
Estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Universidad Nacional de Colombia vincula el calentamiento oceánico con una caída anual del 19,8% en la biomasa de peces.
- Océanos más cálidos, biomasa a la baja.
- Caída anual cercana al 20 %, tendencia persistente.
- Olas de calor marinas, picos engañosos.
- Zonas frías, aumentos temporales.
- Gestión pesquera desfasada, riesgo real.
- Cambio climático, presión constante.
El calentamiento de los océanos provoca una caída anual cercana al 20 % en la biomasa de peces, confirma un estudio
El calentamiento de los océanos ya no es una proyección futura ni una advertencia abstracta. Es un proceso medible, acumulativo y con consecuencias directas sobre la biomasa de peces que sostiene ecosistemas marinos enteros y buena parte de la alimentación humana. Un estudio reciente liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) junto a la Universidad Nacional de Colombia confirma una disminución anual sostenida cercana al 20 % en la biomasa de peces asociada al aumento crónico de la temperatura del mar.
El trabajo, publicado en Nature Ecology & Evolution, se apoya en una base de datos excepcionalmente amplia: 702.037 estimaciones de cambio de biomasa, correspondientes a 33.990 poblaciones registradas entre 1993 y 2021 en el hemisferio norte. Mediterráneo, Atlántico Norte y Pacífico nororiental. Tres regiones clave para la pesca global y, al mismo tiempo, tres laboratorios naturales donde el calentamiento oceánico avanza con claridad.
Lejos de limitarse a una fotografía puntual, el análisis permite separar dos fenómenos que a menudo se confunden: el calentamiento crónico de fondo y los episodios extremos de calor marino. Y ahí aparece una de las conclusiones más incómodas.
Cuando el calor confunde los datos
Las olas de calor marinas, cada vez más frecuentes e intensas, no afectan a todas las especies por igual. Todo depende de su zona de confort térmico, el rango de temperaturas donde crecimiento, reproducción y supervivencia funcionan de forma óptima.
Cuando una ola de calor empuja a poblaciones que ya viven cerca de su límite térmico —típico en mares cálidos—, la biomasa puede desplomarse hasta un 43,4 % en muy poco tiempo. En cambio, en regiones más frías, ese mismo episodio puede generar un aumento puntual de biomasa que llega, en algunos casos, al 176 %.
El problema es que estos picos positivos son transitorios. Duran lo que dura el evento extremo. Y pueden llevar a interpretaciones peligrosas si se traducen, sin más, en aumentos de cuotas de pesca.
Shahar Chaikin, investigador del MNCN, lo resume con claridad: apoyarse en estos repuntes para justificar mayor presión pesquera es una receta casi segura para el colapso cuando la temperatura vuelve a su trayectoria normal… o sigue subiendo.
El calentamiento crónico: la presión que nunca se detiene
Una vez eliminada la “distorsión” de los eventos extremos, el patrón es claro y preocupante. El calentamiento sostenido del océano ejerce una presión constante sobre las poblaciones de peces, reduciendo su biomasa año tras año. Hasta un 19,8 % de descenso anual en algunas regiones.
A diferencia de las olas de calor, este proceso no ofrece tregua. No hay recuperación rápida ni efecto rebote. Es una erosión silenciosa que afecta tanto a especies comerciales como a aquellas que cumplen funciones ecológicas clave en la cadena trófica.
En mares cerrados o semicerrados como el Mediterráneo, donde la capacidad de desplazamiento es limitada y la temperatura aumenta más rápido que la media global, el riesgo es especialmente alto. Juan David González Trujillo, coautor del estudio, subraya que esta presión térmica actúa de forma continua, debilitando poblaciones incluso en ausencia de otros impactos como la sobrepesca.
Cómo mejorar la gestión de los recursos pesqueros
El estudio deja claro que los modelos tradicionales de gestión pesquera ya no encajan en un océano que cambia de forma acelerada. Ajustar capturas basándose solo en datos históricos o medias recientes es, sencillamente, insuficiente.
Los autores proponen un enfoque en tres niveles que combina reacción inmediata, planificación a largo plazo y cooperación internacional.
En el corto plazo, resulta clave contar con planes de respuesta climática que se activen automáticamente durante olas de calor marinas: cierres temporales, reducción de esfuerzo pesquero y protección reforzada de poblaciones en el límite cálido de su distribución.
A medio y largo plazo, la gestión debe asumir que la tendencia dominante es de descenso, no de estabilidad. Las estrategias sostenibles han de construirse en torno a esa realidad, no alrededor de excepciones puntuales.
Y, finalmente, está el factor geopolítico. A medida que las especies se desplazan buscando temperaturas adecuadas, cruzan fronteras. Una población puede estar en declive en un país y creciendo temporalmente en otro. Sin acuerdos internacionales flexibles y dinámicos, el riesgo de sobreexplotación se multiplica.
Miguel B. Araújo, también del MNCN-CSIC, advierte de esta trampa: las oportunidades de pesca en los bordes fríos no deben distraer de la crisis estructural que afecta al conjunto del sistema marino.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La pérdida continuada de biomasa no es solo un problema para la pesca. Afecta al equilibrio ecológico de los océanos, altera las cadenas alimentarias y reduce la capacidad del mar para absorber carbono. Menos peces implica también menos reciclaje de nutrientes y cambios en la productividad biológica.
Además, las comunidades costeras que dependen de la pesca artesanal son especialmente vulnerables. La combinación de menos recursos disponibles y mayor variabilidad hace que su seguridad alimentaria y económica quede en entredicho.
Desde un punto de vista ambiental, el calentamiento oceánico actúa como un multiplicador de impactos: agrava los efectos de la sobrepesca, la contaminación y la pérdida de hábitats. Todo suma. Y casi nada resta.
Más información: Long‑term warming reduces fish biomass, but heatwaves shift it, Nature Ecology & Evolution (2026). DOI: 10.1038/s41559-026-03013-5



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