
Un toldo retráctil da sombra y genera hasta 1,8 kW de electricidad cuando está desplegado.
- ☀️ Sombra y electricidad en la misma superficie
- ⚡ 1,35 y 1,8 kW de potencia fotovoltaica
- 🏡 Sin ocupar el tejado
- 🔌 Hasta 800 W de entrega a la red doméstica en Alemania
- 🔋 Opción con batería de 1,6 kWh
- 🌬️ Sensor de viento y recogida automática
¿Por qué importa?
Terrazas, balcones y fachadas contienen metros cuadrados expuestos al sol que normalmente solo sirven para proporcionar sombra. SolarMarkise plantea aprovechar esa misma superficie para producir electricidad. No pretende sustituir una instalación fotovoltaica convencional en un buen tejado. Su interés aparece justo donde esa opción no existe, no resulta práctica o donde ya se necesita instalar protección solar.
Un toldo que se convierte en una pequeña instalación fotovoltaica
A simple vista funciona como cualquier toldo motorizado de brazos articulados. Se despliega para cubrir una terraza y vuelve a enrollarse cuando deja de ser necesario. La diferencia está en la propia lona.
En lugar de un tejido convencional, utiliza material fotovoltaico flexible con células solares monocristalinas, capaz de enrollarse junto con el toldo. La estructura es de aluminio y un motor eléctrico se ocupa de extenderla y recogerla.
SolarMarkise, la empresa alemana que lo desarrolla, comercializa actualmente dos tamaños. El modelo M mide 3,51 × 3 m y alcanza 1,35 kW de potencia fotovoltaica. El modelo L aumenta la anchura hasta 4,35 m, mantiene los 3 m de profundidad y alcanza 1,8 kW.
La eficiencia declarada del material fotovoltaico es del 15 %, inferior a la de muchos módulos rígidos actuales. Ahí aparece el verdadero sentido de la propuesta: aprovechar una superficie que difícilmente admitiría un panel convencional.

La parte más interesante está en lo que ocurre durante el día
Un toldo solar presenta una coincidencia bastante lógica: se despliega precisamente cuando hay radiación solar. En una terraza de una vivienda puede cubrir parte del consumo diurno. En un negocio de hostelería la relación resulta todavía más clara.
Un café o restaurante necesita sombra en su terraza cuando el sol aprieta y, simultáneamente, suele mantener funcionando frigoríficos, cafeteras, iluminación, ventilación o climatización.
La electricidad producida pasa por un microinversor y puede consumirse directamente en el edificio. En Alemania, el producto se plantea como una instalación solar enchufable, con una entrega máxima de 800 W hacia la instalación doméstica.
Que el tejido tenga 1,35 o 1,8 kW de potencia pico no significa, por tanto, que esa potencia completa se inyecte continuamente en la vivienda. El sobredimensionamiento fotovoltaico permite acercarse a los 800 W durante más horas y en condiciones solares menos favorables.
También existe una configuración con almacenamiento. En el modelo L se ofrece un sistema con batería de litio-ferrofosfato de 1,6 kWh, ampliable mediante módulos adicionales.

