
Investigadores de McGill detectan posibles efectos tóxicos de químicos usados en etiquetas de alimentos frescos.
- BPA sustituido por químicos igual o más dañinos.
- Sustancias de etiquetas migran a los alimentos.
- Alteración genética en células ováricas humanas.
- Regulaciones actuales no cubren estos compuestos.
- Recomendaciones prácticas para evitar exposición.
Un estudio pone en duda la seguridad de los sustitutos del BPA
En los últimos años, el etiquetado «libre de BPA» se ha convertido en sinónimo de seguridad. Sin embargo, una nueva investigación liderada por la Universidad McGill advierte que los sustitutos químicos utilizados en envases de alimentos frescos podrían tener efectos adversos en la salud humana. Lejos de ser una solución definitiva, estos compuestos estarían generando alteraciones en funciones celulares clave.
Sustancias invisibles pero activas
El estudio se centró en etiquetas de precios colocadas sobre carnes, pescados, quesos y frutas. Estas etiquetas, aparentemente inofensivas, liberan compuestos como BPS, TGSA, D-8 y PF-201 a través del plástico de envoltura, llegando directamente al alimento. El hallazgo no solo expone una vía de contaminación poco conocida, sino que revela un vacío regulatorio preocupante: muchos de estos químicos no han sido evaluados de forma rigurosa antes de su uso.
Lo más alarmante es que al exponer células ováricas humanas cultivadas en laboratorio a estas sustancias, los investigadores observaron acumulación de lípidos y alteraciones en la expresión génica. Estas alteraciones afectan funciones como la reparación del ADN y la proliferación celular, fundamentales para la salud reproductiva.
¿Libre de BPA… pero seguro?
El BPA fue prohibido en productos infantiles en varios países debido a su capacidad de actuar como disruptor endocrino, interfiriendo con hormonas clave en el desarrollo y la fertilidad. Su reemplazo por bisfenoles “alternativos” parecía un avance. Pero como advierte el profesor Bernard Robaire, hay más de 200 bisfenoles conocidos, muchos de los cuales podrían tener efectos similares o peores que el BPA original.
Y aunque la legislación ha ido restringiendo el uso del BPA, los reemplazos han escapado al radar de las autoridades sanitarias. En este caso, Health Canada ya ha incluido los cuatro compuestos analizados en la lista de sustancias que requieren evaluación prioritaria, pero aún no existen límites concretos para su presencia en materiales en contacto con alimentos.
Un problema global, soluciones locales
El fenómeno no es exclusivo de Canadá. En Europa, la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA) ha reconocido la preocupación creciente sobre los llamados «sustitutos funcionales» del BPA. En 2023, Francia lideró la petición para prohibir varios de estos compuestos en todo el continente, basándose en nuevos datos toxicológicos. En paralelo, países como Alemania están desarrollando metodologías más exigentes para probar la seguridad de materiales de embalaje antes de permitir su comercialización.
¿Qué puede hacer la ciudadanía?
Aunque la legislación avanza lentamente, las decisiones individuales siguen siendo una barrera importante contra la exposición química. Entre las medidas más recomendadas:
- Retirar etiquetas y envoltorios plásticos en cuanto se llegue a casa.
- Preferir productos a granel o envueltos en papel.
- Elegir alimentos que no estén en contacto directo con adhesivos.
- Guardar los productos sin la envoltura original, especialmente si van al refrigerador o congelador.
Estas acciones no eliminan por completo el riesgo, pero reducen significativamente la exposición acumulativa, especialmente en poblaciones sensibles como mujeres en edad fértil, embarazadas o niños.
Vía Study raises red flags about BPA replacements | Newsroom – McGill University



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