• Saltar a la navegación principal
  • Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Publica tu artículo
  • Publicidad
  • Contacto
  • Aviso legal
  • Privacidad
  • Cookies

EcoInventos

Tu blog de gadgets ecológicos

Telegram EcoInventos
  • Lo + Visto
  • Renovables
  • Energía solar
  • Fotovoltaica
  • Autoconsumo
  • Arquitectura
BLUETTI

Investigadores suizos desarrollan batería de estado sólido que retiene el 75 % de su capacidad tras 1.500 ciclos gracias a sinterización suave y una capa de LiF de 65 nm

24 enero, 2026 1 comentario

4.7/5 - (18 votos)
¿Te interesa la sostenibilidad? Añade EcoInventos como fuente preferida para encontrar más fácilmente nuestros artículos en Google.
Añadir a Google

PSI desarrolla método a baja temperatura para densificar electrolitos y estabilizar baterías de litio-metal sólidas de larga duración.

  • 75 % de capacidad tras 1.500 ciclos.
  • Electrolito sólido más denso, menos huecos internos.
  • Capa protectora de 65 nanómetros contra dendritas.
  • Menos calor en fabricación, menor consumo energético.
  • Aplicación directa en movilidad eléctrica y almacenamiento renovable.

Una batería que carga rápido, almacena más energía y mantiene la seguridad bajo presión se ha convertido en una especie de promesa moderna. Aparece en anuncios de coches eléctricos, en lanzamientos de nuevos dispositivos y en planes para reforzar redes energéticas con renovables. Pero detrás de esa promesa hay barreras muy reales, invisibles a simple vista. Desde el Paul Scherrer Institute (PSI), en Suiza, un equipo de investigadores sugiere que una de las más difíciles empieza, por fin, a ceder.

El grupo ha desarrollado un método de fabricación que aborda dos de los grandes talones de Aquiles de las baterías de estado sólido con litio metálico: el crecimiento de dendritas de litio, capaces de provocar cortocircuitos internos, y la fragilidad de la interfaz entre el litio y el electrolito sólido, una zona crítica que suele degradarse con los ciclos de carga rápida.

La idea, en el fondo, es bastante directa. Se busca una batería que siga funcionando después de miles de ciclos y que no se deteriore cada vez que se le exige potencia. Lo interesante es cómo se llega a eso, paso a paso, material a material.

Por qué las baterías de estado sólido generan tanta esperanza

La mayoría de las baterías actuales dependen de un electrolito líquido que permite el movimiento de los iones de litio entre los electrodos. Funciona, pero tiene un precio: los líquidos son inflamables y obligan a añadir capas de seguridad, peso y complejidad.

Las baterías totalmente sólidas eliminan ese componente. En teoría, eso las hace más seguras, más compactas y con mayor densidad energética. Por eso aparecen en las hojas de ruta de fabricantes de vehículos eléctricos, empresas de almacenamiento estacionario y desarrolladores de electrónica portátil. Más autonomía, más vida útil, menos riesgos.

El problema es que la química no siempre acompaña a la ambición. Dos obstáculos se repiten en casi todos los laboratorios. Por un lado, las dendritas, esas estructuras microscópicas en forma de aguja que pueden atravesar el electrolito y conectar ánodo y cátodo, provocando fallos. Por otro, la inestabilidad en la frontera entre el litio metálico y el material sólido, una zona donde se producen reacciones no deseadas que van erosionando el rendimiento con el tiempo.

PSI ha decidido tratar ambos problemas como lo que realmente son: dos caras de la misma moneda.

El electrolito en el centro del avance

El corazón del trabajo es un electrolito sólido de tipo argirodita llamado Li₆PS₅Cl, conocido como LPSCl. Es un material basado en litio, fósforo y azufre que destaca por su alta conductividad iónica. En términos prácticos, permite que los iones de litio se muevan con rapidez, algo esencial para cargas rápidas y altas potencias.

El reto está en su estructura física. Si el electrolito queda lleno de microhuecos o zonas porosas durante la fabricación, esas imperfecciones se convierten en autopistas para las dendritas. Tradicionalmente se han usado dos métodos para compactarlo: presionar a temperatura ambiente con mucha fuerza o aplicar sinterización clásica a temperaturas superiores a 400 °C. Ninguno es ideal. El primero deja poros, el segundo puede degradar químicamente el material.

