
Aunque tradicionalmente se usan ovejas y cabras, nuevos estudios muestran que los caballos también pueden adaptarse y consumir plantas leñosas. Su dieta varía según la raza, el entorno y la forma en que se gestionan.
- Caballos como gestores del fuego.
- Pastoreo estratégico en zonas críticas.
- Dieta adaptable según entorno.
- Control natural del matorral.
- Estudios con base científica en España.
- Complemento a ovejas y cabras.
- Fomento de paisajes en mosaico.
- Potencial en prevención climática.
Cómo los caballos que pastan ayudan a proteger los bosques de los incendios
En el sur de Europa, los veranos más calurosos, la despoblación rural y el abandono del uso tradicional del suelo han dejado grandes extensiones forestales llenas de material inflamable: pasto seco, arbustos densos y ramas muertas. Ese exceso de biomasa actúa como combustible, aumentando la intensidad y extensión de los incendios forestales.
Ante esta situación, los equipos de extinción no dan abasto y los enfoques exclusivamente tecnológicos se quedan cortos. Por eso, científicos y gestores del territorio están recurriendo a soluciones más naturales, integradas y sostenibles. Entre ellas, el pastoreo dirigido está ganando terreno. Y aunque tradicionalmente se ha apostado por cabras u ovejas, los caballos están demostrando un potencial sorprendente.
Caballos como gestores forestales inesperados
En zonas de España como Cataluña y el País Vasco, caballos silvestres o semisilvestres ya están ayudando a reducir la carga de combustible vegetal. Al pastar, no solo consumen hierbas secas, también reducen arbustos inflamables y ayudan a mantener los espacios abiertos, clave para limitar la propagación de incendios.
Aunque históricamente se pensaba que los caballos eran comedores exigentes que evitaban vegetación leñosa, estudios recientes han desmontado esa idea. La clave está en su capacidad de adaptación.
Una dieta que cambia con el entorno
Investigadores de la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universidad de Lleida, y entidades como Boumort Wildland y la Fundación Miranda, analizaron cómo se alimentaban tres poblaciones distintas de caballos en España. Los resultados demostraron que su dieta cambia según el tipo de manejo, el paisaje y la densidad del rebaño.
Esta flexibilidad los convierte en herramientas versátiles de gestión del territorio, especialmente útiles en regiones como la cuenca mediterránea, donde el riesgo de incendio es constante durante buena parte del año.
Diversidad de caballos, diversidad de funciones
Cada grupo de caballos analizado cumplía un rol distinto según su entorno:
- Caballos de Przewalski en Boumort (Pirineo catalán): en condiciones casi salvajes y con baja densidad (un caballo por cada 50 hectáreas), ayudan a mantener prados abiertos y a reducir la continuidad de pasto seco, lo que limita posibles frentes de fuego.
- Pottokas en el Parque Natural del Garraf (Barcelona): raza rústica y resiliente, pastando todo el año en semilibertad. Comienzan con hierbas secas y, al agotarse, incorporan matorrales leñosos como jaras, brezos y coscojas. Este comportamiento es clave para contener zonas de alta carga de combustible.
- Cruces en pastoreo intensivo: en espacios pequeños y por periodos cortos (6 semanas), con densidades más altas (un caballo por hectárea). Su impacto es rápido y visible: consumen desde pasto hasta arbustos y pequeños árboles, ideal para intervenciones urgentes en zonas con riesgo extremo.
Lo que comen, confirmado en laboratorio
Para saber con precisión qué especies vegetales consumen, los investigadores analizaron 50 muestras fecales recientes mediante técnicas de microhistología vegetal, identificando fragmentos de plantas digeridas.
Se encontraron especies leñosas como encinas (Quercus), enebros (Juniperus) y lentiscos (Pistacia), así como gramíneas como Brachypodium retusum, muy común en áreas mediterráneas.
Esto demuestra que, aunque los caballos tengan preferencia por hierbas, pueden incorporar eficazmente plantas arbustivas cuando es necesario, lo que amplía su utilidad frente al riesgo de incendios.
El pastoreo crea cortafuegos naturales
Uno de los efectos más valiosos de este tipo de pastoreo es la creación de paisajes en mosaico: zonas intercaladas de pasto, matorral bajo y espacios abiertos, que rompen la continuidad vegetal y frenan la propagación del fuego.
Además, este modelo ayuda a reactivar la economía rural: razas autóctonas que antes estaban en declive pueden tener un nuevo valor como aliadas en la gestión forestal. La interacción entre biodiversidad, ganadería extensiva y prevención de incendios se convierte así en una estrategia integrada y regenerativa.
Una herramienta con más futuro que pasado
Aunque este estudio es uno de los primeros en analizar el papel de los caballos con datos medibles, ya se están multiplicando las experiencias piloto. En Cataluña, por ejemplo, el proyecto Ramats de Foc incorpora caballos en ciertas zonas para complementar el trabajo de cabras y ovejas. En Galicia y Castilla y León, algunas brigadas forestales están evaluando la reintroducción de caballos en régimen de semilibertad.
Todavía hace falta recopilar datos a largo plazo: cuánto combustible reducen, cómo varía su impacto según la estación o qué especies vegetales eliminan más eficazmente. Pero lo que está claro es que los caballos no solo habitan el paisaje, lo transforman. Su papel como aliados en la gestión del riesgo climático es tan natural como necesario.
Más información: Dietary strategies of feral and domestic horses under varying grazing pressures: insights for Mediterranean forest management | Agroforestry Systems



Deja una respuesta