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Nuevo estudio global descubre que 20 cuatrillones de hormigas podrían estar alterando el ciclo global del carbono bajo nuestros pies

10 mayo, 2026 2 comentarios

4.2/5 - (24 votos)
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Análisis de 2.232 mediciones muestra que los nidos de hormigas almacenan 22% más carbono y emiten 84% más CO2

  • 🐜 Hasta 20 cuatrillones de hormigas en la Tierra.
  • 🌍 Influencia directa sobre el ciclo del carbono.
  • 🌱 Más carbono almacenado en los suelos con hormigueros.
  • 💨 Más emisiones de CO₂ desde los nidos.
  • 🏜️ Impacto especialmente fuerte en zonas áridas.
  • 🔬 Más de 2.200 mediciones analizadas.
  • 🌡️ Expansión de hormigas favorecida por el calentamiento global.
  • 🪵 Transporte constante de hojas, semillas y materia orgánica.

Las hormigas podrían desempeñar un papel clave en el ciclo del carbono de la Tierra

Las hormigas suelen asociarse con picnics arruinados, cocinas invadidas o pequeños montículos de tierra en el jardín. Pero bajo la superficie ocurre algo mucho más importante. Algo enorme, de hecho. Durante décadas, la ciencia ha prestado atención a bosques, océanos o microorganismos cuando hablaba del carbono del planeta. Las hormigas apenas aparecían como una nota al pie.

Ahora eso empieza a cambiar.

Un análisis internacional liderado por investigadores de la Northwest A&F University, con colaboración de científicos de Alemania y Suecia, ha descubierto que las colonias de hormigas alteran de forma significativa el almacenamiento y liberación de carbono en el suelo. Y no hablamos de un efecto anecdótico: las hormigas están presentes prácticamente en todos los ecosistemas terrestres del planeta.

Se estima que existen alrededor de 20 cuatrillones de hormigas en la Tierra. Una biomasa gigantesca. Más o menos equivalente a una quinta parte de toda la masa corporal humana. Impresiona pensarlo.

Cantidades masivas de carbono bajo tierra

El estudio recopiló 2.232 mediciones procedentes de 136 investigaciones distintas realizadas en desiertos, bosques, humedales, praderas y zonas agrícolas. El objetivo era entender cómo la actividad de las hormigas modifica la química y la dinámica del suelo.

Y los resultados fueron bastante llamativos.

Los suelos con hormigueros contenían, de media, un 22% más de carbono orgánico que los terrenos cercanos donde no había actividad de hormigas. Eso significa que estas colonias contribuyen a concentrar materia orgánica en puntos concretos del terreno.

Claro, no lo hacen “a propósito”. Las hormigas transportan hojas, semillas, insectos muertos y restos vegetales continuamente hacia sus nidos. Ese movimiento constante de materiales termina enriqueciendo el suelo. Como pequeños ingenieros ecológicos trabajando sin descanso.

Pero hay otra cara del asunto.

Los mismos hormigueros también liberaban un 84% más de dióxido de carbono. Parte de esas emisiones proviene de la respiración de las propias hormigas y otra parte de los microorganismos que descomponen toda esa materia orgánica acumulada en el nido.

Ahí está el gran dilema climático: las hormigas ayudan a almacenar carbono, aunque también aceleran su liberación.

La suma de millones de respiraciones diminutas

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que logró cuantificar cuánto CO₂ procede directamente de las hormigas.

Los investigadores compararon nidos activos en el campo con muestras de suelo tomadas de esos mismos hormigueros, aunque sin hormigas presentes. La diferencia permitió calcular el impacto de la respiración de la colonia.

El resultado: aproximadamente el 52% del CO₂ adicional emitido por los hormigueros procede directamente de las hormigas respirando.

Puede sonar pequeño, pero una sola colonia puede albergar decenas de miles de individuos. Multiplicado por millones de colonias repartidas por todo el planeta… cambia la perspectiva.

La ciencia ya sospechaba que las hormigas influían en las emisiones del suelo. Lo novedoso aquí es la escala global del análisis y la consistencia de los patrones observados entre ecosistemas muy diferentes.

Los desiertos son donde más cambia todo

El impacto de las hormigas no es igual en todas partes. En regiones áridas y pobres en nutrientes, los efectos sobre el carbono del suelo fueron mucho más intensos.

En los desiertos, los hormigueros aumentaron el carbono almacenado hasta un 74%. Una barbaridad comparado con bosques o praderas.

