
Más de un siglo de corrosión está dejando al descubierto antiguas municiones en el mar del Norte, con efectos biológicos ya detectables en mejillones.
- 💣 TNT procedente de municiones con más de un siglo bajo el agua.
- 🐚 Cambios biológicos medidos en mejillones expuestos junto a pecios.
- 🌊 Contaminación presente en agua, sedimentos y organismos.
- ⚓ 10.127 pecios registrados en aguas danesas.
- 🇩🇪 1,6 millones de toneladas de munición en aguas alemanas.
- 🤖 Robots submarinos para localizar, vigilar y recuperar artefactos.
¿Por qué importa?
Miles de bombas, minas, torpedos y barcos cargados de munición permanecen en los mares europeos desde las dos guerras mundiales. El acero que durante décadas mantuvo encerrados sus explosivos se está corroyendo. Un estudio realizado en pecios del mar del Norte ha comprobado que compuestos como el TNT ya llegan al entorno marino y provocan respuestas biológicas medibles en mejillones.
Un submarino de 1917 convertido en foco de contaminación
El submarino alemán UC-30 se hundió el 19 de abril de 1917 cerca de la isla danesa de Rømø. Había abandonado una misión rumbo a Irlanda por problemas en los motores y, durante el regreso a Alemania, chocó contra una mina británica.
Murieron sus 27 tripulantes. En el fondo quedaron también 18 minas y seis torpedos que transportaba el submarino.
El pecio permaneció perdido durante casi un siglo. El buceador danés Gert Normann Andersen consiguió localizarlo en 2016 y las investigaciones posteriores permitieron comprobar el estado de una carga explosiva que llevaba décadas expuesta al agua salada.
Los análisis encontraron TNT procedente de las municiones en el entorno del submarino. La corrosión ha deteriorado las estructuras metálicas y parte del material explosivo está en contacto con el medio marino.
No se trata de una fuga comparable a un vertido industrial repentino. Es un proceso lento, condicionado por el estado de cada artefacto, las corrientes y los sedimentos. Precisamente por esa lentitud ha pasado bastante desapercibido.
Los mejillones cuentan lo que ocurre alrededor del pecio
Medir TNT en el agua permite localizar la contaminación. Para averiguar qué sucede con los animales que viven allí, los investigadores recurrieron al mejillón azul (Mytilus edulis).
El trabajo, publicado en Marine Pollution Bulletin, estudió tres pecios de guerra del mar del Norte. Los científicos colocaron mejillones en jaulas directamente sobre los restos y los mantuvieron allí durante varias semanas.
Después analizaron distintos biomarcadores, entre ellos enzimas relacionadas con los mecanismos celulares de defensa y desintoxicación.
Aparecieron cambios.
Los mejillones expuestos presentaron respuestas de estrés oxidativo y alteraciones en procesos de desintoxicación. También se encontraron productos derivados de los explosivos en los organismos.
Este método aporta información que una muestra aislada de agua difícilmente puede ofrecer. Un mejillón filtra agua durante horas cada día y permanece expuesto a las condiciones reales del lugar. Sus tejidos acumulan así una especie de historial biológico de lo que ocurre a su alrededor.
Concentraciones diminutas que dejan una señal biológica
Las cantidades detectadas en el agua estaban en el orden de los nanogramos por litro. Son concentraciones muy pequeñas y el estudio no describe una contaminación uniforme de grandes extensiones del mar del Norte.
El interés está en la proximidad a determinados pecios.
Los restos cargados de munición pueden comportarse como fuentes puntuales de contaminación. Un animal que vive cerca permanece expuesto durante mucho más tiempo que otro situado a varios kilómetros.
La situación cambia además de un pecio a otro. Una bomba enterrada bajo sedimentos no se comporta igual que un torpedo cuya carcasa está directamente expuesta a las corrientes. La profundidad, temperatura, salinidad, composición del sedimento y estado de corrosión también modifican la liberación y dispersión de los contaminantes.
Por eso sería incorrecto trasladar los resultados del UC-30 a todos los barcos hundidos durante las guerras.
Lo que sí demuestra el trabajo es que las municiones corroídas pueden liberar compuestos capaces de provocar respuestas biológicas en organismos marinos en condiciones reales.
El mar del Norte está lleno de restos de guerra
El UC-30 ayuda a poner cara a un problema muchísimo mayor.
Un inventario elaborado para la Agencia Danesa de Protección Ambiental contabilizó 10.127 pecios en aguas danesas. Alrededor del 15 % corresponde a los periodos próximos a las dos guerras mundiales.
Las cifras de Alemania dan otra idea de la escala. Las autoridades federales estiman que permanecen unas 1,6 millones de toneladas de municiones convencionales en sus aguas del mar del Norte y del Báltico.
No todas proceden de naufragios. Tras la Segunda Guerra Mundial se arrojaron deliberadamente al mar enormes cantidades de bombas, proyectiles, minas y torpedos como método de eliminación.
El problema aparece décadas después. Las carcasas de acero tienen una vida limitada bajo el agua y su corrosión abre vías de salida para TNT y otros compuestos utilizados en explosivos.
Recuperar las bombas tiene sus propios riesgos
Retirar la munición parece la solución evidente hasta que se intenta hacer bajo el agua.
Muchos artefactos llevan entre 80 y 100 años sometidos a corrosión. Manipularlos exige conocer su posición, tipo de explosivo, estado estructural y posibilidades de recuperación.
La detonación controlada también tiene consecuencias ambientales. Una explosión submarina genera fuertes ondas de presión que pueden afectar a la fauna y puede dispersar restos del material explosivo.
En determinadas localizaciones puede resultar preferible vigilar temporalmente un artefacto y retirarlo cuando exista un procedimiento adecuado. En otras, el deterioro puede justificar una intervención más rápida.