El equipo de PSI buscaba un punto intermedio. Algo que compactara sin destruir.

Izquierda: Electrolito sólido poroso a través del cual las dendritas de litio (gris) pueden penetrar hasta la superficie del litio (plata); la interfaz está protegida únicamente por una capa límite natural (rosa). 
Derecha: Electrolito sólido densamente sinterizado, producido en el Instituto Paul Scherrer PSI, con un recubrimiento estabilizador de fluoruro de litio (azul) que impide la penetración de las dendritas y protege la superficie del litio. © Instituto Paul Scherrer PSI/Jinsong Zhang

Un calor más suave, una estructura más densa

La solución llegó con lo que llaman sinterización suave. En lugar de altas temperaturas, el electrolito se comprime a unos 80 °C, con una presión moderada. Es un detalle técnico que tiene consecuencias enormes.

A esa temperatura, las partículas pueden reorganizarse, encajar mejor entre sí y cerrar los huecos internos sin alterar la química del material. El resultado es una estructura más densa, más homogénea y menos vulnerable al avance de las dendritas. Al mismo tiempo, se mantiene una buena conductividad iónica, clave para que la batería no pierda rendimiento.

Pero incluso con un electrolito compacto, la interfaz con el litio seguía siendo un punto débil. Así que añadieron una segunda capa de protección.

Un escudo de 65 nanómetros en la interfaz

Sobre el litio metálico, los investigadores depositaron una película ultrafina de fluoruro de litio (LiF) de apenas 65 nanómetros de espesor. Se aplica por evaporación en vacío, creando una cobertura uniforme, casi invisible.

Esta capa cumple dos funciones críticas. Primero, reduce la degradación química del electrolito cuando entra en contacto con el litio, evitando reacciones que generan litio “muerto”, es decir, material que ya no participa en el almacenamiento de energía. Segundo, actúa como una barrera física frente a las dendritas, dificultando que perforen el electrolito.

No es un blindaje absoluto, pero sí un freno eficaz. Combinado con la estructura densa del electrolito, cambia las reglas del juego.

Celdas tipo botón que siguen funcionando, y funcionando

Las pruebas se realizaron en celdas tipo botón, el formato estándar en laboratorio. Bajo condiciones exigentes, los resultados fueron llamativos. Tras 1.500 ciclos de carga y descarga, las baterías conservaban alrededor del 75 % de su capacidad inicial.

En términos prácticos, eso significa que, incluso después de un uso intensivo, tres cuartas partes de los iones de litio siguen moviéndose como deberían. No es un prototipo puntual que funciona bien una semana. Es una demostración de estabilidad a largo plazo.

Los propios investigadores subrayan que lo importante no es solo el número, sino la forma de alcanzarlo. Densidad del electrolito y estabilidad de la interfaz se refuerzan mutuamente. No se trata de resolver dos problemas por separado, sino de diseñar un sistema donde uno protege al otro.

Implicaciones prácticas de la investigación

Este enfoque tiene implicaciones claras para el mundo real. La posibilidad de usar ánodos de litio metálico de forma más segura abre la puerta a baterías con mayor densidad energética. En movilidad eléctrica, eso se traduce en más kilómetros por carga o, si se prefiere, baterías más pequeñas para la misma autonomía.

En almacenamiento estacionario, especialmente en sistemas que apoyan a la solar y la eólica, una mayor vida útil reduce costes y residuos a largo plazo. Menos reemplazos, menos materiales extraídos, menos impacto acumulado.

También hay un detalle que suele pasar desapercibido: la fabricación. Trabajar a 80 °C en lugar de superar los 400 °C implica menos consumo energético en producción. A escala industrial, esa diferencia se convierte en menos emisiones indirectas asociadas a cada batería fabricada.

Además, el método no está limitado al LPSCl. La combinación de compactación suave y capas de protección puede probarse con otros electrolitos y recubrimientos. Es, en cierto modo, un marco de trabajo para que distintos equipos comparen materiales y aceleren el desarrollo sin empezar de cero cada vez.

