
Aficionado en Florida crea sistema casero de aire acondicionado solar que congela 2,5 MJ de hielo y entrega hasta 700 W de refrigeración sin red.
- Frío almacenado.
- Hielo como batería térmica.
- Paneles solares + compresor + depósito aislado.
- Menos picos de consumo.
- Más sentido en climas cálidos.
- Prototipo pequeño, lógica escalable.
- Buenas pruebas, límites claros.
- Tecnología simple, potencial real.
Aire acondicionado con energía solar almacenada en forma de hielo
Durante años, cuando se habla de almacenamiento energético, casi toda la conversación gira alrededor de baterías eléctricas. Litio, plomo, sodio, química por todas partes. Sin embargo, cuando el objetivo no es mover un coche ni alimentar una red completa, hay otra vía bastante más directa: guardar energía en forma de temperatura.
Eso es, en el fondo, lo que plantea este experimento. En lugar de almacenar electricidad para usarla después en un aire acondicionado convencional, el sistema utiliza energía solar durante las horas de sol para fabricar hielo. Más tarde, ese hielo se convierte en una reserva de frío que puede enfriar un espacio pequeño cuando ya no hay radiación solar suficiente.
La idea no es extravagante. De hecho, encaja bastante bien con una realidad energética cada vez más evidente: la refrigeración de espacios se ha convertido en uno de los usos de energía en edificios que más crece a escala global, y el aire acondicionado ya representa alrededor del 10 % de la demanda mundial de electricidad. Además, la Agencia Internacional de la Energía lleva años advirtiendo de que la demanda de refrigeración seguirá aumentando con fuerza a medida que suban las temperaturas y mejore el acceso al confort térmico en más regiones del planeta.
Por qué almacenar frío tiene tanta lógica
En las grandes plantas termosolares se habla a menudo de sales fundidas para almacenar calor. Aquí el enfoque es el contrario: almacenar frío. Y para eso el agua tiene una ventaja enorme. Es barata, accesible, fácil de manejar y, al congelarse, puede absorber o liberar mucha energía térmica durante el cambio de fase.
Ahí está la clave. No se trata solo de enfriar agua, se trata de congelarla. Cuando el sistema consigue formar un bloque de hielo, ese bloque actúa como una especie de batería térmica fría. Luego, mediante un circuito con fluido anticongelante, ventilador y radiador, ese “frío acumulado” puede trasladarse al aire de una cabina, una estancia pequeña o, con otro diseño, incluso a un sistema más grande.
Esta lógica interesa cada vez más también en el ámbito profesional. El Departamento de Energía de Estados Unidos lleva tiempo impulsando líneas de investigación en almacenamiento termal para edificios, precisamente porque permite desplazar consumos, mejorar la flexibilidad de la red y combinarse mejor con renovables variables como la solar. En refrigeración, los sistemas con hielo o con otros materiales de cambio de fase ayudan a enfriar cuando la electricidad es más barata o cuando la generación renovable está en su punto alto.

El hielo como batería térmica doméstica o móvil
Lo llamativo del prototipo no es solo que funcione. Lo interesante de verdad es que recurre a una solución muy poco sofisticada en apariencia: un depósito aislado, serpentines de cobre, un pequeño compresor, una batería auxiliar, un inversor, una bomba y tres paneles solares de 100 W cada uno.
Nada de magia. Física aplicada y bastante paciencia.
El sistema enfría agua dentro de un recipiente bien aislado hasta formar hielo. Después, un segundo serpentín enterrado dentro del bloque helado permite extraer ese frío y enviarlo a un radiador con ventilador. Es una arquitectura simple, incluso algo tosca, pero tiene sentido. Y ahí está una de sus virtudes: no intenta impresionar con complejidad, intenta resolver un problema con piezas relativamente accesibles.
Además, frente a una batería química de gran capacidad, un depósito de hielo tiene varias ventajas en aplicaciones de refrigeración puntual. Reduce parte del coste asociado al almacenamiento eléctrico, evita buena parte de la degradación típica de las baterías con los ciclos de uso y aprovecha mejor el hecho de que el enfriamiento puede producirse cuando el sol pega con más fuerza, justo cuando más fácil resulta alimentar el compresor. No es poca cosa.
