
Actualizar la forma en que ventilamos los hogares urbanos no es solo una cuestión de confort. Tiene un impacto directo en la salud, el consumo energético y la calidad del aire que respiramos todos los días.
- Ventilación insuficiente en cocinas de pisos pequeños.
- Filtros de recirculación no eliminan gases ni partículas finas.
- 180 m³/h necesario para capturar humos de cocina.
- 75 m³/h adecuado para controlar humedad en baños.
- CO₂ acumulado en viviendas mal ventiladas.
- Ruido y contaminación impiden abrir ventanas.
- Normativa desactualizada, no apta para viviendas urbanas.
- Urgente actualizar estándares y exigencias técnicas.
Mala calidad del aire interior en pisos urbanos nuevos
Comprar un piso nuevo debería ser sinónimo de seguridad, confort y eficiencia. Pero la realidad en muchas viviendas urbanas es otra. Aunque cumplan con la normativa mínima, los estándares actuales no garantizan una calidad del aire interior saludable, especialmente en apartamentos pequeños de ciudades densamente pobladas.
Viviendas más pequeñas, problemas más grandes
Cada vez más personas viven en pisos compactos, con cocinas abiertas al salón y ventanas que no siempre pueden abrirse, ya sea por el ruido exterior, la contaminación urbana o por simple falta de privacidad. En este contexto, confiar en una normativa pensada para casas unifamiliares es una receta para el fracaso.
El proyecto Urban Ventilation, impulsado por el centro de investigación noruego SINTEF, analizó con detalle cómo funcionan los sistemas de ventilación en este tipo de viviendas. Lo hicieron con planos, pruebas de laboratorio y colaboraciones con fabricantes como Røroshetta, especializados en soluciones de extracción para cocinas. ¿La conclusión? Lo mínimo exigido por ley no es suficiente.
Extractores que no extraen lo suficiente
Hoy, la exigencia mínima para la ventilación forzada en cocinas es de 108 m³/h. Parece razonable, pero no lo es. Los ensayos de laboratorio lo dejaron claro: esa cantidad no basta para capturar los humos, grasas ni partículas que se generan al cocinar, sobre todo en espacios reducidos.
La situación mejora cuando se incrementa el caudal a 180 m³/h. A partir de ahí, tanto las campanas tradicionales como las soluciones de aspiración descendente (integradas en la placa de cocina) ofrecen un rendimiento aceptable. Pero con los caudales mínimos actuales, la mayoría de los aparatos simplemente no cumplen.
Recirculación: cómoda, pero ineficaz
Una solución popular en viviendas pequeñas es el uso de sistemas de recirculación, que no expulsan el aire al exterior, sino que lo filtran y lo devuelven al interior. Estos sistemas ahorran espacio y resultan más fáciles de instalar. Pero aquí viene el problema: no eliminan gases ni partículas ultrafinas. Tampoco la humedad.
En las pruebas del proyecto, los filtros de carbón activado atrapaban olores y algo de grasa, pero dejaban pasar compuestos orgánicos volátiles y partículas menores a 2,5 micras. En otras palabras: lo más peligroso. Por eso, tanto SINTEF como Røroshetta desaconsejan la recirculación como única solución en viviendas urbanas.
Baños: mejor rendimiento, pero con matices
Las pruebas en baños dieron resultados más optimistas. La extracción estándar suele ser suficiente para evacuar la humedad generada por duchas o secado de ropa. Sin embargo, en situaciones puntuales —como eliminar olores persistentes—, es recomendable aumentar temporalmente la ventilación a 75 m³/h.
El secreto está en la colocación estratégica de las rejillas y válvulas de extracción. Una buena distribución puede compensar un caudal no muy alto. Pero si el sistema es genérico y mal diseñado, ni los mejores caudales funcionarán.
Salones y dormitorios: la gran laguna normativa
En zonas comunes como el salón, el TEK17 solo impone un volumen mínimo de aire por metro cuadrado. Nada más. En la práctica, esto no garantiza aire limpio cuando hay varias personas en el mismo espacio, aparatos electrónicos encendidos o escasa ventilación natural.
Según el estudio, un apartamento de cuatro personas necesita al menos 150 m³/h para mantener los niveles de CO₂ bajo control. En viviendas más pequeñas, donde abrir la ventana no siempre es opción viable, no alcanzar este nivel puede provocar somnolencia, malestar y una sensación constante de aire viciado.
Una normativa que no va al ritmo de las ciudades
Los estándares actuales —incluidos los métodos de ensayo— están obsoletos frente a la realidad urbana. No consideran los retos de pisos cada vez más pequeños, ni los efectos acumulados de contaminantes en espacios cerrados.
El proyecto propone revisar los ensayos, incorporando parámetros comparables para todos los tipos de extracción (campanas, sistemas integrados, recirculación), y evaluando el rendimiento en distintos niveles de caudal, no solo en condiciones ideales.
Documentar el comportamiento real ante partículas, gases y ruido ayudaría a elegir soluciones más adecuadas según cada tipo de vivienda. La información existe, pero no está llegando ni a promotores ni a consumidores.
Más información: SINTEF Open: Urban ventilasjon. Ventilasjon for godt inneklima i urbane boliger



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