Tiene lógica. En un paisaje seco, donde apenas hay materia orgánica disponible, cualquier acumulación de hojas, semillas o restos biológicos crea una especie de microoasis féril alrededor del nido.

En cambio, en bosques densos y ricos en carbono, el efecto pasa más desapercibido porque el suelo ya contiene enormes cantidades de materia orgánica de forma natural.

Este hallazgo podría ser especialmente importante para regiones vulnerables a la desertificación, como partes del Mediterráneo, Oriente Medio o Australia. Los suelos áridos almacenan menos carbono que los bosques, aunque cubren una enorme superficie del planeta. Cualquier factor que altere ese equilibrio merece atención.

No todas las hormigas actúan igual

Otro detalle clave del estudio es que las distintas especies generan efectos diferentes sobre el carbono.

Géneros como Formica, Pheidole o Pogonomyrmex mostraron una fuerte capacidad para aumentar tanto el almacenamiento de carbono como las emisiones de CO₂. Otras especies apenas modificaban el suelo.

La alimentación también influye mucho.

Las hormigas recolectoras de semillas o las que “cultivan” pulgones transportan grandes cantidades de materia vegetal rica en azúcares. Eso alimenta a los microorganismos del suelo y acelera ciertos procesos biológicos.

Las especies depredadoras, por otro lado, aportan restos animales ricos en nitrógeno, cambiando la química del entorno de otra manera distinta.

Incluso el tipo de hormiguero modifica el resultado. Los nidos construidos con restos vegetales sobre la superficie acumulaban más carbono que los montículos minerales formados principalmente por tierra extraída del subsuelo.

Sí, hasta la arquitectura importa aquí.

El calentamiento global podría ampliar su influencia

El estudio también advierte de un fenómeno importante: el cambio climático está alterando la distribución de las hormigas.

Con temperaturas más altas, algunas especies están expandiéndose hacia regiones frías, humedales o zonas agrícolas donde antes tenían menos presencia. Y las previsiones apuntan a que muchas poblaciones seguirán creciendo durante las próximas décadas.

Esto plantea nuevas preguntas para los modelos climáticos globales.

Hasta ahora, la mayoría de estudios sobre carbono del suelo apenas incorporaban el papel de insectos sociales como las hormigas. Sin embargo, este trabajo sugiere que podrían tener una influencia mucho mayor de la que se pensaba, especialmente en tierras secas.

Todavía faltan datos de regiones con enorme diversidad de hormigas, como África, Sudamérica o Australia. Ahí queda muchísimo por estudiar.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El descubrimiento refuerza una idea cada vez más presente en ecología: los pequeños organismos también sostienen procesos planetarios enormes.

Las hormigas ayudan a airear el suelo, redistribuir nutrientes, mejorar la infiltración de agua y transportar materia orgánica. Todo eso influye en la fertilidad de los ecosistemas y en su capacidad para resistir sequías o degradación.

En zonas áridas, sus colonias podrían contribuir a mantener pequeñas reservas de carbono en el terreno, algo relevante en un contexto de desertificación creciente.

Aunque también existe una parte menos positiva. El aumento de emisiones de CO₂ desde los hormigueros plantea dudas sobre el balance climático final. La cuestión clave aún no tiene respuesta definitiva: ¿las hormigas actúan como sumideros netos de carbono o como fuentes de emisiones?

Por ahora, la ciencia no puede afirmarlo con rotundidad.

Lo que sí parece claro es que ignorarlas ya no tiene sentido.

Más información: A meta-analysis of ant-mediated effects on soil carbon cycling and organic matter stability | Nature Communications

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Publicado en: Medio Ambiente, Artículos destacados

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Comentarios

  1. juan dice

    10 mayo, 2026 a las 20:10

    no de ninguna manera las hormigas son el problema, el problema es la utilización de hidrocarburos, todo un artículo basado en falacias.

    Responder
  2. Galo Chiriboga dice

    11 mayo, 2026 a las 17:31

    Si las hormigas supuestamente producen más CO2, es seguir manteniendo la idea de que son seres vivos «malos», el CO2 que ellas emiten las plantas del entorno lo asimilan. Vivo en Ecuador en una ÁREA DE CONSERVACIÓN Y USO SOSTENIBLE (ACUS), y durante más de 30 años hemos dejado que las hormigas sobrevivan ante el humano que no quiere que existan. Quisiéramos ser parte de esos estudios hechos por «europeos».

    Responder

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