Lo que demuestra el montaje experimental
El experimento deja varias lecciones útiles. La primera: el aislamiento lo es casi todo. Sin un buen cerramiento térmico, el sistema enfría agua, sí, pero pierde el frío demasiado rápido como para congelar el volumen completo de forma eficiente. Con aislamiento suficiente, en cambio, el bloque térmico aguanta horas y hasta días con buena parte del hielo todavía presente.
La segunda: la humedad importa muchísimo. En la prueba dentro de la cabina del vehículo, buena parte del esfuerzo inicial del sistema no se dedica a bajar la temperatura del aire, va a condensar humedad. Esto ocurre también en los equipos convencionales. Antes de que una estancia húmeda se sienta realmente fresca, una parte relevante del trabajo del sistema consiste en retirar vapor de agua del ambiente. Es decir, no todo el “frío” se nota enseguida.
La tercera: el concepto funciona mejor cuando se acepta su escala real. Este prototipo no compite con un aire acondicionado doméstico de gran potencia. Tiene más sentido en una cabina, una furgoneta camper, una pequeña habitación bien aislada, una caseta técnica o incluso aplicaciones de enfriamiento personal. Y ahí, la verdad, empieza a resultar muy convincente.
Más allá del bricolaje: una tecnología con recorrido real
Aunque el vídeo parte de un montaje casero, la idea de almacenar frío en forma de hielo no pertenece solo al terreno del aficionado ingenioso. ASHRAE y el Departamento de Energía de Estados Unidos la consideran una solución válida para desplazar demanda eléctrica en climatización, sobre todo en edificios donde el consumo punta de aire acondicionado dispara costes y presión sobre la red.
En edificios grandes, los sistemas de batería de hielo llevan años utilizándose para fabricar hielo fuera de las horas de mayor demanda y usarlo más tarde en la climatización. La novedad ahora está en otra parte: mejores controles, integración con bombas de calor, materiales de cambio de fase más afinados y una conexión mucho más clara con la gestión renovable. El propio Departamento de Energía de Estados Unidos está apoyando proyectos de integración entre bombas de calor e instalaciones de almacenamiento térmico con hielo para mejorar eficiencia y flexibilidad.
También hay un contexto regulatorio que empuja en esa dirección. En la Unión Europea siguen vigentes los requisitos de ecodiseño y etiquetado energético para equipos de aire acondicionado, y la nueva regulación sobre gases fluorados aprobada en 2024 aprieta aún más el cerco sobre refrigerantes con alto impacto climático, con la intención de acelerar alternativas más limpias e innovación técnica. Traducido: todo lo que permita enfriar con menos consumo, mejor control y refrigerantes más razonables gana interés.
Dónde están sus límites
Conviene no romantizar el invento. Tiene límites, y algunos bastante claros.
El primero es el peso. Agua, hielo, batería, serpentines, compresor, estructura… al final el sistema portátil no resulta tan portátil. Se puede mover, vale, pero no da alegría cargarlo todos los días.
El segundo es la potencia específica. El prototipo enfría, aunque no con la agresividad de un aire acondicionado comercial pensado para bajar de golpe la temperatura de una estancia grande. Para mejorar ese punto haría falta aumentar superficie de intercambio, caudal del circuito y potencia solar disponible.
El tercero es la seguridad y la robustez. Cuando un montaje experimental utiliza componentes adaptados, refrigerantes inflamables o conexiones artesanales, deja de ser un juguete. Para una aplicación real en vivienda o vehículo hacen falta diseño serio, certificaciones, buen control de fugas y una instalación bien pensada. Ahí no hay atajos.
Y un cuarto límite, menos visible pero importante: el rendimiento final depende mucho de la calidad del aislamiento del espacio a enfriar. En una cabina pequeña puede funcionar bastante bien. En un espacio mal sombreado, con infiltraciones o con mala envolvente térmica, el sistema tendrá que pelear cuesta arriba todo el rato.