Potencial

Esta tecnología apunta a un escenario donde las baterías no solo almacenan energía limpia, sino que también se fabrican y se usan de forma más responsable. En el corto plazo, puede apoyar flotas eléctricas urbanas que necesitan cargas rápidas y alta fiabilidad. En el medio, sistemas de respaldo para redes renovables en zonas rurales o islas energéticas.

A largo plazo, la combinación de mayor densidad, más seguridad y menor impacto en producción puede ayudar a cerrar uno de los grandes círculos pendientes de la transición energética: no solo generar electricidad sin emisiones, sino almacenarla en dispositivos que respeten, de verdad, los límites del planeta. Aquí no hay magia. Hay química, ingeniería y una idea sencilla que se repite como un mantra: hacer que cada batería dure un poco más, consuma un poco menos y deje una huella un poco más ligera.

Vía www.psi.ch

Más información: Synergistic Effects of Solid Electrolyte Mild Sintering and Lithium Surface Passivation for Enhanced Lithium Metal Cycling in All‐Solid‐State Batteries – Zhang – Advanced Science – Wiley Online Library

Canal de WhatsApp de EcoInventos

Publicado en: Almacenamiento de energía, Artículos destacados, Vehículos Eléctricos

Interacciones con los lectores

Comentarios

  1. Fernando dice

    25 enero, 2026 a las 19:28

    Los Chinos ya la estan por producir ahora, creo que ustedes deberían poner ese tipo de noticias tambien que son mas o igual de importantew

    Responder

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Barra lateral principal

Los paneles solares que se conectan directamente a un enchufe arrasan en Reino Unido: se agotan dos veces en menos de un mes

La energía solar enchufable despega con fuerza: cuesta desde 450 libras, alcanza hasta 800 W y abre el autoconsumo a pisos e inquilinos.

Construyen el aerogenerador más alto del mundo: 365 metros, más que la Torre Eiffel, para aprovechar los fuertes vientos de las alturas

Una innovadora torre eólica alemana busca producir mucha más electricidad accediendo a corrientes más rápidas y constantes sin ocupar nuevos terrenos.

Un pequeño robot agrícola funciona con energía solar y consigue sembrar con hasta un 98,8 % de precisión

Una sembradora compacta combina robótica y fotovoltaica para colocar casi 99 de cada 100 semillas correctamente y reducir el consumo energético en el campo.

Cáscaras de arroz y neumáticos usados: así fabrican las nuevas ruedas de los coches de Fórmula E

Bridgestone lleva la economía circular a la competición eléctrica con un 65 % de materiales reciclados y renovables y procesos de fabricación más sostenibles.

Imitan un mecanismo de las plantas para crear un fertilizante que consigue cultivos hasta 2,5 veces más grandes

Los taninos pueden transformar la estructura de los minerales del suelo para liberar más fósforo y mejorar el aprovechamiento de nutrientes por las raíces.

Cómo la economía verde de Portugal está creando nuevas oportunidades para los inversores internacionales

La transición energética de Portugal se está convirtiendo en algo más que una cuestión medioambiental. Cada vez es también una historia de inversión.

Cultivan brócoli bajo paneles solares magenta: consiguen una cosecha similar mientras la misma parcela también produce electricidad

Instalan paneles solares magenta sobre un cultivo de brócoli: las plantas aprovechan la luz hasta 4,5 veces mejor mientras producen electricidad.

Instalan servidores en los termos de las casas: su calor puede cubrir hasta el 80 % de las necesidades de agua caliente

Una ingeniosa solución aprovecha el calor residual de la computación para reducir el consumo energético doméstico y evitar que esa energía se desperdicie.

Crean persianas fotovoltaicas corredizas que dan sombra a la casa mientras producen electricidad con el sol

Una solución para aprovechar las fachadas: integra hasta 141,67 Wp por m² y reduce la radiación solar que llega directamente a las ventanas.

Crean una «oasis» que saca hasta 15 litros de agua al día del aire: bajo sus plantas han medido hasta 12 °C menos

Una solución francesa combina vegetación, energía solar y humedad ambiental para refrescar espacios urbanos sin depender del agua de la red.

Puede revisar y cambiar sus preferencias de cookies con respecto a este sitio web en este enlace.

Copyright EcoInventos © 2026 - Aviso legal - Política de privacidad RGPD - Cookies