
Investigación en Brasil encuentra relación entre edulcorantes bajos en calorías y pérdida de memoria acelerada en personas con y sin diabetes.
- Estudio con 12.772 adultos en Brasil.
- Mayor consumo de edulcorantes → deterioro cognitivo más rápido.
- Equivalente a envejecer 1,6 años más.
- Efecto más fuerte en menores de 60 años.
- Diabéticos, más afectados.
- No todos los edulcorantes son iguales.
- No se prueba causalidad, pero sí asociación preocupante.
No tan dulce: algunos edulcorantes podrían acelerar el deterioro cognitivo
Un nuevo estudio publicado en Neurology® en septiembre de 2025 ha encendido las alarmas sobre el impacto que ciertos edulcorantes artificiales podrían tener sobre la salud cerebral a largo plazo. La investigación, realizada en Brasil, evaluó a más de 12.000 adultos durante ocho años y encontró que quienes consumían mayores cantidades de estos aditivos mostraban un deterioro cognitivo más rápido, equivalente a 1,6 años adicionales de envejecimiento cerebral.
¿Qué edulcorantes están en la mira?
El estudio analizó siete edulcorantes comunes: aspartamo, sacarina, acesulfamo-K, eritritol, xilitol, sorbitol y tagatosa. Estos compuestos se encuentran habitualmente en alimentos ultraprocesados como refrescos sin azúcar, yogures light, postres bajos en calorías, bebidas energéticas y aguas saborizadas. En algunos casos, también se venden como productos de mesa para endulzar café o infusiones.
De todos ellos, la tagatosa fue el único que no mostró vínculos con el deterioro cognitivo, lo que podría abrir una vía para investigaciones futuras sobre su seguridad relativa.
¿A quiénes afecta más?
El deterioro cognitivo observado fue más pronunciado en personas menores de 60 años, especialmente en las pruebas relacionadas con fluidez verbal y memoria. Además, el impacto fue aún mayor en personas con diabetes, un grupo que suele recurrir con mayor frecuencia a los edulcorantes como alternativa al azúcar.
Estos hallazgos coinciden con estudios previos que ya sugerían que los edulcorantes podrían tener efectos metabólicos adversos, alterando la microbiota intestinal, elevando el riesgo de resistencia a la insulina o incluso modificando el procesamiento del sabor dulce en el cerebro.
¿Cuánto edulcorante es demasiado?
Las personas del grupo de mayor consumo ingerían, en promedio, 191 miligramos diarios de edulcorantes, frente a solo 20 miligramos en el grupo de menor consumo. En el caso del aspartamo, esa diferencia equivale a una sola lata de refresco dietético al día. El sorbitol, por su parte, fue el más consumido, con 64 miligramos diarios en promedio.
Este dato es especialmente relevante si se considera que muchos productos etiquetados como “saludables” o “sin azúcar” en realidad contienen varios de estos aditivos combinados. El consumo inadvertido, por tanto, puede ser mucho mayor de lo que una persona promedio imagina.
¿Qué implicaciones tiene esto?
Aunque el estudio no prueba causalidad, el vínculo observado entre estos compuestos y el envejecimiento cerebral acelerado es consistente y preocupante. La salud cognitiva es un componente crítico del bienestar general, y los resultados sugieren que la estrategia de reemplazar azúcar por edulcorantes no es neutra.
En lugar de ofrecer una solución libre de consecuencias, estos sustitutos podrían estar planteando nuevos problemas de salud pública. La popularidad de las dietas sin azúcar, muchas veces promovidas sin un análisis riguroso de sus componentes, ha facilitado la normalización del consumo de edulcorantes entre adolescentes, adultos jóvenes y personas mayores por igual.
Además, el hecho de que los efectos adversos no se observaran en mayores de 60 años no significa que sean inocuos en este grupo. Es posible que los cambios cerebrales en adultos mayores sean más difíciles de detectar con estas pruebas, o que los mecanismos involucrados operen de forma diferente según la edad.
¿Hay alternativas más seguras?
Los investigadores del estudio mencionan alternativas como puré de manzana, miel, jarabe de arce o azúcar de coco, aunque estos siguen siendo azúcares simples con un efecto real sobre los niveles de glucosa. La clave está en moderar el consumo de sabores intensamente dulces y optar por una alimentación más basada en alimentos frescos, naturales y poco procesados.
Cada vez más nutricionistas recomiendan reeducar el paladar hacia sabores menos dulces, lo que no solo mejora la relación con la comida, sino que también puede reducir la dependencia de aditivos de cualquier tipo.
Más información: Association Between Consumption of Low- and No-Calorie Artificial Sweeteners and Cognitive Decline | Neurology



Deja una respuesta