Lo que este experimento deja entrever
Este montaje pequeño enseña algo interesante: en climatización no siempre gana la solución más sofisticada. A veces gana la que entiende mejor el problema físico. Y el problema aquí es bastante obvio: el sol calienta más cuando más falta hace enfriar. Así que usar esas horas para fabricar frío y reservarlo para después parece casi de cajón.
Además, encaja con una tendencia bastante clara en innovación energética: pasar de sistemas rígidos a sistemas flexibles. La Agencia Internacional de la Energía insiste en que el crecimiento de la refrigeración pondrá más presión sobre las redes eléctricas, especialmente en países cálidos y urbanizados. Cualquier tecnología capaz de rebajar picos, reducir costes y casar mejor con renovables tiene cada vez más valor estratégico.
No va a sustituir por sí sola al aire acondicionado convencional. Ni falta que hace. Puede complementar, recortar consumos, cubrir usos concretos y abrir la puerta a soluciones híbridas más sensatas. Ahí está lo bueno.
Entendiendo cómo funciona
Desde un punto de vista técnico, el sistema se comporta como una máquina de refrigeración por compresión de vapor acoplada a un almacenamiento térmico por cambio de fase. La electricidad generada por los paneles solares alimenta, de forma directa o mediante batería e inversor, un compresor hermético que hace circular el refrigerante por un circuito cerrado. Ese circuito tiene cuatro elementos básicos: compresor, condensador, elemento de expansión y evaporador.
El ciclo arranca en el compresor. Allí, el refrigerante entra en estado gaseoso a baja presión y baja temperatura y sale comprimido a alta presión y alta temperatura. Ese gas caliente pasa al condensador, donde cede calor al ambiente exterior. Al perder energía térmica, el refrigerante cambia de fase y se licúa. Después atraviesa un tubo capilar o una válvula de expansión, que provoca una caída brusca de presión. Esa expansión reduce de forma inmediata la temperatura del fluido.
Una vez expandido, el refrigerante entra en el evaporador, que en este caso está sumergido dentro de un depósito de agua muy bien aislado. Al evaporarse dentro del serpentín, absorbe calor del agua circundante. Primero enfría el volumen de agua hasta acercarlo a 0 °C y, a partir de ahí, sigue extrayendo energía en forma de calor latente de fusión, lo que permite transformar el agua líquida en hielo sin que la temperatura del material cambie apenas durante esa transición. Ahí está el corazón del sistema: no almacena energía como voltaje químico, la almacena como frío útil concentrado en un bloque de hielo.
Ese hielo funciona como una batería térmica. Mientras permanezca sólido, el sistema dispone de una reserva de enfriamiento estable. Para recuperar esa energía más tarde, se utiliza un segundo circuito hidráulico independiente del frigorífico. En ese lazo circula una mezcla de agua y glicol impulsada por una pequeña bomba. El fluido atraviesa un serpentín embebido en el bloque de hielo, se enfría al intercambiar calor con él y después pasa a un radiador o intercambiador aire-líquido equipado con ventilador. Allí absorbe calor del aire interior del espacio que se quiere climatizar. Luego regresa más caliente al depósito para volver a enfriarse. Es un proceso continuo de carga y descarga térmica.
La razón de usar un depósito helado y no una batería eléctrica grande para alimentar el aire acondicionado más tarde tiene que ver con la eficiencia del servicio final. Si la necesidad real es extraer calor de un recinto, resulta más directo fabricar frío cuando hay excedente solar y guardarlo en forma de hielo que almacenar primero electricidad, conservarla durante horas y reconvertirla después en frío mediante otro ciclo frigorífico. En aplicaciones pequeñas o aisladas, ese enfoque reduce complejidad energética en la fase de uso, aunque obliga a dimensionar bien el aislamiento y los intercambiadores.
El comportamiento térmico del depósito depende de tres magnitudes críticas: la masa de agua congelada, la potencia frigorífica del compresor y la transmitancia térmica del aislamiento. Si el aislamiento es deficiente, la ganancia de calor desde el exterior puede comerse buena parte de la energía almacenada. Si el intercambiador de descarga es pequeño o el caudal del glicol es insuficiente, el sistema tendrá hielo disponible, pero no será capaz de transferir ese frío al aire con la rapidez necesaria. En otras palabras: una cosa es almacenar energía térmica y otra entregarla con potencia útil. Ahí suele estar el cuello de botella.