¿Y cuando empieza a soplar el viento?
Aquí aparece una diferencia importante respecto a los paneles instalados permanentemente en un tejado.
El toldo necesita estar abierto para producir electricidad. Según sus especificaciones, puede permanecer desplegado hasta fuerza 5 en la escala Beaufort, pero incorpora un sensor de viento precisamente para recogerlo cuando las condiciones dejan de ser adecuadas.
El material solar tiene 1,6 mm de espesor y pesa aproximadamente 2,2 kg/m². La empresa afirma además que admite más de 10.000 ciclos de funcionamiento y enrollado completo.
Ese dato será especialmente relevante a largo plazo. Un panel convencional permanece inmóvil durante décadas; aquí las células, conexiones eléctricas y encapsulado deben soportar movimientos repetidos, cambios de temperatura, humedad y exposición exterior. La garantía anunciada para el tejido fotovoltaico y el mecanismo es de 10 años.
De prototipo llamativo a instalaciones reales
SolarMarkise nació en Essen (Alemania) en 2025 y ya ha superado la fase puramente conceptual.
Entre las primeras instalaciones figura un café de Colonia donde funcionan dos toldos solares sobre la zona exterior. El establecimiento obtiene así sombra para las mesas mientras parte de la electricidad generada se consume directamente en el negocio.
También se han preparado proyectos en otras ciudades alemanas. La estrategia inicial está centrada especialmente en hostelería, instaladores solares, distribuidores de toldos y arquitectos, aunque el sistema también se dirige al mercado residencial.
La fabricación tiene además una cadena bastante repartida: el montaje, las pruebas y la preparación final se realizan en Essen; determinados elementos textiles se fabrican en Alemania y los componentes fotovoltaicos proceden de proveedores especializados asiáticos.
No es un experimento universitario. Es ya un producto comercial en una fase temprana de despliegue.
La fotovoltaica flexible llevaba años buscando superficies como esta
La idea de convertir textiles en generadores eléctricos tiene recorrido científico.
El Instituto Fraunhofer de Tecnologías y Sistemas Cerámicos, por ejemplo, ha trabajado en el proyecto PhotoTex para integrar capas fotovoltaicas sobre tejidos técnicos. Entre las aplicaciones estudiadas aparecen precisamente toldos, persianas, velas de sombra e incluso lonas para vehículos.
La dificultad está en fabricar superficies suficientemente flexibles y duraderas, proteger eléctricamente las células y conseguir encapsulados resistentes a la intemperie.
SolarMarkise adopta una vía distinta y más cercana al mercado: emplea células monocristalinas integradas en un soporte flexible enrollable y combina componentes disponibles con una estructura de toldo diseñada para trabajar con ellos.
Es una diferencia relevante. La innovación no siempre requiere una nueva química fotovoltaica. A veces consiste en conseguir que tecnologías existentes funcionen juntas en un lugar donde antes no podían utilizarse.

Una nueva superficie para el autoconsumo urbano
La principal oportunidad aparece en edificios con tejados poco aprovechables.
Un bloque puede tener la cubierta ocupada por instalaciones técnicas. Una vivienda alquilada puede no disponer de acceso al tejado. Un comercio puede contar únicamente con fachada y terraza. También existen cubiertas mal orientadas o afectadas por sombras.
Balcones, terrazas, escaparates y zonas exteriores ofrecen superficies adicionales.
Alemania proporciona una pista sobre el tamaño potencial de este mercado. Solo durante 2025 se registraron alrededor de 430.000 nuevas instalaciones solares enchufables, conocidas popularmente como centrales solares de balcón. Sumaron unos 0,5 GW.
Un toldo fotovoltaico entra en esa misma tendencia de generación distribuida, aunque con una ventaja funcional: no añade necesariamente un objeto nuevo al edificio. Sustituye un elemento que ya podía ser necesario.
Potencial
La idea tiene más recorrido si se contempla como parte de la integración de la fotovoltaica en los edificios.
Persianas exteriores, toldos, pérgolas, marquesinas, aparcamientos y fachadas pueden asumir dos funciones al mismo tiempo. No se trata únicamente de colocar más paneles, también de conseguir que superficies necesarias del entorno construido produzcan energía.
El siguiente paso lógico sería integrar mejor estos sistemas con la gestión energética del edificio. Un toldo podría responder automáticamente a radiación, temperatura interior, viento, producción fotovoltaica, estado de la batería y precio de la electricidad. La prioridad seguiría siendo proporcionar sombra, mientras el sistema decide cómo aprovechar mejor la energía disponible.
Para viviendas y pequeños negocios con poco espacio, esa multifuncionalidad puede resultar más interesante que perseguir exclusivamente la máxima eficiencia fotovoltaica.
El toldo solar no resolverá por sí mismo la descarbonización de las ciudades. Pero apunta hacia una transformación bastante más profunda: dejar de considerar fachadas, balcones y elementos de sombra como superficies pasivas.
Más información: meine-solarmarkise.de

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