidad científica coincide en algo: la meteorización acelerada no sustituye la reducción drástica de emisiones. Es, en el mejor de los casos, complementaria.
Más información: www.nature.com
Imagen vía: enhancedrockweathering.org.au



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