También influye mucho la humedad del aire del espacio a climatizar. Cuando el radiador trabaja a una temperatura inferior al punto de rocío del aire interior, parte de la energía absorbida no se dedica a bajar la temperatura seca del ambiente, va a la condensación del vapor de agua. Por eso, en entornos húmedos, el enfriamiento percibido tarda más en llegar: primero el sistema elimina carga latente y después reduce con más claridad la temperatura del aire.
Desde el punto de vista del control, el sistema puede programarse para activar el compresor solo cuando la producción fotovoltaica supera cierto umbral o cuando la batería de apoyo mantiene una tensión suficiente. Así, el depósito de hielo se carga en horas solares y se descarga después en horas de uso. Es, en esencia, una estrategia de desplazamiento temporal de demanda: se consume energía cuando hay sol y se aprovecha el frío cuando hace falta confort térmico. Simple en apariencia. Bastante fino por dentro.



Javier Soria dice
Buenas noches.
Ya que invitáis a dejar una respuesta, ahí va la mía…..
Viendo las noticias de discovery de Google me ha aparecido vuestro artículo, el cual me ha aparecido y he decidido leerlo.
Lo primero, sin ánimo de ofender a nadie y en plan de poder ayudar, me resulta muy atrevido publicar un artículo de este tipo, sin tener conocimientos de termodinámica, especialmente utilizados para climatización, y digo esto, porque cualquier profesional del gremio sabe de sobra que es mucho más difícil y costoso almacenar energía térmica a baja temperatura (frío) que almacenar energía térmica alta temperatura (calor) indicar que el frío no existe, siempre es calor, a una temperatura de -X* o a +X*
Podríamos enfriar una estancia con energía solar térmica??? Por supuesto, pero es muy complicado…… respecto lo que comentas del compresor….. solo estaría de apoyo, para poder enfriar cuando no hubiese sol.
Para refrigerar una estancia, especialmente cuando utilizamos sistemas con gases refrigerantes, como son las bombas de calor, el compresor comprime el gas refrigerante que a su vez al aumentar la presión aumenta la temperatura, cede ese calor de alta temperatura al exterior ya que se encuentra a una temperatura menor y a seguidamente le hacemos pasar el gas refrigerante por una válvula de expansión o capilar, con el fin de estrangular el paso, y que conseguiremos reducir la presión, y al bajar la presión baja la temperatura, entonces es cuando comienza a refrigerar
Por que es complicado utilizar un sistema solar térmico para refrigerar???
Porque los gases refrigerantes tienen un límite práctico de temperatura de ebullición, y para que eso no ocurra, es muy complicado ya que cuando una estancia de una vivienda, caravana o lo que sea….. llegue a temperatura de consigna dejará de enfriar y por lo tanto de ceder calor a baja temperatura, es ahí, donde decís de utilizar anticongelante, si, muy bien, pero ese punto de congelación depende de la cantidad de glicol aplicada…..
Pero que ocurre cuando rebasas ese límite, no hay demanda de regularización y sigue habiendo sol????
Que se congela, ese depósito de almacenamiento…….
Espero haber podido explicar más o menos como funciona un sistema de regularización, no es que sea el que más sabe del mundo mundial, pero creo que en más de 25 años de experiencia en este sector y trabajando en una multinacional de climatización algo he aprendido
Ante cualquier duda, estaría encantado de poder ayudarles
Saludos
Crysthian dice
Como experto en el campo del que se habla en el artículo puedo decir que el artículo es interesante, pero está repleto de errores conceptuales.
Aprecio que me llegue la noticia ya que es interesante, pero no podemos tomar este artículo como una fuente de aprendizaje sino como un punto de comienzo para investigar este método en fuentes más robustas a nivel técnico.
Anónimo dice
para ese problema que plantea estimado amigo se invento el radiador
Rafael Alfonso Ramirez Gomez dice
Pero el uso de bancos de hielo es muy antiguo. realmente no es nuevo ni novedoso. 1kg de hielo entrega 80 kcal. con ese dato se calcula un A/A con banco de hielo.