
Investigadores probaron suplementos de fibra gelificante como psyllium y beta-glucano de avena. Estas fibras pueden atrapar PFAS en el intestino y eliminarlos a través de las heces. Dos estudios piloto mostraron una reducción del 8% en PFOS y PFOA tras cuatro semanas de consumo con las comidas.
🧪 Objetivo del estudio
Investigar si el consumo de β-glucano de avena puede reducir la acumulación de sustancias perfluoroalquiladas (PFAS) en el cuerpo, aprovechando su capacidad para interrumpir la recirculación enterohepática de los ácidos biliares.
🐭 Diseño experimental
- Se utilizaron ratones machos C57Bl/6J.
- Fueron alimentados con dietas basadas en el análisis “What We Eat in America”, suplementadas con inulina o β-glucano de avena.
- Fueron expuestos durante 6 semanas a una mezcla de 7 PFAS a través del agua potable.
- Un grupo fue sacrificado al final de la exposición; otro continuó con la dieta sin PFAS durante 4 semanas adicionales.
🔬 Resultados clave
- Los ratones alimentados con β-glucano mostraron tendencias a menores concentraciones séricas de PFHpA, PFOA y PFOS.
- También presentaron menor proporción de grasa corporal y menores concentraciones de triglicéridos en hígado y yeyuno.
- La activación del receptor PXR disminuyó significativamente durante el período de depuración, mientras que CAR y PPARα no mostraron cambios relevantes.
- A pesar de que los ratones con β-glucano bebieron más agua (y por tanto recibieron más PFAS), sus niveles séricos fueron más bajos en relación con la exposición total.
PFAS –las llamadas sustancias químicas eternas– aparecen en alimentos, agua e incluso en el aire. Un análisis del CDC halló PFAS en la sangre del 97 % de los estadounidenses. Se asocian con cáncer, enfermedades cardiovasculares, hepáticas e inmunosupresión.
Son persistentes porque tardan años en salir del organismo y pueden reinstalarse continuamente, agravando su impacto.
El hígado excreta PFAS hacia el intestino, donde proteínas de transporte los reabsorben; ocurre un bucle similar en el riñón.
Un gesto cotidiano con gran potencial
Ante la pregunta de cómo contrarrestar los PFAS, un equipo de investigación probó una opción simple: fibra soluble, gel-formadora, durante las comidas.
Dos estudios piloto recientes indicaron que el consumo regular puede reducir los niveles de PFOA y PFOS, dos de los PFAS más estudiados.
La investigación la lideran el profesor Dhimiter Bello (UMass Lowell) y la profesora Jennifer Schlezinger (Boston University).
Explican que al consumir fibra como psyllium con la comida, se forma un gel que retiene PFAS y facilita su eliminación vía heces.
Evidencia desde modelos experimentales
En ratones alimentados según patrones de alimentación típicos en EE. UU., algunos recibieron inulina (control), otros beta-glucano de avena como fibra soluble.
Tras seis semanas de consumo de agua contaminada con siete PFAS y luego cuatro semanas en agua limpia, los ratones que recibieron beta-glucano mostraron tendencias a niveles menores de PFOA y PFOS (p < 0,1). También presentaron menor porcentaje de grasa corporal y grasa acumulada en hígado e intestino delgado.
Asimismo, la presencia de PFAS activó genes hepáticos de metabolización; tras la fase de depuración, solo uno, Cyp3a11, volvió parcialmente a niveles normales.
Mecanismo compartido con la reducción del colesterol
Los PFAS comparten características químicas con los ácidos biliares. Sucede que la fibra soluble forma geles que atrapan los ácidos biliares en el intestino, lo que impulsa al cuerpo a producir bilis nueva y reduce LDL-colesterol. Al igual, esa fibra puede atrapar PFAS, impidiendo su recirculación entre hígado, bilis e intestino.
Schlezinger recuerda que esta idea surgió mientras buscaba formas de controlar el colesterol, y notó esa coincidencia molecular entre PFAS y ácidos biliares.
Del laboratorio a la vida diaria
En un piloto en personas, tras cuatro semanas tomando suplementación, se documentó una reducción del 8 % en PFOS y PFOA. Se están llevando a cabo más estudios para replicar y ampliar estos hallazgos.
La fibra soluble representa un enfoque accesible, de bajo coste y de amplio alcance. No obstante, aún se aconseja consultar al médico antes de iniciar cualquier suplemento.
Más allá del psillio y el beta-glucano
El esfuerzo comenzó con fondos semilla en UMass Lowell, que permitieron desarrollar métodos analíticos para cuantificar PFAS en tejidos, sangre, heces y orina. En tres años ampliaron el análisis desde 15 a unas 50 especies de PFAS, y luego incorporaron técnicas no dirigidas, aportando muestras a otros grupos como colaboración inicial.
Actualmente se exploran estrategias combinadas: diversas fibras, ajustes dietéticos y también colestiramina, un fármaco hipocolesterolemiante, para potenciar la eliminación de PFAS.
El campo de la biomonitorización PFAS avanza rápidamente, al mismo tiempo que proliferan nuevas variantes químicas: aún queda mucho por conocer sobre su alcance ambiental y sanitario.
Más información: Toxicology and Applied Pharmacology – Environmental Health.



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