
Everbloom usa IA y residuos de queratina para fabricar fibras biodegradables similares al cashmere.
- Cashmere sintético sin cabras.
- Residuos textiles y avícolas como materia prima.
- IA aplicada a ciencia de materiales.
- Fibras biodegradables, coste reducido.
- Economía circular en la moda.
Everbloom construye una IA para convertir residuos en “cashmere” vegetal
El cashmere se ha normalizado en el mercado global. Jerseys suaves, ligeros y sorprendentemente baratos aparecen en grandes cadenas, casi como si esa fibra exquisita fuera infinita. No lo es. Detrás de esos precios bajos se esconde una presión creciente sobre los rebaños de cabras productoras y sobre los ecosistemas donde se crían.
El cashmere auténtico procede del subpelo de unas pocas razas de cabra. Cada animal produce entre 113 y 170 gramos al año, una cantidad mínima para un mercado en expansión constante. La consecuencia es conocida: esquilados más frecuentes, fibras más cortas y frágiles, y prácticas ganaderas cada vez menos sostenibles. No es una excepción, es la norma.
Presión sobre la materia prima y un sistema que no escala
Desde el punto de vista ambiental y social, el modelo actual tiene límites claros. Más demanda no se traduce en más fibra de calidad, sino en degradación del producto y del territorio. Aumenta la desertificación en zonas de pastoreo intensivo, se reduce la vida útil de las prendas y se normaliza un consumo rápido de algo que, en teoría, debería ser duradero.
Cambiar hábitos de consumo o transformar de golpe la ganadería extensiva no es sencillo. Everbloom decidió atacar el problema desde otro ángulo: el de los materiales.
IA aplicada a la fibra, no al marketing
La startup ha desarrollado Braid.AI, un sistema de inteligencia artificial enfocado a ciencia de materiales. No diseña ropa ni predice tendencias; ajusta parámetros físicos y químicos para crear fibras con propiedades concretas: tacto, resistencia, elasticidad, capacidad térmica. El cashmere es solo uno de los objetivos. También algodón, lana o incluso sustitutos del poliéster.
El punto de partida es común: residuos ricos en queratina, la proteína estructural presente en plumas, lana, pelo y fibras animales. Actualmente Everbloom recoge desechos de granjas de cashmere y lana, molinos textiles y proveedores de relleno de plumón. A medio plazo, planea incorporar plumas de la industria avícola, uno de los residuos orgánicos más abundantes y menos valorizados del sector alimentario.
De residuo a fibra industrial sin cambiar la maquinaria
El proceso tiene una lógica industrial clara. Los residuos se trituran, se combinan con compuestos propios y se introducen en dos máquinas habituales del sector: una extrusora de plástico y equipos de hilado convencionales, los mismos que producen la mayoría de fibras sintéticas actuales. No hay fábricas nuevas ni cadenas paralelas. Eso importa.
La IA ajusta tanto la formulación como las condiciones de procesado para obtener fibras con comportamientos muy distintos. Desde un sustituto del poliéster hasta una fibra que imita el tacto del cashmere. Todo ocurre dentro de esas dos máquinas, sin pasos adicionales complejos. Escalable. Realista.
Biodegradable por diseño, no por compensación
Uno de los puntos más delicados del sector textil es el final de vida del producto. Everbloom afirma que todas sus fibras serán biodegradables, incluso las que sustituyen al poliéster. No se trata de añadir aditivos al final, sino de usar únicamente componentes biodegradables desde el inicio. La empresa está sometiendo sus materiales a pruebas aceleradas para validar este comportamiento.
Al usar residuos como materia prima, el impacto ambiental baja de forma estructural: menos presión sobre animales, menos desperdicio, menos dependencia de derivados fósiles. Y, además, menor coste. La empresa rechaza la idea del “sobreprecio sostenible”. La sostenibilidad, en este enfoque, no es un lujo, sino una condición para competir.
Qué impacto puede tener
La propuesta de Everbloom ataca varios frentes a la vez. Reduce la necesidad de ganadería intensiva ligada al cashmere, reutiliza residuos orgánicos que hoy se infrautilizan y evita la producción de fibras sintéticas persistentes en el medio ambiente. Menos microplásticos, menos emisiones asociadas a materias primas vírgenes, menos degradación del suelo.
Si se adopta a gran escala, podría aliviar la presión sobre regiones frágiles donde el pastoreo excesivo ya está alterando ecosistemas completos. No es una solución única, pero sí una pieza relevante dentro de una transición más amplia del sector textil.



Deja una respuesta