De ahí la necesidad de clasificar las municiones según su riesgo ambiental y su estado de conservación.
Alemania empieza a sacar municiones del mar
La cuestión ya ha pasado del ámbito científico a las políticas ambientales.
Alemania puso en marcha un programa inmediato de 100 millones de euros destinado a desarrollar y probar métodos para recuperar municiones históricas del mar del Norte y del Báltico.
La idea es adquirir experiencia antes de abordar operaciones a mayor escala. No resulta extraño teniendo en cuenta la cantidad estimada de material sumergido.
Localizar cada objeto también supone un trabajo considerable. Hay municiones conocidas y cartografiadas, mientras otras siguen enterradas o dispersas en áreas donde se realizaron vertidos hace décadas.
Aquí entra una tecnología que puede cambiar bastante el trabajo de campo: la robótica submarina.
Robots que buscan bombas en el fondo marino
El proyecto europeo REMARCO trabaja en tecnologías destinadas a mejorar la detección y gestión de municiones y pecios contaminantes.
Los sistemas autónomos pueden recorrer el fondo, localizar objetos, obtener imágenes y regresar periódicamente para comprobar su evolución. Esa capacidad resulta especialmente útil en zonas extensas donde las inspecciones mediante buzos serían lentas, caras y peligrosas.
A medio plazo, algunos sistemas podrían ayudar también en la manipulación y recuperación de artefactos.
Un robot podría inspeccionar primero la carcasa, determinar cuánto ha avanzado la corrosión y proporcionar información antes de decidir si se interviene. En lugares peligrosos, reducir la presencia de buzos ya supone una ventaja considerable.
El reto está en saber dónde actuar primero
Retirar millones de toneladas de material no es una operación que pueda resolverse de una vez. Tampoco todas las municiones presentan el mismo peligro.
Una estrategia razonable empieza por disponer de inventarios detallados. A partir de ahí se pueden cruzar datos sobre corrosión, cantidad y tipo de explosivo, contaminación medida, corrientes marinas y proximidad a ecosistemas sensibles.
Los bioindicadores añaden otra capa de información. Saber que existe TNT en una muestra de agua es útil. Comprobar que los animales expuestos están respondiendo fisiológicamente ayuda a identificar los lugares que merecen mayor atención.
Ese enfoque permite concentrar recursos en los focos donde la contaminación ya se está produciendo o donde las carcasas se encuentran más degradadas.

Ficha técnica
El agua salada corroe las carcasas metálicas de bombas, minas y torpedos. Cuando aparecen grietas o se pierde parte del metal, el TNT queda expuesto al agua y puede pasar al entorno.
Las corrientes transportan una parte. Otra puede incorporarse a los sedimentos. Los organismos que viven cerca quedan expuestos y algunos, como los mejillones, pueden acumular compuestos o mostrar cambios en sus mecanismos celulares de defensa.
En cifras
- UC-30 hundido en 1917.
- 18 minas y seis torpedos a bordo.
- 10.127 pecios registrados en aguas danesas.
- Aproximadamente 15 % relacionados temporalmente con las dos guerras mundiales.
- Unas 1,6 millones de toneladas de municiones convencionales estimadas en aguas alemanas.
- 100 millones de euros destinados por Alemania a su programa inmediato sobre municiones submarinas.
Qué tiene de diferente
El estudio utiliza mejillones expuestos directamente junto a pecios reales. De esta forma puede observarse la respuesta de los organismos bajo las condiciones ambientales del mar del Norte, con las concentraciones de contaminantes que existen allí.
Comparación directa con la tecnología convencional
La gestión tradicional se ha apoyado principalmente en localizar municiones y recurrir a especialistas para recuperarlas o destruirlas cuando resulta necesario.
Los proyectos actuales incorporan vehículos submarinos, cartografía de precisión, análisis de contaminación y seguimiento biológico. Esa información permite seleccionar qué municiones necesitan una intervención prioritaria y cuáles pueden permanecer bajo vigilancia.
Limitaciones
Los resultados corresponden a pecios concretos del mar del Norte y no describen la situación de todas las municiones sumergidas.
Las concentraciones de TNT pueden variar mucho con la distancia al artefacto, las corrientes, los sedimentos y el estado de corrosión.
Los cambios detectados en los mejillones indican una respuesta biológica frente a la exposición. El estudio no demuestra por sí solo efectos sobre poblaciones completas ni daños generalizados en el ecosistema.
La retirada tampoco elimina automáticamente el impacto ambiental. Manipular, mover o detonar municiones antiguas puede afectar al entorno, por lo que cada operación necesita una evaluación previa.
En qué fase se encuentra
Investigación de campo y demostración tecnológica.
La contaminación procedente de pecios ya se está midiendo en el medio marino. Alemania ha iniciado programas de recuperación y varias tecnologías robóticas continúan en fase de desarrollo y demostración.
Quién está detrás
El estudio publicado en Marine Pollution Bulletin reúne investigadores de varias instituciones europeas, entre ellas el Alfred Wegener Institute, Aarhus University y el Flanders Marine Institute (VLIZ).
Parte de las investigaciones sobre pecios y contaminación del mar del Norte se han desarrollado dentro de proyectos europeos como NorthSeaWrecks y REMARCO.
Fuente de los datos
Los resultados sobre los mejillones proceden del estudio científico Environmental risks from world war shipwrecks: Field-based biomarker evidence from caged mussels in the North Sea, publicado en Marine Pollution Bulletin.
Las cifras sobre pecios y municiones proceden de documentación de la Agencia Danesa de Protección Ambiental y del Gobierno federal alemán.
Más información: Environmental risks from world war shipwrecks: Field-based biomarker evidence from caged mussels in the North Sea

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